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Félix Madero

Opinión

Sánchez: mi reino no es de este mundo

Pablo Iglesias, en primer término, y Pedro Sánchez
Pablo Iglesias, en primer término, y Pedro Sánchez EFE

Los que gusten de la Historia que asoma en el Nuevo Testamento y, sobre todo, la más fiable que se cuenta en los Hechos de los Apóstoles sabrán que entre Pedro, la roca en la que descansa la Iglesia, y Pablo de Tarso, el verdadero secretario de organización del cristianismo, hubo de todo menos bondad y comprensión. Celos por el liderazgo, envidias entre sus seguidores, habladurías…entre quien vio y vivió con el Nazareno y el que hablaba de oídas, pero con más fe y visión que el que negó tres veces al Señor. Tan es así que el primero llamó hipócrita al segundo en Antioquia por una cuestión de pura ortodoxia. Con los mismos nombres se repiten las mismas desconfianzas 2.000 años después y entre nosotros, aunque ahora no se trata de una cuestión de método y fe y si de poder y supervivencia. Pedro no se fía de Pablo. Pablo tiene en muy poca cosa a Pedro. Y hasta puede que los dos tengan razón. Hipócrata es lo más menudo que se dicen cuando no están cara a cara.

Me sorprende la candidez del ministro Ábalos cuando afirma que no cree que el líder de Podemos -un partido en demolición-, vaya a negar por tercera vez a Pedro Sánchez. Me sorprende porque el ministro de Fomento va corto de ingenuidad y sobrado de astucia, aunque no sé si también de conocimientos. Decía Di Stéfano que la calor embota el cerebro hasta al más espabilado de los futbolistas. ¡Qué decir de nuestros políticos! Iglesias es dueño de un partido que tras cinco años de existencia ha conocido las mieles de la gloria y el ácido aroma con que se acompaña el fracaso. Ahora acabamos de saber que después de un año de la polémica del chalet de Galapagar un 16% de los inscritos que pagaban sus cuotas ha decidido dedicar su dinero a mejor causa. No le convienen unas nuevas elecciones, lo sabe, pero morirá matando. O matándose antes que parecer un pusilánime con el que pretende jugar un político mediocre asesorado por un zascandil de la oportunidad y el enredo.

Tengo un buen amigo (de derechas) que conoce muy bien a Iglesias y que siempre me repite lo mismo.

-No sabes de lo que es capaz. No te imaginas hasta donde está dispuesto a tensar la cuerda.

Ese mismo amigo conoce también a Monedero, y en su boca pone estas palabras.

-Pablo está loco, pero muy muy loco. Y hará lo que cree que debe hacer sin atender a más razones que las que le dicte su orgullo.

Naturalmente Monedero no está poniendo en duda su equilibrio mental, está señalando, y avisando, de lo que es capaz. Que si hay que ir a unas nuevas elecciones se va. Cueste lo que cueste y caiga quien caiga, aunque el quilombo empiece en su casa de Galapagar.

Va terminando agosto, el mes más especulativo de lo que llevamos de año. Un mes perdido que anuncia que vamos directos a unas nuevas elecciones el 10-N. Es lo que desea Sánchez, que sólo trabaja con un único empeño: que el personal crea que él hizo todo lo posible para que evitar nuevos comicios. Es mentira, pero a estas alturas aburre volver a escribir lo que tuvo que hacer y no hizo. Su reino no es de este mundo, y quizá por eso algunos periódicos titulaba el domingo pasado: Sánchez aprovecha la "oportunidad" del G-7 para abordar los desafíos mundiales. La ironía no cabe en un titular, de modo que podemos pensar que hay quien cree que este hombre, que ha fracasado una y otra vez para ser investido presidente, esté habilitado para abordar las oportunidades y desafíos mundiales. Pero ¿a quién pretenden engañar? Días atrás, en Gran Canaria, le preguntaron por las elecciones a las que el país se ve abocado por su inacción e incuria, y respondió así: Lo importante es estar donde estamos, y ya habrá otros momentos para responder a esas cosas. ¿No les parece que da un poco de miedo preguntarnos como estamos? ¿No lo siente él? ¿Es posible que sea tan frívolo que no sepa como está le país que en funciones dice gobernar?

Abocados estamos a unas nuevas elecciones, pero antes nos queda asistir al teatrillo de quien es el culpable

Termino mis vacaciones lejos de España, en Méjico, donde al llegar pensé que 10.000 kilómetros serían suficientes para olvidarme del tono mediocre y cansino de la política española. No, es imposible. El móvil es un invento que el maligno ha regalado al ser humano para su infelicidad. Imposible no saber lo que pasa incluso en este inmenso país que tan poco sabe del nuestro. Nos parecemos en algo, desde luego. He intentado encontrar a alguien que hablara bien de Andrés Manuel López Obrador y no lo he encontrado. Más o menos como sucede en España con Sánchez. Los dos países viven inmersos en la política mágica de la actualidad, imposible saber cómo han llegado a sus palacios presidenciales. Nadie parece haberlos votado. O se han olvidado.

Abocados estamos a unas nuevas elecciones, pero antes nos queda asistir al teatrillo de quien es el culpable. Hay quien recuerda que seguiremos igual tras el 10-N porque no podemos esperar resultados diferentes si los políticos siempre hacen lo mismo. Bien, puede que sea así para Sánchez y para quienes esperan colocarlo fuera de circulación. Los votantes, llegado el caso, sí que podemos cambiar eso porque no necesariamente tenemos que votar siempre lo mismo. Aunque la verdad sea dicha, no sé si convertido en un ser de lejanías me estoy equivocando de país. Casi seguro que sí.

Antes de terminar

Asegura Ignacio Aguado que para poner "pajines" o "aidos" en un gobierno, prefiere no hacerlo. El vicepresidente de la Comunidad de Madrid debería recordar lo que su presidenta tiene dicho -y no ha rectificado- acerca de Ángel Garrido, ayer del PP y hoy de Ciudadanos; ayer presidente de la Comunidad de Madrid y hoy consejero de Transportes. ¿Y qué dijo Isabel Díaz Ayuso tras abandonar Garrido el PP? Textual: Espero que con su marcha se cierre el mercadillo de políticos de segunda mano.

Con un parlamento paralizado, con una financiación autonómica sin resolver, con cuatro elecciones en cuatro años (si es que votamos en noviembre) con un Consejo de Ministros que no puede aprobar proyectos de ley ni decretos leyes, con un Poder Judicial que agoniza en su prórroga de mandato más la situación catalana a la espera de la sentencia del Supremo, sacar a relucir a "pajines" y "aidos" es tener poca memoria. Señor Aguado: todo aquello que puede empeorar, empeora. O dicho de otra forma: todo lo que puede empeorar, no mejora.

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