Ha tenido que intervenir el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña para que el gobierno separatista se vea obligado a vacunar a los miembros de la Benemérita y de la Policía Nacional que sirven en mi tierra. Sí será fuerte la cosa que el mismo tribunal dicta en la cautelarísima que la Generalidad garantice “inmediatamente y sin dilaciones” dicha vacunación, que en diez días deben haberse cumplido las vacunaciones en la misma proporción que la llevada a cabo con los Mossos, que existe discriminación entre los diferentes cuerpos policiales y que, ese es el meollo, eso supone un riesgo grave o irreparable para los agentes que actúan en situación de riesgo por contagio. Si los sindicatos Jucil y Jusapol, a los que felicito por su incesante labor, no hubieran acudido a la justicia, aquí no pasaría nada.

Que el separatismo es cobarde, mezquino, egoísta, fullero, roba gallinas, supremacista, corrupto y facha lo sabíamos. Ahora podemos añadir el calificativo de criminal. Lo dice la cautelarísima. “Riesgo grave o irreparable”. Sabiendo que no vacunándolos, los policías nacionales o guardias civiles estarían en un mayor riesgo que sus compañeros de la autonómica, el Gobierno catalán ha dicho que bueno, que ya los vacunarán, que eso le toca al Ministerio, que en Madrid no se aclaran, que si las dosis de la AstraZeneca no sé qué y tal. Pero, como no pueden dejar de ser lo que son, Puigdemont publicó un tuit en el que decía, cito textualmente, “Quienes agredieron ciudadanos al grito de ¡a por ellos! continúan privilegiados y protegidos por el sistema español. Los vacunarán pasando por delante de personas indefensas y pacíficas a las que golpearon de forma salvaje el uno de octubre”.

Y como las cerezas van de dos en dos, la tartavoz del Gobierno, señora Budó, ha salido para decir que aquí no se discrimina a nadie, que las directrices del Estado esto, que la Generalidad aquello. Todo para no reconocer la inhumanidad del Ejecutivo al que pertenece y que nunca tuvo un nombre más adecuado, ejecutivo, de ejecutor. Se ha vacunado un ochenta por ciento de los Mossos frente a un seis por ciento de civiles y policías y eso es por azar. El secretario de Salud Pública, Josep María Argimón, dice que le importa un rábano si son guardias civiles, que el asunto se ha politizado y judicializado desde Madrid y que “la vacunación a guardias civiles y policías nacionales retrasará la de los mayores de setenta años. Ahí lo dejo”. Pura tesis puigdemontiana.

Lógicamente, tamaño despropósito debería haber causado un escándalo en los medios de comunicación catalanes. Pero no. La Vanguardia, ese rotativo propiedad del Grande de España, Conde de Godó, ha publicado justamente ese titular, que vacunar a estos policías retrasará la vacunación de nuestros mayores. Qué se han pensado estos españolazos, viniendo a decirle a los separatistas que tanto dinero han puesto en el exhausto Grupo Godó en publicidad y demás minucias lo que tienen que hacer. Y es que ese diario, de vanguardia siempre ha tenido muy poquita. Con el que mande, sea quien sea. Siempre he dicho que uno de los muchísimos errores que cometió el franquismo fue devolverle el periódico a los Godó cuando entraron sus tropas en Barcelona. Otro más grave fue no colocar a Pla de director. Pero la propiedad siempre ha gustado de maniquíes a gusto del político del momento. Del “Saludo a Franco, Arriba España”, a la editorial conjunta por el Estatut maragalliano a portadas y portadas diciendo que esto del procés era una bendición.

A la mínima, enseñan la patita de conejo, de conejo que vive confortablemente en su madriguera de oro mientras sus congéneres van de un lado a otro esquivando los perdigonazos de quienes solo desean animales mansos

Con Pujol se copió el esquema, solo había que cambiar el nombre. Según narra el exdirector de La Vanguardia Lluís Foix en su libro de memorias, Pujol se hacía él mismo las entrevistas, ponía y quitaba titulares y pobre del que dijera nada. De hecho, Foix dimitió como el periodista honesto y cabal que es. Ahora el diario, después de pasarse años lamiéndole las suelas al separatismo, justificando lo injustificable, manteniendo como la buda del aquelarre lazi a la intocable Pilar Rahola y esparciendo incienso en honor a la patria catalana, parece variar ligeramente el tiro. Pero, a la mínima, enseñan la patita de conejo, de conejo que vive confortablemente en su madriguera de oro mientras sus congéneres van de un lado a otro esquivando los perdigonazos de quienes solo desean animales mansos y algún que otro conejo periodístico para sacar de la chistera cuando les convenga.

He dicho conejos, pero ni eso. El conejo tiene inocencia y esas gentes, no.