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Juan Laborda

Opinión

La Teoría Monetaria Moderna y la campaña electoral

Las políticas fiscal y monetaria deben concentrarse en garantizar que el gasto doméstico sea el suficiente para mantener altos niveles de empleo

El presidente del BCE, Mario Draghi.
El presidente del BCE, Mario Draghi. EFE

Estamos en el albor de una nueva campaña electoral donde los diferentes partidos políticos se lanzarán a la búsqueda del disputado voto perdido. Desde un punto de vista económico va a resultar tremendamente interesante confrontar programas y propuestas, si bien casi ningún programa es rupturista en sentido estricto. Y hoy más que nunca es tiempo de soltar amarras con cierta inercia perversa. Ruptura es sinónimo de vanguardia. Debemos pensar en un mundo del mañana sostenible desde un punto de vista ecológico, económico, político y social. Pero para ello hay que terminar con la ortodoxia económica, sin contemplaciones, porque su deriva nos aboca al desastre. Bien harían nuestros gobernantes en considerar la advertencia de Raghuram Rajan, “El capitalismo está bajo una seria amenaza porque ha dejado de proveer para las masas. Y, cuando eso sucede, las masas se rebelan contra el capitalismo”.

El capitalismo está inmerso en una fase de degeneración. De ello ya hemos hablado largo y tendido. La financiarización de la economía global ha acabado con el ascensor social y ha desempolvado un manual de relaciones señoriales y de servidumbre que creíamos enterrado. Un estamento privilegiado, imbricado en los resortes del poder, extrae sin pudor las rentas y riquezas del resto de sus conciudadanos. Y si alguien osa ofrecer una alternativa razonable, apoyada en los datos, que obviamente pasa por corregir los desmanes de la superclase, será desacreditado. En España ya conocemos cómo se las gastan las cloacas del Estado.  

Occidente solo sabe crecer vía inflaciones de activos, alimentada por una deuda total que no para de crecer

La economía global se encuentra exactamente en una situación parecida a 2006-2008. De ello también habló Raghuram Rajan. Occidente solo sabe crecer vía inflaciones de activos, alimentada por una deuda total que no para de crecer; la inversión productiva ni está ni se le espera; los salarios no aumentan; la productividad de los factores continúa cayendo; el sistema bancario mundial es profundamente frágil; y la inestabilidad financiera elevada. Hemos llegado hasta aquí como consecuencia de la implementación de un sistema de gobernanza económico que hoy se encuentra completamente roto, el neoliberalismo. Es un proyecto que beneficia a unos pocos, a expensas de la mayoría.

En nuestra querida España, el cóctel de salarios bajos, escasa productividad -que no de pérdida de competitividad-, ausencia de política de vivienda,  apagón del ascensor social, y un deterioro paulatino dirigido de los servicios públicos dio forma a una crisis demográfica sin parangón en nuestra historia reciente. La contrapartida ha sido una deuda creciente, primero mayoritariamente privada (en 2008 de los 4 billones de euros de deuda de España, 3,5 eran privada), y ahora mixta (2,5 billones de deuda privada y 1,5 de deuda soberana).

Ojalá los políticos españoles se empollen la TMM

¿Por qué entonces el PIB español presenta una enorme resistencia a la baja? Las razones no tienen nada que ver con burdas explicaciones que ofrece cierta prensa patria, loando aquello que denominan “reformas estructurales”, incluida esa reforma laboral cuya “virtud” ha sido empobrecer a los trabajadores españoles en una fase de expansión económica. Las claves han sido otras, la relajación presupuestaria y el papel del Banco Central Europeo, en lo que supone la aplicación de algunos de los principios de la Teoría Monetaria Moderna (TMM).  

Desde finales de 2013, con el consentimiento de Bruselas, la austeridad se relajó. El déficit estructural ha crecido desde entonces. La nueva política monetaria y la expansión fiscal permitieron la recuperación de la economía española que se vio además favorecida por la depreciación del euro y la evolución del precio de las materias primas. A lo que debemos añadir la subida programada de salarios en los presupuestos de 2018.

España es uno de los países desarrollados con mayor dependencia de la financiación internacional. Nuestra deuda externa supera el billón de euros, correspondiendo la mitad al Estado. Pero a pesar del volumen de nuestra deuda, la actuación del Banco Central, especialmente tras la expansión cuantitativa, tanto en la compra de deuda soberana como privada, ha hecho que nuestro país no tenga problemas a la hora de refinanciarla, y que los sectores público y privado tengan acceso fácil a la financiación. La mayoría de los economistas aprendieron algo que ya era trivial para los economistas defensores de la Teoría Monetaria Moderna. El Banco Central puede financiar sin problemas a un Estado y favorecer el canal de transmisión de la política monetaria al sector privado. Ello no es imprimir dinero, como ha demostrado el BCE o la Reserva Federal, o el Banco de Inglaterra. Además, la inflación sigue sin aparecer. ¡Cuántas estupideces uno tiene a veces que escuchar!  

El instrumento básico de la TMM es el trabajo garantizado: 0% de paro. Sin duda alguna un ‘New Deal’ verde sería la receta ideal para su implantación

Pero no nos engañemos, si algún día el BCE abandonara la expansión cuantitativa, emergería con fuerza nuestra debilidad, el enorme montante de deuda, y nuestra dependencia exterior. Las primas de riesgo se dispararían, el crecimiento colapsaría, y en ese momento, además, nos exigirían austeridad fiscal. Replicaríamos la Gran Recesión.

Por eso recomiendo a nuestros políticos al menos conocer de qué va la TMM. Para ello es fundamental entender el concepto de soberanía monetaria, la base de la Teoría Monetaria Moderna, detrás de la cual se encuentran economistas postkeynesianos estadounidenses, británicos, australianos, nórdicos, españoles, italianos… Y el instrumento básico vinculado a la Teoría Monetaria Moderna es el trabajo garantizado (0% desempleo). Sin duda alguna un New Deal verde sería el instrumento ideal para su implantación.  Pero, ¿no habrá truco encerrado? En absoluto, todo lo contrario, las élites nos la jugaron de mala manera. Tras la ruptura de Bretton Woods en 1971, la mayoría de gobiernos empezaron a emitir sus monedas mediante decretos legislativos bajo un tipo de cambio flotante. Un tipo de cambio flexible libera a la política monetaria de tener que defender una paridad fija. Por lo tanto, las políticas fiscal y monetaria pueden concentrarse en garantizar que el gasto doméstico sea el suficiente para mantener altos niveles de empleo. Los gobiernos que emiten sus propias monedas ya no tienen que financiar su gasto, ya que los gobiernos emisores de moneda nunca pueden quedarse sin dinero. Pero desde el momento en que los emisores de dinero, los Estados, empiezan a ser gobernados democráticamente, las élites decidieron sin titubear crear y difundir mitos que se han ido extendiendo, y que en el momento actual están muy arraigados en la intuición colectiva. El objetivo no era otro que mantener sus privilegios.

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