La ‘matanza’ política de Pedro Sánchez el 10 de julio ha tenido este lunes un segundo capítulo: la liquidación de toda la herencia de los ministros que hasta hace 72 horas compartían la mesa del Consejo y ejecutaban las órdenes del presidente del Gobierno. La toma de posesión de sus sucesores se ha convertido en una enmienda a la totalidad a lo que habían venido haciendo los cesantes. Y todo, como le gusta al presidente, con los finados de cuerpo presente y los cadáveres políticos aún calientes.

El más claro fue el nuevo ministro de la Presidencia, Félix Bolaños. De un plumazo, en su toma de posesión, el nuevo hombre de confianza del presidente ha ajusticiado sin piedad tanto a Carmen Calvo como a Iván Redondo, dos de los pesos pesados despeñados por Sánchez.

Con respecto a la exvicepresidenta, Bolaños le ha enmendado la plana sin temblarle el pulso y con ella, de rojo sangrante, delante. Una de las leyes estrella de la ministra, la de Memoria Histórica, que iba a ser aprobada en el Consejo de Ministros de mañana, ha sido pospuesta en la primera decisión anunciada por el nuevo titular. La Memoria puede esperar.

Múltiples Sánchez

Como la propia Calvo defendía en los días de vino y rosas para justificar por qué el Pedro Sánchez presidente del Gobierno podía hacer algo totalmente contrario a lo que pregonaba unos meses antes el Pedro Sánchez líder de la oposición (no pactaré con independentistas, no podría dormir siendo Iglesias vicepresidente…), el Sánchez de ahora quiere borrar de un plumazo lo que defendía la semana pasada. Y Carmen Calvo ya es historia.

Como lo es también ya Iván Redondo. Bolaños ha tenido otro mensaje inequívoco para el exjefe de Gabinete de Moncloa. Cuando algunos hemos contado que su ambición por crear una estructura ministerial, con Secretaría de Estado incluida para supervisar buena parte de los fondos UE y su relación con las empresas, le costó la cabeza a Redondo, y su entorno lanzaba su negativa a aceptar otro ministerio que le habría ofrecido Sánchez, Bolaños ha asumido el cargo de ministro clavando una daga florentina: “Los ministerios ni se piden ni se rechazan”.

Uno tras otro, los nuevos ministros desde el minuto uno han ido rectificando 180 grados lo que hasta ahora venían haciendo sus predecesores como si estos hubieran actuado por libre y no respondieran directamente a las órdenes de Sánchez.

José Manuel Albares, otro de los fontaneros del presidente ascendido por fin a ministro –meses después de que Redondo le vetara y tuviera que vivir en el exilio muy dorado de París- lo primero que ha hecho es deshacerse en elogios hacia “el amigo” régimen de Marruecos. El mismo régimen al que Laya –cumpliendo órdenes de Sánchez- se enfrentó y llevó a una de las peores crisis que se han vivido con el vecino del sur. La cesante, también de cuerpo presente y también de rojo, asistía estupefacta.

El mismo giro que la nueva ministra de Política Territorial, también rojo intenso, imprimía a su traspaso de cartera con Miquel Iceta. La castellanomanchega Isabel Rodríguez no ha dedicado ni una sola palabra a Cataluña, el objetivo número uno de Iceta cuando asumió el ministerio con la orden expresa del presidente de buscar una solución “al eterno problema catalán”. Iceta apenas ha durado nueve meses en el cargo y ha sido enviado al ministerio de Cultura y Deporte.

Sánchez encabeza un nuevo Gobierno con las mismas carteras y el mismo número récord de asesores. Eso sí, ha liquidado a sus pesos pesados y no le tiembla el pulso en hacer borrón y cuenta nueva o rectificar de plano las políticas que venían ejecutando sus ministros. La hoja de ruta del presidente ahora es otra: intentar llegar a las elecciones de 2023 –autonómicas, municipales y generales- con alguna posibilidad. Y si para eso hay que renegar de lo hecho hasta la semana pasada, se hace. A Pedro I el Cruel no le tiembla el pulso.