"El mejor autogobierno posible no es solamente
conseguir más competencias, sino también
colaborar lealmente en la gobernabilidad
de los intereses generales"
Dolor, pecado, culpa y arrepentimiento


Contaba Màrius Carol en La Vanguardia que en su último libro Entre el dolor i l’esperança (Proa), Jordi Pujol "tiene la esperanza que le ocurra como al excanciller alemán Helmut Kohl", quien habría "recuperado buena parte de su consideración" después de los escándalos que le defenestraron en los años noventa. Carol afirma que el expresident es consciente de que "los hay que proclaman que no quedará nada de su obra política, porque no hay nada de valor", pero cree que "se equivocan". De eso va fundamentalmente el libro, y su "esperanza"

Experto en pujolismo y autor de El hijo del chófer (Tusquets), Jordi Amat se refirió a las "obsesiones intelectuales de siempre" en cuanto a Cataluña, y a la "búsqueda de la redención" utilizando conceptos como "dolor, pecado, culpa y arrepentimiento". Este es un "Pujol que quiere ser perdonado", porque solamente así será "redimido", y entonces "su legado podrá ser repensado". Sin embargo, su distancia a Helmut Kohl es mayúscula. Los logros del alemán fueron superlativos, y sus escándalos tuvieron que ver con la financiación ilegal de la CDU, lo que es muy grave sin duda, pero lejos queda del presunto enriquecimiento personal de toda una familia —el expresident y sus siete hijos serán procesados por organización criminal, como ha confirmado recientemente la Audiencia Nacional—.


El victimismo y la bandera

Jesús Cacho escribía en este diario acerca de "el victimismo que convirtió a un delincuente en un mito", cuando ante el escándalo de Banca Catalana, el honorable "decide envolverse en la cuatribarrada dispuesto a convertir lo que a todas luces había sido un desfalco en una afrenta intolerable para Cataluña". Esa partida la ganó Pujol, generando una red de complicidades en toda España, también con la ayuda del entonces director de TV3 y a su vez "hijo del chófer", Alfons Quintà. Siguieron las elecciones del ‘Fem i farem’ y la mayoría absoluta de CiU. Poco después, en 1985, el ABC nombraría a Pujol ‘español del año’. Eran tiempos en los que acudía, junto a Pasqual Maragall, a realizar ofrendas florales a la estatua de Colón del Puerto de Barcelona, para celebrar el Día de la Hispanidad.

Una sociedad contaminada

En su última entrevista en España, Manuel Valls le dibujó a Arcadi Espada una "sociedad contaminada"; una Cataluña en la que "la gente era incapaz de salir del laberinto (…) Y ahí siguen". Para Valls, todo eso es el resultado "del pujolismo, del ‘procés’ y de la cobardía". El expresident formaría parte de esos "políticos que aciertan a representar el instante concreto de un pueblo". De Gaulle en 1958 como ejemplo en positivo, con "la república, la democracia, la grandeur". Pero también está el peronismo, la "enfermedad de Argentina". "Eres peronista y no argentino. Y no puedes salir de ahí". Para quien fue primer ministro francés, "el pujolismo es la enfermedad infantil de Cataluña", de la que "los catalanes no pueden escapar", entre otras cosas porque "sus élites" insisten en hacer pujolismo.

Polémico donde los haya, Valls siente también la necesidad de explicar sus propias "idas y vueltas", y acaba de publicar un libro, Pas une goutte de sang français mais la France coule dans mes veines (Grasset). Hasta los medios galos llegó la dura parodia que le hizo el Polònia, una sátira propagandística financiada en la tele pública con fondos covid.

El aeropuerto que Kohl no tuvo

Al final de los noventa, Helmut Kohl se disponía a ser recordado en las grandes avenidas, bibliotecas y hospitales. Gran artífice de la unidad alemana e impulsor del euro, había sabido aprovechar una ventana de oportunidad —el colapso de la Unión Soviética— para capitalizar grandes éxitos. Si no fuere por una joven promesa de su partido, una hábil política de Alemania del Este que él mismo había descubierto y promocionado, y que publicó un contundente artículo en el Frankfurter Allgemeine Zeitung en el que exigía a Kohl que dimitiera de todos sus cargos honoríficos y se retirara definitivamente de la vida pública.

Su nombre era Angela Merkel. Pasaron largos años hasta que la fundación próxima a la CDU, la Konrad-Adenauer Stiftung, organizara un acto honorífico para rehabilitar la figura del renano. No fue suficiente. El nuevo aeropuerto de Berlín-Brandemburgo no lleva su nombre, sino el del canciller socialdemócrata Willy Brandt. A pesar de lo que opine Pujol, la Alemania contemporánea ha olvidado mayormente a Kohl.

Hay otra figura —tampoco ajena a los escándalos— que bien podría estar en la lista de Manuel Valls. Franz-Josef Strauß fue uno de los políticos alemanes más relevantes de la posguerra. Uno de los fundadores de la CSU, partido bávaro por excelencia, defensor de la Heimat (patria) del Freistaat o Libre Estado de Baviera, Strauß se interesó desde el inicio por la dimensión alemana y europea de su acción política. Cerró acuerdos electorales con la CDU, convirtiéndose en una especie de ‘UPN bávara’, y no dudó en colaborar en la gobernabilidad del conjunto, siendo varias veces ministro Federal. Consiguió el apoyo de la CDU en toda Alemania para ser candidato a las elecciones generales de 1980, que perdería ante Helmut Schmidt, y durante diez años fue Presidente de Baviera hasta su muerte en 1988.

Desde el Freistaat, Strauß mantuvo una extensa acción exterior, algo que han continuado sus sucesores. En 1986 se encontraba con Pujol, que habla un excelente alemán, en el Fórum de Davos. Cataluña era invitada y había protagonizado un evento con la pianista Alicia de la Rocha y el tenor José Carreras. Sin embargo, los hechos sugieren que la ‘vía bávara’ no debió interesar al entonces president.


El mejor autogobierno posible

Al final de una década perdida, Pujol propone ahora volver al Estatut que se aprobó en 2006 y así "conseguir el mejor autogobierno posible", en palabras de Carol. Sin embargo, eso no pasa solamente por obtener un mayor número de competencias, sino también por la responsabilidad en el ejercicio de la gobernabilidad. Ello implica, por un lado, el ejercicio eficaz de la co-gobernanza para ofrecer mejores servicios y calidad de vida a los ciudadanos. A la vista de los resultados, algo que dejó de interesar hace tiempo en la Generalitat.

Pero eso no es todo. Aunque se olvide sistemáticamente, quizás como consecuencia del mundo paralelo creado con el pujolismo, existe el sentido de Estado y precisa de la colaboración de todos en la gobernabilidad de los intereses generales.

Con sus defectos, Strauß y sus sucesores lo tuvieron siempre claro. A día de hoy, la CSU sigue siendo decisiva en Alemania y mantiene una importante influencia en Europa. Baviera goza de unas altísimas cuotas de autogobierno y asimismo colabora de forma leal en la gobernabilidad del conjunto, también en la gran coalición de gobierno con la CDU de Merkel y la socialdemocracia del SPD. Ello permite cerrar las puertas a los extremos, al menos a escala federal y a la espera de los resultados de las elecciones en septiembre.


Cambio de paradigma

Anders Sundell, investigador de la Universidad de Gotemburgo, ha publicado un estudio sobre las preferencias de los europeos en cuánto a su identidad. Baviera, Cerdeña, Cantabria o Andalucía son ejemplos en los que la mayoría se siente más ligada a la región que al país, sin que ello afecte a la estabilidad general. Sin embargo, dos regiones muestran una altísima división entre sus ciudadanos, y ello llamó la atención del propio Sundell. Se trata de Euskadi y Cataluña. Ambas han sufrido años de conflicto alrededor de proyectos separatistas fracasados. Si bien en el caso vasco la situación parece superada, el bloqueo persiste en Cataluña.

Pedir perdón honra a Pujol. No obstante, para que la división amaine y los extremos dejen de ser decisivos, es necesario un cambio de paradigma; dejar atrás el pujolismo y la degradación del independentismo que vino después. En palabras de Jesús Cacho, superar la Cataluña "ocupada" por unos "políticos capaces de agitar un conflicto artificial" para seguir defendiendo sus privilegios e intereses particulares, mientras el país en su conjunto sigue perdiendo oportunidades. Solo entonces, sobrepasado el dolor, llegarán nuevos tiempos de esperanza.