La izquierda española -política y mediática- repite hasta la saciedad que la Comunidad de Madrid mantiene abandonada a la sanidad pública, afirmación que se reitera especialmente en periodos electorales como el actual. Sin embargo, lo que es falso es falso por mucho que se reincida en la mentira.

Con carácter previo, bueno es recordar que la sanidad española es de las mejores del mundo. No en balde ocupa el séptimo puesto en el ranking elaborado por la Organización Mundial de la Salud, y el tercero en el estudio realizado por la Internations Global Connectius Wind. En ambos casos atendiendo a varios criterios como son el nivel de la asistencia médica, la calidad de los servicios, o los medios materiales, tecnológicos y humanos disponibles. También es significativo que, según una encuesta ad hoc, para el 52 por ciento de los expatriados que utilizan nuestra sanidad, ésta es inmejorable. Y también lo es que la estadística del Banco Mundial situé a España como el sexto país del mundo cuyos ciudadanos tienen mayor esperanza de vida.

Habitualmente, por error o por intención, los datos utilizados para culpabilizar al Gobierno autonómico de Madrid del pretendido abandono sanitario son manejados sin la seriedad obligada

Con los antecedentes expuestos, es obligado preguntarse si como dicen desde la izquierda, la sanidad madrileña es un infierno dentro del paraíso sanitario español. De abordar el tema con el rigor necesario, la respuesta es claramente negativa. Lo que sucede es que habitualmente, por error o por intención, los datos utilizados para culpabilizar al Gobierno autonómico de Madrid del pretendido abandono sanitario son manejados sin la seriedad obligada.

Como primera cuestión, es más que criticable que para medir la calidad de la sanidad se utilicen las medidas dinerarias, porque al hacerlo se está despreciando la eficiencia en la utilización del gasto público. Podemos ilustrarlo con un ejemplo. Supongamos que todos los hospitales públicos decidieran realizaran una zapaterada y, emulando al ex presidente, reprodujeran en sus instalaciones la cúpula de la ONU. Sin duda, el gasto público en sanidad se dispararía, pero el servicio sanitario recibido por sus usuarios no mejoraría un ápice.

Absoluta distorsión

Aún con todo, cometido el error de medir la calidad de la sanidad pública en euros, la izquierda -política y mediática- suele incurrir en otro error adicional al relativizarlo en referencia al PIB. Es así porque el porcentaje Gasto sanitario/PIB que utilizan resulta absolutamente condicionado por la mayor o menor riqueza del territorio considerado. En el caso de Madrid, y dado que su PIB es considerablemente mayor que el de otras comunidades, Extremadura o Castilla La Mancha por ejemplo, la utilización del citado ratio distorsiona absolutamente la realidad de la relevancia efectiva del gasto sanitario en cada comunidad.

Así, para medir con rigor el esfuerzo real que cada gobierno autonómico dedica a la sanidad pública, el índice a utilizar es el porcentaje que representa el gasto sanitario dentro del presupuesto de gasto regional. Y ahí resulta que Madrid, con Isabel Díaz Ayuso al frente, destina a la sanidad pública el 35% del gasto público autonómico, situándose entre las cuatro o cinco comunidades que lideran la clasificación. Por el contrario, otras comunidades gobernadas desde la izquierda realizan un esfuerzo sanitario claramente inferior. Es el caso de Extremadura que destina a la sanidad solo el 32% de su presupuesto de gastos, o los de Valencia y Baleares que se quedan en el 29%.

De cada 100 € gastados, el Gobierno de Díaz Ayuso dedica a la sanidad pública tres euros más que el extremeño y seis más que el valenciano o el balear

Quiere decirse que, en contra de lo afirmado interesadamente, Madrid es de las regiones españolas que dedica más esfuerzo relativo a la sanidad pública. En concreto, de cada 100 € gastados, el Gobierno de Díaz Ayuso dedica a la sanidad pública tres euros más que el extremeño y seis más que el valenciano o el balear. Conste también que la comunidad autónoma madrileña es aquella en la que sus ciudadanos tienen una mayor esperanza de vida, 88,99 años, casi dos más que la media de los españoles.

Resultando contundentes los datos anteriores, conviene aumentar la contundencia acudiendo a estudios internacionales que claramente desmienten los postulados de la izquierda. En efecto, la Comisión Europea realiza cada tres años una evaluación del nivel de la sanidad que existe en las 268 regiones de la Unión, examen que se basa en una multiplicidad de criterios. En el último realizado, fechado en octubre de 2.019, la región de Madrid es la segunda mejor entre todas las regiones europeas, superada tan solo por Estocolmo.

En fin, no hay mejor modo de desmontar una mentira que confrontarla con datos serios y rigurosos, esos que la izquierda olvida -por error o por intención- cuando habla de la política sanitaria del gobierno de Madrid.