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Miquel Giménez

Opinión

Una segunda Transición por los cojones

Vivimos tiempos desabrochados políticamente. Cuando un miembro del gobierno es capaz de comparar la Transición con un simple “Hola, ¿ke ase?” quizás es ya el momento de huir a las colinas.

Torra y Sánchez en el palacio de Pedralbes
Torra y Sánchez en el palacio de Pedralbes EFE

El Politburó de Pedro es la concatenación de los elementos, el despiporre, el cáguense por los canarios y la leche en patinete. No contento con escribir tesis sin escribirlas o revivir la momia del Frente Popular de Largo Caballero y Negrín – Prieto siempre le pedía a Chicote, barman del Congreso en aquellos tiempos, un cóctel de puta como le gustaban al doctor Negrín - el licenciado Vidriera que habita en la Moncloa se ha propuesto efectuar una segunda Transición. Así, como suena, sin más auxilio que el del fantasma de la estelada.

La ministra portavoz, que parece salida de un sainete de los Hermanos Quintero con su desparpajo y su chiqui, María Jesús Montero, lo ha dicho con más gracejo que Gracita Morales. La reunión entre Sánchez y Torra es una segunda Transición, comparando, mire usté, las dificultades de dialogar con los separatistas con las que mantuvieron Suárez y Carrillo. Arenal de Sevilla y olé, Torre del Oro.

Hace falta descaro, ignorancia y mala fe para manifestar tamaña enormidad histórica. La Transición, la de verdad, costó Dios y ayuda, implicar a potencias extranjeras – la CIA debe tener una habitación llena de expedientes, incluido el del asesinato de Carrero Blanco, igual que el servicio federal de seguridad ruso debe guardar la lista de personajes importantes que cobraban de su nómina -, a todas las fuerzas políticas españolas, a la iglesia, al estamento militar, a la banca, a los medios de comunicación, en fin, a Dios y a su madre. Que tamaño y hercúleo esfuerzo se compare con un cafelito entre Pedrete y Torra es de flor natural con accésit.

Señora ministra, afirmar que eso es una segunda Transición supera con mucho la capacidad para cantinflearnos que tienen ustedes. Si lo que dice tuviera el más mínimo sentido, lo de tomar el té en mesa camilla de este jueves sería comparable a la entrevista que mantuvieron Don Juan Carlos y Josep Tarradellas, las que tuvieron lugar entre los padres de la Constitución o los pactos entre Abril Martorell y Alfonso Guerra. Para usted, deduzco por sus palabras, es igualito, igualito que entonces, con el mismo nivel de inteligencia política, de capacidad para el pacto, con la experiencia que solo da la historia, con la misma dimensión humana e intelectual. Según usted, ministra, insisto, Sánchez es Suárez y Torra es Carrillo, lo que deviene en una greguería que ríase de los peces de colores y las pelucas rubias. Amos anda, chiqui.

Según usted, ministra, insisto, Sánchez es Suárez y Torra es Carrillo, lo que deviene en una greguería que ríase de los peces de colores y las pelucas rubias. Amos anda, chiqui.

Por lo pronto, Suárez tenía un encargo del rey para transitar de una dictadura hacia una democracia parlamentaria, mientras que Sánchez solo tiene el encargo de coger leche o pan si Bego se lo pide. “Nene, para el Falcon un momento en un Carrefour y píllate lo que te voy a decir, que voy estresada con el trabajo que tengo”. Y de Torra, qué decirle, no es capaz de aceptar la bandera rojigualda o la monarquía, como en cambio si hizo Carrillo - un criminal, pero eso es otra cuestión - ni sabe sentarse a pactar más que con quienes piensan igual que él. Así que de segunda Transición, ná de ná, que no es Transición agarrarse a la poltrona para seguir viviendo del cargo, igual que no es revolución cortar la Meridiana barcelonesa cada día un ratito. Ya puestos, tampoco es gobierno este rompecabezas al que le faltan piezas sobrándole otras que ha pergeñado Sánchez, ni autonomía el reino de aprovechados que nos toca padecer a los catalanes.

Así que de segunda Transición, ná de ná, que no es Transición agarrarse a la poltrona para seguir viviendo del cargo, igual que no es revolución cortar la Meridiana barcelonesa cada día un ratito

Dicho lo cual, no tengo más remedio que, parafraseando a Celaá, proclamar que esto es una segunda Transición por los cojones. Oiga, o por los coños, o por los Satisfayers o por lo que usted crea mejor y más conveniente en este mundo estulto hecho de palabras rimbombantes y expresiones pueriles en el que su socialismo de descafeinado con leche de soja y sacarina nos ha metido a todos.

Pero, vamos, a lo que interesa: que es una segunda Transición por los cojones, fijo. No haga números.

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