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Jose Alejandro Vara

Opinión

Sánchez plagia a Garci: "El crack IV"

No hay candidato. Fracaso absoluto. Cuatro viajes a las urnas generales cuatro años. Pedro Sánchez plagia el 'Crack' de Garci y presenta un filme bien negro: "Elecciones IV"

El rey Felipe VI recibe en audiencia al presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez
El rey Felipe VI recibe en audiencia al presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez

La buena noticia es que vuelve Garci a las pantallas. Se estrena El crack cero, el filme que cierra la trilogía del detective Areta. Lamentablemente, sin Landa, con quien arrancó la serie hace 38 años, pero con una frase de Valle Inclán muy viva en nuestros días. "En España solo se premia lo malo, es una costumbre". La mala noticia es que Pedro Sánchez quiere emular a Garci y nos presenta: Elecciones IV, la cuarta entrega en tan sólo cuatro años de un título cansino y monocorde. Sánchez plagia a Garci pero en vez de una pieza ejemplar del cine negro le sale un truño. 

Intentó justificarlo anoche en una comparecencia innoble. Sánchez se maneja con enorme fluidez en el territorio de la patraña. Una vez más, convirtió la Moncloa en una plataforma mitinera. Repartió culpas a todos sus rivales, en especial a Podemos. Con ese tipo de aplomo que da la vileza, se presentó, a la hora del telediario, como un ejemplar patriota al que no le han dejado culminar sus esfuerzos para sacar al país adelante.  

Sánchez quería urnas como un poseso. No le agradó el resultado del 28-A y estaba empeñado en repetirlas. Hasta el hartazgo. Hasta que los españoles voten lo que deben votar. Es decir, hasta que las papeletas canten su nombre al unísono, sin ambages ni titubeos. Hasta que el escrutinio le encumbre en el olimpo de los invictos, como un caudillo de otros tiempos. 

El presidente en funciones ha insistido estas semanas en traficar con lo falso. En simular que se esforzaba por formar Gobierno, por lograr apoyos para su investidura. No ha habido tal. El truco es zafio y romo. Una falsedad más del maestro en el arte del engaño. "Una tomadura de pelo", como fríamente lo han definido desde Cs. Una vez tan sólo se ha reunido con Pablo Iglesias, socio preferente, en estos últimos cuatro meses. A Pablo Casado le ha dedicado varios encuentros y algunas sonrisas.  A Albert Rivera, ni eso.  El líder de Ciudadanos le dejó plantado tras la primera reunión. "Solo nos quiere como figurantes de su trampa", dijeron los naranja. 

"No se ha de buscar culpables, sino soluciones", se escucha en estas horas a los analistas circunspectos, a los cobistas de la Moncloa, a los cheerleaders de Iván Redondo. No hace falta buscarlos. Culpable sólo hay uno, como en la tarde del martes recitaban todos los líderes políticos luego de visitar la Zarzuela. Sánchez quiso elecciones desde el primer momento y ya las tiene. No existen los hechos, solo las interpretaciones. Y  tiene un ejército mediático bien dispuesto para ejecutarlas. 

Tras el 10-N empezará a tocarle las narices a Casado. Ese es el plan.Un pacto 'patriótico' con el PP para seguir en la Moncloa. Al tiempo

El desenlace de esta astracanada han sido dos días grotescos. Propuestas, ocurrencias, cartitas, llamadas, provocaciones, invitaciones, tentaciones. Ni una solución, ni un gesto cierto. Cuarenta y ocho horas de superlativo gamberreo, dos días en los que se ha manoseado, preterido y ninguneado a la Corona, al papel del Rey, a la Institución. Ha tenido cinco meses para acordar y se ha tocado afanosamente las narices. Tras el 10-N empezará a tocárselas a Casado. Ese es el plan. Un pacto 'patriótico' con el PP. Al tiempo.

Lo de Rivera merece un capítulo aparte. Ha sido el actor protagónico en este estrambote negociador, de estas últimas horas del infamante vodevil. El líder de Cs estaba más quemado que el sobaco de una aspiradora. 'Jodido, jodido', como la liebre de la película de Brad Pitt. Era el único perdedor en las encuestas, el último de la fila de los augurios demoscópicos. 

Todo un verano desaparecido. El paradero de Rivera era un enigma, el de Arrimadas una incógnita y hasta Villegas se había evaporado. El verano más torpe de sus vida. El PP se mostraba hiperactivo, Sánchez simulaba reuniones, España seguía sin Gobierno y Rivera, missing. Hasta que, reaccionó. Estaba ya diez palmos bajo tierra, como Uma Thurman en Kill Bill, cuando se le encendió la luz. Algo tenía que hacer para escapar del agujero. El lunes, en forma inesperada, anunció su propuesta. La abstención a cambio de las tres sabidas condiciones. Unidad territorial, Estado de Derecho y sensatez fiscal, las tres marías de la democracia.

El volantazo inesperado

Un movimiento sorpresa que a todos pilló con el pie cambiado. Sánchez, en contra de las normas de la casa, se bajó del helicóptero para responder a los medios. El PP tardó en reaccionar. "Que responda Sánchez", dijeron con sensatez. Casado incurrió luego en un error de primerizo al reunirse durante dos horas con Rivera, que había asumido el papel de líder de la oposición. El PP, a remolque, como un segundón. Sin más proyecto que la oposición ni más estrategia que la alternancia. 

La farsa que ahora culmina se representa desde abril, con una traca final de 48 horas, con el Rey como convidado de piedra. "No existe un candidato que cuente con los apoyos necesarios", reza el comunicado de la Casa Real. No hay candidato. No hay investidura. No hay nada más peligroso que una idea cuando sólo se tiene una. El poder.

Sánchez plagia a Garci y nos presenta la cuarta entrega de las elecciones en un cuatrienio. Todo un récord de ignominia. Más que El crack IV, el nombre de la película es Volver a empezar. Aunque el final, y no es spoiler, ya lo sabemos. Lo de Valle: "En España sólo se premia lo malo". Saquen sus conclusiones.

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