Que Pedro Sánchez es un tipo audaz y ha hecho carrera política de la épica del resistente nadie puede ponerlo en duda a estas alturas, pero confieso que me tiene sorprendido su decisión de adelantar al 13 de junio las primarias en el PSOE-A solo para elegir candidato a la Junta de Andalucía, cuando el partido entero no ha digerido todavía el tremendo K.O. electoral que les ha propinado en Madrid Isabel Díaz Ayuso.

No había ninguna necesidad de acelerar ese duelo entre Susana Díaz y el alcalde de Sevilla, Juan Espadas, porque iba a celebrarse, sí o sí, antes de fin de año el proceso congresual; y si al presidente de la Junta, el popular Juan Manuel Moreno Bonilla, le asaltará la tentación de adelantar un año las elecciones autonómicas de diciembre de 2022, para pillar a los socialistas con la casa sin barrer -el gran argumento de Ferraz-, ninguno de los dos tendrá posibilidades de ganarle, menos de gobernar, a tenor de lo que dicen los últimos sondeos. Todos sin excepción.

Por eso, cuesta entender que un político con la biografía del hoy presidente del Gobierno, que debería intuir que al PSOE-A le queda todavía mucha travesía del desierto, se haya dejado embarcar en estas primarias apresuradas y le haya hecho a Díaz semejante regalo de bienvenida: poder presentarse el 13 de junio ante los 44.000 militantes del socialismo andaluz como la “candidata de las bases” frente al “candidato de Madrid” (sic), que es como ella llama a su antiguo amigo y protegido, Espadas, cada vez que ve un micrófono a tiro.

La lideresa del PSOE-A ya ha logrado una primera ventaja táctica al dividir el voto ‘sanchista’ con un tercer candidato: aumentar sus posibilidades de ganar a Espadas en primera vuelta y propinarle un duro golpe psicológico de cara a la segunda

Lógico que ella impute ahora a Espadas el pecado de ser un apparatchik. Lo sufrió a manos de Pedro Sánchez en 2017 cuando se jugaban nada menos que la Secretaría General del PSOE y hoy es su gran baza, por no decir la única, para frenar la renovación que propugna el presidente del Gobierno, a quien alguien de su entorno debería recordar que la banca siempre gana y a él le toca jugar esta nueva mano en un casino que regenta y controla con mano de hierro Susana Díaz desde hace una década.

Si yo fuera Sánchez desconfiaría de esas voces, interesadas unas, voluntaristas las más, que llevan meses susurrándome al oído “está muerta”, “esto está ganao, presidente”. Porque huele de lejos a clima de revancha entre militantes en las agrupaciones y Casas del Pueblo por lo ocurrido en 2017... Y hay que recordar que ella ganó hace cuatro años en la principal federación del partido con el papel de mala de la película colgado a su espalda.

Avales ‘susanistas’

De entrada, cuatro años después de aquello la expresidenta andaluza ya ha logrado una ventaja táctica no menor, imperceptible para el gran público pero no para los aparatos andaluces varios -no sólo Ferraz- que tanto se juegan en este envite: habrá una casi segura segunda vuelta el 20 de junio porque él teóricamente sanchista, como Juan Espadas, Luis Ángel Hierro, también se va a presentar a la primera vuelta de las primarias el 13 de junio.

Tengan por seguro que, con la excusa oficial de fomentar el “pluralismo”, a Hierro no le van a faltar avales susanistas hasta llegar a la barrera legal de 900 o más, los que haga falta, para ser tercero en liza e impedir así que el alcalde de la capital hispalense logre en esa primera vuelta el tan ansiado 50% de los votos que acabaría con el suspense y haría respirar de alivio a Pedro Sánchez, a la dirección federal y a las direcciones provinciales andaluzas que, como Jaén, Granada o Cádiz, tanto han apostado a la derrota de Susana Díaz. Es más, con el sanchismo dividido en urna, no es descartable siquiera que Díaz gane la primera vuelta, con el golpe psicológico que ello supondría.

Sí, creo que hay partido. Con esto no quiero decir que la ex presidenta vaya a ganar el día 20; es más, creo no, estoy seguro de que el antisusanismo va echar el resto y Espadas se impondrá desde el 13 de junio porque lo contrario haría entrar a todo el PSOE, no solo a la federación andaluza, en una suerte distopía de incierto futuro. Lo que sí digo es que Pedro Sánchez afrontan este proceso tras un revolcón electoral al que el nuevo socialismo no estaba acostumbrado y que han visto todos los españoles, incluidos los 44.000 afiliados del PSOE-A llamados a meter la papeleta en la urna que disponga su agrupación... que la victoria tiene cien padres y la derrota ninguno.

El sanchismo va a testar su fortaleza orgánica en la federación más extensa y disputada, y en su momento de mayor debilidad social desde que el hoy presidente derrotó a Mariano Rajoy en la moción de censura de mayo de 2018.

Y la victoria apabullante de Ayuso en Madrid no se puede explicar sin un correlato de derrota estrepitosa de Sánchez y de la coalición que formó para mantenerse en La Moncloa tras la repetición de elecciones el 10 de noviembre de 2019, no solo con el otro gran damnificado del ayusismo, Pablo Iglesias, hoy fuera de la política, sino con el llamado bloque de investidura que conforman partidos independentistas como Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) o Bildu, muy rechazados entre el electorado andaluz de casi cualquier espectro ideológico.

Así que el llamado sanchismo va a testar su fortaleza orgánica en el terreno más incierto para ello por la trayectoria histórica del PSOE-A y en su momento de mayor debilidad social desde que Pedro Sánchez derrotó a Mariano Rajoy en aquella moción de censura del 30 de mayo de 2018 que le aupó a la Presidencia del Gobierno contra todo pronóstico apenas unos días antes.

Jugada de alto riesgo está de las primarias andaluzas que, además, probablemente se dirimirá al final por unos cientos o unos pocos miles de votos, dado el carácter tendente al empate en este tipo de elecciones binarias de ámbito tan cerrado como el que se vive en las agrupaciones y Casas del Pueblo socialistas en un territorio tan extenso, con sus filias y fobias, y sus localismos y capillitas varias que a priori, dicen algunos observadores de la política andaluza, pueden jugar en contra del alcalde de Sevilla que es Juan Espadas. Veremos