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Verónica Fumanal

Opinión

Spain is not different

La gripe de la inestabilidad se ha convertido en pandemia en el viejo continente y los síntomas que nos aquejan son comunes a otros países de nuestro entorno

Reunión de los líderes en la cumbre del G7
Reunión de los líderes en la cumbre del G7 EFE

España está paralizada. Desde que los presupuestos generales del estado fueran rechazados por la cámara y se pusiera en marcha la contienda electoral estamos con un Gobierno en funciones que se debate entre el acuerdo in extremis y la repetición electoral. Pero esta situación o sensación de inestabilidad se cierne sobre el país desde que en el 2014 cambiaran actores, reparto de fuerzas y comenzara una fragmentación política para la que nuestro sistema político no estaba diseñado. Puede parecernos que Spain is different, pero solo se debe a un sesgo cognitivo ególatra que erróneamente nos hace pensar que lo que nos afecta en primera persona es especial. Sin embargo, la gripe de la inestabilidad se ha convertido en pandemia en el viejo continente y los síntomas que nos aquejan son comunes a otros países de nuestro entorno, una situación que amenaza el statu quo de las instituciones europeas y de la correlación de fuerzas que ha mantenido Europa con los máximos niveles de paz y concordia de su historia.

El caso de Italia es paradigmático, una coalición negativa de dos partidos populistas con exceso de sobreactuación, proteccionismo antieuropeo y falta de proyecto común ha llevado al país a la situación de inestabilidad por antonomasia: quedarse sin primer ministro. La dimisión de Giuseppe Conte por discrepancias con el histriónico Salvini ha sumido al país en una nueva crisis que se ha salvado con un incipiente acuerdo entre el Partido Democráta y el movimiento 5 estrellas. Conte tiene de nuevo la potestad para gobernar el país a la espera de que los dos partidos de izquierdas se pongan de acuerdo en un programa y en el consejo de ministros… ¿les suena de algo?

Si Italia está en funciones, no digamos el Reino Unido. Las situaciones inéditas que experimenta el país son más propias de un capítulo de la popular serie Black Mirror que de el día a día de un miembro del G-7. La profunda inestabilidad en la que se haya sumida el Reino Unido no parece que vaya a remitir; la última extravagancia del flamante Boris Johnson, cerrar el Parlamento Británico para impedir un debate sobre el brexit duro, ha hecho caer la libra y las bolsas de toda Europa, además de propiciar la dimisión de importantes cargos del partido conservador. Las reacciones no se han hecho esperar, se ha iniciado una batalla legal que cuestiona la legalidad del cierre del Parlamento, las bases del partido laborista Momentum han llamado a la movilización en las calles el próximo martes. Tampoco parece imposible una moción de censura o la convocatoria de elecciones anticipadas… ¿les suena de algo?

Algunos han bautizado a nuestro tiempo con el acrónimo VUCA: volatilidad, incertidumbre (uncertainty), complejidad y ambigüedad

Alemania, un país sinónimo de estabilidad, tampoco pasa ahora por su mejor momento. La acechante recesión económica se cierne sobre el motor germano como una amenaza cada vez más real tras los datos decrecientes de la producción industrial y del comercio exterior. Las elecciones de este próximo domingo en Sajonia y Brandemburgo pueden dar un impulso histórico a la ultraderecha, Alternativa por Alemania, unos resultados, que, de confirmarse, volvería a dividir al país 30 años después de la caía del Muro de Berlín. La campaña electoral en estas regiones del este se ha centrado en espolear los miedos contra la crisis económica, la inmigración frente al sentimiento identitario y cierta nostalgia rusa. Esta posible victoria de AfD supondría un duro varapalo contra la ya menguante Ángela Merkel. La canciller alemana ha anunciado el final de su carrera política, y algunos indicios, como los de su posible enfermedad hacen temer un posible adelanto electoral… ¿les suena de algo?

Francia o Portugal tampoco son ajenos al contagio de la crisis de inestabilidad que sacude al viejo continente. Las principales economías de la Unión Europea ven como los largos periodos de política anodina, de gestión, sin crisis reseñables quedaron como vestigios del siglo pasado. El nuevo tiempo que nos ha tocado vivir se llama inestabilidad, sorpresa, cisne negro, tanto es así que algunos han bautizado a nuestro tiempo con el acrónimo VUCA: volatilidad, incertidumbre (uncertainty), complejidad y ambigüedad. De poco o nada sirve la nostalgia que nos transporta a las eras de sosiego; de poco o nada sirve hacer comparaciones que dibujan otros países con situaciones de estabilidad que solo se aguantan desde la distancia. España no es diferente, bienvenidos al siglo de lo convulso.

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