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César Calderón

Opinión

La semana fantástica de Pablo Iglesias

Pues sí, tras incontables problemas, líos, sinsabores y desvelos, por fin Iglesias ha tenido su semana mágica. Al mejor estilo del Corte Inglés

El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, sube a la tribuna del Congreso
El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, sube a la tribuna del Congreso Europa Press

No está nada mal para un chico que venía del activismo más alternativo y radical y que en tiempo récord ha construido un 'movimiento' (que no un partido) en torno a su ego y a imagen y semejanza del mismo, de su ego de él, me refiero.

Un constructo entre el peronismo más montonero, (ese que buscaba ser mayoritario en el exilio español del general-trabajador y terminó en manos de López-Rega), y el centralismo democrático del Partido Comunista de Albania (cómo te echamos de menos, tito Enver) y que es capaz de doblarse como un junco para cabalgar las constantes contradicciones de su líder máximo como si del más experimentado de los húsares polacos se tratase.

¿Podía funcionar algo así en España? Nadie hubiera apostado un duro por ello hace solo diez años pero ahí los tienen, pisando moqueta ministerial con pinturera estampa.

La filosofía de la URSS

¿La clave? Pues miren, la primera sin duda aprovechar el momento. Iglesias es un maestro del tempo político, no en vano viene de una militancia juvenil en el PCE, una verdadera escuela en el difícil arte del escorzo político y de la justificación razonada de las artimañas más intolerables en nombre, eso sí, de la clase trabajadora (el antecesor inmediato de eso que ha venido en llamarse 'la gente'), faltaría mas.

Miren, cuando un político ha militado en la izquierda ortodoxa se le nota toda su vida, y no en su forma de vestir precisamente (ha habido auténticos dandys en la izquierda más radical), sino en la forma de construir sus discursos.

A ver cómo se lo explico. Hay políticos que utilizan el modo deductivo (uso premisas generales para llegar a una conclusión que me favorezca), otros el inductivo (parto de premisas particulares para llegar a una conclusión que me interese) y después están los que, gracias a un soberbio entrenamiento, son capaces de organizar sus discursos usando el materialismo dialéctico, filosofía oficial de la URSS, capaz de dotar al parlamento más ínfimo y adocenado el cuerpo y el bouquet del mismísimo discurso de Gettysburg.

El ingreso vital es una magnífica idea ya probada con éxito en muchos lugares, como Euskadi o Navarra, que le va a reportar popularidad e importantes réditos políticos precisamente allí donde no los tenía

Pero sigamos con Iglesias y su semana de gloria.

Ciertamente le ha costado coger sitio, no es sencillo conocer los entresijos de la administración pública, y tampoco debe serlo cogerle el truquillo a Sánchez, pero miren, ahí lo tienen, en la cima del mundo.

¿Que por qué digo esto? Pues es evidente, lo digo porque el ingreso mínimo vital es una buena idea. De hecho es una magnífica idea ya probada con éxito en muchos lugares, como Euskadi o Navarra, que le va a reportar popularidad e importantes réditos políticos precisamente allí donde no los tenía, entre los más desfavorecidos.

Burgueses bien alimentados

Seamos claros, si estudiamos quiénes son los votantes de Podemos nos encontraremos con la sorpresa, o ya no tanto, de que no son precisamente quienes menos ingresos tienen. Sus votantes son urbanos, más o menos jóvenes y con alto grado de formación académica… vamos, que ni parias de la tierra ni famélicas legiones sino cohortes de burgueses bien leídos y mejor alimentados.

Las clases medias-bajas y bajas nunca han entendido el discurso de Iglesias ni sus constantes gritos… nunca han entendido su programa y por supuesto no le han votado en su vida. A quien votaban era al PSOE.

Y esos son precisamente los beneficiarios del ingreso mínimo, votantes… del PSOE.

Miel sobre hojuelas para un Iglesias que por fin podrá hablar de los excluidos y de 'la gente' sabiendo que, si no se equivoca en el tono, va a ser escuchado por estos. Pues eso, que si la tierra es para quien se la trabaja, la gloria del momento debe ser para Iglesias.

Y el problema es para Sánchez, porque a ver ahora quién es capaz de parar a un miura como Iglesias una vez que ha cogido carrerilla.

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