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Pepe Fernández

Opinión

Ganará Susana, pero ¿con quién gobernará?

El puzle del 3 de diciembre se presenta complejo y, mal que le pese a Susana Díaz, la política estatal va a influir no solo en la precampaña y campaña, sino cuando haya que sentarse a pactar

La presidenta de la Junta, Susana Díaz, junto al portavoz de Ciudadanos en Andalucía, Juan Marín.
La presidenta de la Junta, Susana Díaz, junto al portavoz de Ciudadanos en Andalucía, Juan Marín. EFE

Susana Díaz y el PSOE-A volverán a ganar las elecciones autonómicas en Andalucía el próximo día 2 de diciembre, pero no se sabe con quién o quiénes gobernarán. Este vaticinio está sustentado en numerosos indicios, fundamentalmente demoscópicos. También porque, de las formaciones que concurrirán a las urnas en tan solo 49 días, el PSOE-A es el único partido que mantiene intacta su poderosa maquinaria de ganar elecciones, un aparato perfectamente engrasado durante cuarenta años al que, si algo le faltaba, se le ha añadido la ventaja obtenida deliberadamente por Susana Díaz en sus dos meses de precampaña por toda la comunidad, en coche oficial y arropada por el correspondiente aparataje mediático, el oficial y de alquiler.

El PSOE-A se ha confirmado como “el gran partido de los andaluces”, lema acuñado hace 36 años, que con el paso de sucesivas legislaturas se ha ido reconfirmando elección tras elección, ganándolas en cada escrutinio. Es por ello por lo que los socialistas mantienen el control de la Junta desde mayo de 1982, sin contar la anterior etapa preautonómica con el juez socialista Plácido Fernández Viagas como primer presidente de un gobierno de concentración. Muchos padres y madres de familia, andaluces de hoy, no han conocido en su vida otras autoridades en la Junta que no sean socialistas.

Los abrazos del oso

Solo en tres ocasiones han necesitado los socialistas el apoyo de otras fuerzas políticas que, por cierto, acabaron reducidas o extinguidas tras el abrazo del oso.  Primero con los andalucistas del PA, después con los comunistas de IU, y en esta legislatura que ahora ha concluido con Ciudadanos, que no entró a formar parte del ejecutivo como coalición, sino que se contentó con firmar un pacto de investidura que, de antemano, sabían que su socio no cumpliría como así ha sucedido. Condiciones como la regeneración democrática, impuesta por el propio Albert Rivera al tiempo que presumía de haber echado a Chaves y a Griñán, regeneración que sus dirigentes en Andalucía durante tres años largos no supieron o no quisieron imponer al gobierno de Díaz. Y no será porque no haya habido oportunidades por casos de corrupción, empezando por la RTVA y acabando por los coletazos de la FAFFE, sus tarjetas y sus puteros.

En 36 años, solo en tres ocasiones han necesitado los socialistas el apoyo de otras fuerzas, que acabaron reducidas o extinguidas tras el abrazo del oso

Partiendo de la base de que Díaz volverá a ser la candidata más votada y con más escaños en el Parlamento que se constituirá en vísperas del día de los Inocentes, es también opinión generalizada que no obtendrá la mayoría absoluta para formar un gobierno monocolor, lo que induce a pensar en la repetición del escenario de hace tres años cuando Susana Díaz estuvo 80 días sin lograr el aval parlamentario para ser proclamada presidenta, solo después de entregarle a Rivera las cabezas de sus mentores Chaves y Griñán. Fue gracias a Ciudadanos cuando el PSOE andaluz pudo retomar de nuevo el poder y desplegar una legislatura similar a las anteriores, pero sin Juan Marín sentado en el consejo de Gobierno, tal y como hicieron en su momento Antonio Ortega (PA) o Diego Valderas (IU).

Arrimadas marcará a Susana y será la sombra de Marín

Ha sido tal la sumisión y entrega de Cs al PSOE-A en estos tres años y medio, que ante la hipótesis de necesarias componendas el 3-D, nadie duda que Marín y sus escaños volverían a repetir la alianza, aunque en esta ocasión con la fórmula de coalición, entrando a formar parte del gobierno. Una hipótesis que desde luego aleja de Ciudadanos a ese electorado que piensa dejar de votar al PP y que Rivera parece buscar desesperadamente en la espantá hacia Vox. Por eso, entre otras cosas, Inés Arrimadas se convertirá en la sombra de Marín, ondeando la bandera de España y poniendo el acento en las contradicciones del socialismo en la cuestión catalana, asunto que duele mucho en el sur. A Cs no le interesa el ‘acento andaluz’, ese que suplicaba Díaz a la hora de disolver y convocar, de ahí que le pongan a la señora Arrimadas enfrente.  

Conscientes de esta gran debilidad, fue cuando en el cuartel general del riverismo ordenaron a Juan Marín que se subiera a la cucaña en la dársena misma del Río Guadalquivir  para jurar que, bajo ningún concepto, apoyará otra vez a Susana Díaz ni al PSOE para gobernar, pase lo que pase el día 2. Muchos pensaron que muy claro debían tener en Cs el sorpasso al PP-A para anunciar con tanta solemnidad una decisión que, de ser cierta, introduciría un elemento nuevo en el puzle navideño que se avecina. Pero ha sido el propio Marín, en un alarde de sinceridad, quien se ha apresurado a decir el viernes en la SER que no, que ellos no tienen sondeos y que, por tanto, la decisión obedece solo al malestar que dicen que les ha ocasionado la no regeneración de la política andaluza, firmado en su día por sus avispados socios.

El PP, con un candidato que perdió 17 escaños en 2015

No hay que hacer grandes esfuerzos para imaginar que Albert Rivera le gane a Pablo Casado en Andalucía, entre otras razones porque nunca el PP-A estuvo en tan malas condiciones internas como ahora para afrontar una consulta electoral comiéndose la calle como en 2012 con Arenas en los carteles. Al liderazgo débil del exsorayista Juanma Moreno Bonilla -ojo, perdedor de 17 escaños en 2015-, hay que añadirle otros elementos nacidos de confrontaciones internas que explotaron tras el divorcio político entre Arenas y  Zoido con Cospedal de por medio.

Ha sido tal la sumisión y entrega de Cs al PSOE-A en estos tres años y medio, que nadie duda de que Marín volvería a repetir la alianza

Una guerra interna que ha culminado con la fortísima apuesta del PP-A por la perdedora Soraya Sáenz de Santamaría, frente al finalmente ganador Pablo Casado. Aunque lo disimulen, las heridas de la batalla de las primarias del PP no están ni cerradas ni cicatrizadas, de ahí que el nombre de José Antonio Nieto, exalcalde de Córdoba y exsecretario de Estado de Seguridad con Zoido, se baraje desde hace semanas como la persona mejor valorada por Pablo Casado para asumir las riendas del PP-A tras lo que suceda el 2D.  Pase lo que pase en Andalucía, lo bueno y lo malo, será adjudicado a Casado, cuyo equipo ya tiene diseñada y preparada la guillotina exculpatoria y el canasto para las cabezas responsables.

¿Sumará más 'Adelante Andalucía' que IU Podemos?

Luego está la opción más a la izquierda del PSOE, ‘Adelante Andalucía’, la que lideran la anticapitalista Teresa Rodríguez y Antonio Maillo, un comunista con mano dura y que enseña latín. Conglomerado asambleario que recuerda, salvando distancias, aquello que creó Julio Anguita y que se llamó Convocatoria por Andalucía. Entonces el PCE era la fuerza motriz de la coalición. Hoy no, y se nota entre sus veteranos militantes que dudan que se obtengan más de 863.938 votos y 20 escaños, que es la suma de lo obtenido por separado en 2015 entre Podemos (590.011) e Izquierda Unida (273.927). Más de 60.000 personas votaron al Partido Andalucista, desaparecido como partido; hoy, algunos de sus más destacados cuadros apoyan la coalición de izquierdas.

El puzle del día después, 3 de diciembre, se presenta complejo, ciertamente, pero mal que le pese a Susana Díaz, que reclama inútilmente un discurso y un debate electoral netamente andaluz, la política estatal va a influir no solo en la precampaña y campaña, sino después a la hora de los pactos. La posición oficial anunciada por Ciudadanos obedece a criterios estratégicos del propio Albert Rivera con la vista puesta en las generales, para nada al interés de los andaluces ni a la tan manoseada estabilidad política de Andalucía de la que tanto han presumido Díaz y Marín en estos años. Empujar a Susana Díaz a entenderse con el tándem Rodríguez-Maillo, llegado el caso, sería un golpe tan desagradable para ella como cuando perdió las primarias frente a Pedro Sánchez. Resumiendo, un lío de gobierno con legislatura corta.



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