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Juan Pablo Colmenarejo

Opinión

Sánchez se marca un solitario

El gobierno en solitario es en realidad una petición que Sánchez le hace a Sánchez, porque el PSOE de hoy es un asunto personal de Sánchez y, como mucho, de su crupier en Moncloa

Pedro Sánchez, junto a su asesor, Iván Redondo
Pedro Sánchez, junto a su asesor, Iván Redondo

Desde el 1 de junio de 2018 hay un plan. Un proyecto personal de poder diseñado tras la dura caída. Pedro Sánchez se marchó por la ventana para regresar por la puerta grande del Palacio de la Moncloa. Y allí se va a quedar, dentro del poder, aprovechando que el Partido Popular tardará varios años en reconstruirse. Desde que llegó a la Presidencia del Gobierno no ha dudado. La moción de censura fue una destitución. Como explica el profesor Javier Redondo “un impeachment en toda regla”. Rajoy fue revocado en un proceso que se organiza a partir de una sentencia evacuada en el instante más oscuro del PP. No es lo habitual, pero si se cuestiona lo dicho por un testigo en un juicio, en este caso el presidente del Gobierno, se busca algo más que la verdad judicial. Sánchez es fruto de sí mismo y por eso su partido no duda en encargarle la formación de un gobierno en solitario. En realidad, es una petición que Sánchez le hace a Sánchez porque el PSOE nunca volverá a ser el caos que fue el 1 de octubre de 2016. En realidad el partido federal del que se presume ha desparecido. El PSOE es un asunto personal de Sánchez.

Iglesias tiene razón cuando dice que el jefe del Gabinete del Presidente, Iván Redondo, ha secuestrado al PSOE. El líder de Podemos es en lo único que acierta desde que no apoyó al Gobierno de Sánchez con Rivera en marzo de 2016. Aquel error fue su fin a plazos. El Redondo de Moncloa influye mucho más que el propio José Luis Ábalos. Por lo tanto, es quien está más cerca de la última decisión. Desde el 28 de abril le ha dicho al presidente que lo mejor es llevar a los españoles a otras elecciones previo paso por todo este proceso al que Sánchez apenas ha dedicado tiempo. En el Gobierno han reservado estas dos semanas de julio, desde San Fermín hasta la investidura, para hacer el intento. Antes no ha habido tiempo porque Sánchez se ha dedicado a jugar una partida por el poder en la Unión Europea que siempre ganan Alemania y Francia.

La operación para descabalgar a Rivera del liderazgo de Ciudadanos empezará el mismo día que se convoquen las próximas elecciones

La idea es la misma desde el primer momento. O seguimos con 123 como con 84, o buscamos 150. Y no se ha movido de la raya trazada por el gurú que mira cada escaño como un tesoro a conquistar. A estas alturas ya sabe dónde le restará a Podemos y a Ciudadanos. Incluso tiene dibujado un PP más grande para las cuestiones de Estado, cuando apriete el zapato presupuestario de la Unión Europea. La campaña está tan fácil como la anterior. Iglesias no ha querido y Rivera se ha hecho tan de derechas que sigue disputando con el PP y con Vox un espacio destinado a uno solo, que será el mismo que estaba cuando se recupere los populares del bajonazo de los 66 primaveras de abril. Vox ha sido la coartada de Sánchez y lo volverá a ser hasta que se agote. Pero una vez ganadas las elecciones, que se ocupe el PP de hacer la digestión de los votantes retornados. Misión cumplida y poder para ocho años.

El plan de Sánchez ha sido hacerse un solitario mientras se desgastan aquellos que van a salir mal parados. De Iglesias solo quiere sus votos. Le valen los escaños para la investidura en el corto plazo. Y si no, también, porque Podemos ya ha perdido, salvo a los irredentos como en los tiempos de Anguita. Respecto a Rivera, que se vaya preparando, porque la operación para descabalgarle del liderazgo de Ciudadanos empezará el mismo día que se convoquen las próximas elecciones. Los intelectuales fundadores de Ciudadanos ya le han dado la espalda. Los más veteranos recuerdan que el principio del fin de UPyD fue el mismo. Las cartas del tarot del Redondo de Moncloa están marcadas. Tiene convencido al presidente para que se deje llevar sin dar una pedalada de más hasta a meta de noviembre. Si entre medias es presidente, no hay problema, porque antes de los siguientes presupuestos habrá que ir a las urnas. Redondo de Moncloa es el crupier del solitario de Sánchez.

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