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Miquel Giménez

Opinión

El separatismo tiene canguelo de las urnas

Tanto que las reclaman cuando son ellos quienes las ponen y, en cambio, lo nerviosos que están ante la posibilidad de elecciones generales. Sin exagerar, hay canguelo en Waterloo

Puigdemont y Torra.
Puigdemont y Torra. GTRES

La semana ha empezado mal para Puigdemont y la ex Convergencia en particular y para el separatismo en su conjunto. Este martes los herederos de Jordi Pujol se desayunaban con la noticia de que la Guardia Civil estaba registrando la Asociación de Empresas de Ingeniería y Consultorías Independientes (¡vaya!) de Cataluña, GP Group SA, Audingintraesa SA, BAC Engineering Consultancy Group S.L, Euro Geotécnica SA y Ayesa Ingeniería, amén de la Autoridad Catalana de la Competencia.

No, no era por poner urnas, que dicen ellos, sino más bien por llevarse pasta, presuntamente. Se trata del caso conocido por el del tres por ciento, concretamente el denominado Petrus. Financiación irregular presunta de los presuntos convergentes a través de sus fundaciones, sean estas presuntas o no. Todo presunción, y ellos, como dice la gran Bibiana, mientras tanto, callados y misteriosos.

Nada presunto es, en paralelo, el cabreo del quince que tiene Pedro Sánchez con los separatas, él, que se les prometía muy felices con sus presupuestos y ahora ve como los del gremio estelado dicen que no van a votárselos, porque hay lo de los presos, el derecho a la autodeterminación, el mandato popular y tal y cual. Imaginen como deben andar en la Moncloa que el bachiller Sánchez ha declarado que, si no consigue sacar los presupuestos adelante, su vocación de acabar la legislatura “se acorta”. Angélico del Señor. Ante las críticas que el doctorando de la triste tesis lanza contra PP y Ciudadanos por no apoyarle, siendo como son sus intenciones buenas y benéficas, tampoco se cortó un pelo el preclaro líder en decirle a sus ex socios indepes que “plantean exigencias que no tienen nada que ver con los presupuestos y que son imposibles de asumir por cualquier presidente”. ¡Carajo, le costó darse cuenta al hombre!

Pero no es el único que anda más mosqueado que Rato oyendo la canción “Black is black”. Puigdemont tiene el flequillo enredadísimo y el pelo a lo Angela Davis de puro pánico. Lo último que desea el pastelero de Amer es que se convoquen elecciones. Bueno, de hecho, a esta gente lo de ir a votar no les gusta, salvo cuando se puedan traer de sus casas las urnas repletas de sus papeletas o, eso también, si han conseguido engañar a un par de partidos para que vayan con ellos, empleándolos de pantalla para así ocultar su pasado bochornoso. Pero como Junqueras ha dicho que con el fugado no va ni a recoger el gordo de la lotería, al Flequillín solo le queda la Crida y poco más. Qué lejos quedan las listas unitarias, las apelaciones a la transversalidad, al carácter unitario del separatismo. Todo era, como el resto de esta fea historia, pura coartada para esconder a la vieja Convergencia del Caso Palau, de Millet, Montull, Prenafeta, Alavedra, del Junior y su colección de coches deportivos, de los misales andorranos, del tres, del diez, del ochenta por ciento, de los contratos de aguas, del pujolismo más descarnado en el cual el sector de los negocios – un eufemismo, entiéndanme – era quien cortaba el bacalao en Palau.

Sería una auténtica jugada maestra convocarlas todas juntas, aunque mucho nos temamos que ni Sánchez ni sus fontaneros tengan nivel suficiente para calcular una jugada semejante

Puigdemont se ve más solo que nunca y, lo que le resulta más terrible, en la tesitura de tener que poner públicamente de manifiesto esa soledad. Porque si hay elecciones, que es más que probable que las haya o al menos eso aconsejan a Sánchez desde Europa, y ahí lo dejo, su partido deberá concurrir solo. Solo, con personalidades de segunda división y con una Esquerra con muchísimas probabilidades de pasarle por delante. Es el peor escenario para los neoconvers, que se han ido labrando la tumba solitos por su falta de coraje político al no plantarse ante el ex President y enviarlo al guano. Prisioneros de su relato, han tenido que seguir uncidos al mismo y, mira, mientras la realidad no hace acto de presencia, todo es vendible. Ahora bien, cuando llega el momento en el que lo palpable, lo real, llama a la puerta, las fantasmagorías tienden a desaparecer y ahí es donde les entra canguelo, jindama y cagarrinas a lo puigdemontianos. El “presidente legítimo” tendrá problemas para hacer una lista, muchos más para que esta gane en Cataluña y muchísimos más para quedar por delante de Esquerra. Demasiadas cosas para tan poco fugado.

Todos rezan en Can Waterloo para que eso no pase, intensificando los rosarios en el caso hipotético de que las generales coincidiesen con municipales y europeas, cosa no descartable según los propios socialistas, aunque Ximo Puig haya dicho raudo y veloz que él las convoca aparte, porque es muy viejo Pedro pa cabrero. No sabe nada. Sería una auténtica jugada maestra convocarlas todas juntas, aunque mucho nos temamos que ni Sánchez ni sus fontaneros tengan nivel suficiente para calcular una jugada semejante. Meter en la misma convocatoria tres elecciones requiere un refinamiento intelectual y una astucia tan infinita que solo podrían hacerlo tres personas: Fu Manchú, el Doctor No o Alfonso Guerra. Que igual son la misma persona, ojo, porque, que se sepa, jamás se les ha visto juntos en la misma habitación.

Total, que en Waterloo han hecho un pedido extra de Scottex. Qué buen papel.

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