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Miquel Giménez

Opinión

Y a las sonrisas que les den mucho

Los CDR han enviado a hacer puñetas las sonrisas y el cuento del pacífico carácter de los separatistas. Ha agredida las fuerzas del orden y a manifestantes pacíficos. Los de lazo amarillo se quitan la careta

Cargas policiales en Barcelona contra los CDR en la manifestación de Jusapol
Cargas policiales en Barcelona contra los CDR en la manifestación de Jusapol EFE

Tirachinas, cojinetes de acero y polvos

Esta no será una crónica escrita desde ningún estado d ánimo que no se la rabia y la tristeza. Los radicales separatas – todos lo son llegado el momento - no querían que la manifestación pacífica y legal convocada por JUSAPOL se celebrase. Lo habían dicho por activa y por pasiva: “Els carrers serán sempre nostres”, las calles serán siempre nuestras, en abierta declaración de totalitarismo fascista. Pues bien, no han defraudado a su afición. Los CDR, esa especie de SA del proceso disfrazada de gente demócrata, se han apoderado este sábado de la Plaza Sant Jaume para impedir que los policías pudieran ejercer su derecho constitucional a exigir la equiparación de sueldos entre los diferentes cuerpos, así como rendir homenaje a los guardias civiles y miembros de la PN que el año pasado sirvieron en Cataluña el 1-O con no pocas dificultades.

A JUSAPOL se le obligó a cambiar el itinerario, aunque tenían todos los permisos, en aras de esos CDR que, sin ninguna autorización ni legalidad, tienen el visto bueno del gobierno de Torra y los partidos que lo secundan para hacer lo que les salga de los mismísimos. Se sienten fuertes, protegidos por la Generalitat, impunes, y esto es un hecho. En el cruce de la calle Fernando con la Rambla, la la Guardia Urbana cacheaba a unos jóvenes de ARRAN, organización juvenil de las CUP, requisándoles tirachinas modificados para tener mayor potencia, cojinetes de acero, un par de porras extensibles y otros elementos ante la sonrisa de los cachorros émulos de Batasuna. “Es igual que nos quitéis esto, la mayoría de compañeros que ya están en Sant Jaume tienen de todo y más”, chuleaba uno de ellos. Los hecho le han dado la razón.

En Sant Jaume, el ambiente se iba caldeando por momentos. Elisenda Paluzie, máxima dirigente de la ANC, exhortaba a los asistentes – se calcula que unos seis mil – a hacer frente al “fascismo de las fuerzas de ocupación”. Una pareja monísima, estupendísima, pijísima, con camisetas amarillas y múltiples chapitas de la ANC, comentaba la posibilidad de que los Mossos impidieran que los CDR reventaran la manifestación de “Los violentos de Octubre”. “No se atreverán, porque son nuestros”, sentenciaba la chica mientras se atusaba su pelo rubio natural con un gesto de quien toda la vida ha tenido servicio y no sabe ni atarse los cordones de los zapatos.

Con dos filas de furgones policiales cortando el paso y lo mejor de los efectivos de la BRIMO, los Mossos han decepcionado a los separatas, porque, efectivamente, si se han atrevido, cortándoles el paso en Vía Layetana a la altura de la Plaza del Ángel. La distancia de seguridad entre este punto y el lugar donde, finalmente, se iniciaba la manifestación constitucional, delante de la Jefatura Superior de Policía, hacía imposible que los violentos de la estelada pudieran cumplir su objetivo. Ahí es donde ha empezado el mambo cupaire. Los Mossos han tenido que cargar varias veces contra esos pacíficos y sonrientes demócratas, estupendamente organizados. Los manuales de guerrilla urbana que les trajeron hace un año están empezando a dar frutos, por lo que se ve. Avanzaban en cuña, después en modo serpiente e intentaban rodear como fuese a los antidisturbios que, con buen nivel estratégico, no han dejado en ningún momento de mantener la línea de defensa y el perímetro de seguridad intacto.

Cuando los CDR, que no han dejado de dar gritos en favor de Terra Lliure, han visto que su estrategia no funcionaba, han empleado otra que, por innovadora, es digna de mención: han usado contra los policías esos polvos de colores tan de moda en festivales hindús. Una idea que suple a las granadas de humo, difíciles de conseguir por otra parte, y que impide a los policías ver sin levantarse la visera del casco, exponiéndolos así a golpes en la cara.

Mientras los Mossos se daban de hostias – textual, de hostias - con aquellos que tanto los ensalzaban el pasado pseudo referéndum, lo manifestantes de JUSAPOL, unos 3.000, marchaban pacíficamente hacia la plaza de Cataluña. Pero esa paz iba a terminarse pronto.

A guantazo limpio en Canaletas

En paralelo a los graves incidentes de Via Layetana, otro grupo de los CDR se había desplazado hasta la popular frente de Canaletas para impedir el acto final de JUSAPOL. A la altura de la confluencia con la calle Pelayo se han visto detenidos por otro contingente de Mossos, que se han visto obligados a hacer varias cargas contra ellos. Algunos de los policías presentes venían del otro foco de violencia, porque lucían los uniformes manchados del polvo de colores.

Otra novedad en la estrategia de guerrilla urbana de los CDR: algunos – no todos – de los integrantes de la primera línea, la que se encarga habitualmente de provocar a las fuerzas del orden, iban con el rostro tapado pero semidesnudos. ¿El motivo? Son dos: el primero es causar un efecto psicológico en aquellos que deben detenerlos, frenando su impulso de arremeter contra alguien semidesnudo, con la imagen de indefensión que ofrece. Esto ya se ha visto emplear con gran eficacia, por cierto, en Alemania, Francia, Reino Unido o Rusia, pero en España, que sepa este cronista, es la primera vez que se emplea. La internacional de la subversión está empleándose a fondo en nuestro país.

El segundo motivo es poder enseñar cualquier pequeño moratón, corte, heridita, lo que sea, a los cientos de móviles que ellos mismos llevan para poder difundir las imágenes en las redes inmediatamente, culpando a la policía de criminal, etc. ¿Y si no se producen lesiones?, se preguntarán ustedes. Pues se fingen, como ha sucedido este sábado, en el que hemos visto tuits de falsos heridos. A estos grupúsculos, discípulos de HB, todo les vale siempre que contribuya a denigrar a los únicos que parecen dispuestos a frenarlos, a saber, las FFSS.

Pero como la policía no puede estar en todos los sitios, aún hemos visto agresiones a tres policías de paisano que había participado en la manifestación. Los cobardes separatistas han empleado el método de rodearlos, escupirlos, amenazarlos con un a superioridad de diez a uno. Grandes héroes, grandes patriotas, grandes luchadores, que solamente se atreven cuando son manada.

Haciendo de coro a toda esta violencia, que ha existido y es real, no como la del 1-O, TV3 informaba en tono desgarrado de lo que pasaba, de una manera tan tendenciosa que producía asco. Para diferenciar su película de buenos y malos, mientras que por parte de los separatistas sacaban un corte con la tal Paluzie, cuando tenían que hablar de la manifestación, repetimos, legal y pacífica de JUSAPOL, ponían primero un corte con el representante de la organización para, a renglón seguido, dar otro con un responsable de VOX. Son fascistas, son franquistas, son violentos, no pasarán, debían pensar los biempensantes estómagos agradecidos neoconvergentes en sus segundas residencias. Como remate, después de VOX venían unas declaraciones de InésArrimadas en las que se solidarizaba con el deseo de la equiparación salarial entre las policías que hay en España. Es como si dijeran “¿Lo ven, como Ciudadanos es de extrema derecha?”.

Porque todo es pacífico y bueno entre ellos, el 1-O se produjo poco menos que un Holocausto, la policía es mala por definición y las calles serán siempre suyas. Y también es suya la televisión que miente e intoxica, y las instituciones autonómicas, que están solo para servirlos a ellos, y el derecho a protestar, porque aquí no chista ni Dios sin su permiso.

Lo que ha quedado claro es que a las sonrisas les pueden ir dando mucho por donde amargan los pepinos. Estos buscan un muerto y, al paso que van, lo tendrán. Lo digo con la rabia y la tristeza de quien creía que los tiempos en que la gente dirimía sus disputas en las calles a golpes habían quedado desterradas de nuestra historia.

Miquel Giménez



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