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Jesús Cacho

Opinión

La pasión de RTVE según [San] Mateo, Rosa María

Rosa María Mateo.
Rosa María Mateo. Efe

En febrero de 2016, en su primer intento por ser investido presidente, Pedro Sánchez visitó Torrespaña para trasladar a los sindicatos y al Consejo de Informativos su “compromiso por una RTVE independiente y plural” que no se pareciera en nada “al modelo impuesto por el PP, un partido que utiliza los medios públicos de comunicación para sus fines partidistas”. Él iba a convertirse, ya era hora, en el campeón capaz de hacer realizar la vieja aspiración de “unos medios públicos que garanticen la pluralidad, la neutralidad y la diversidad”. Los sindicatos, atentos al quite, aprovecharon el viaje para pedirle un “plan de choque” que arreglara las cuentas del Ente y pusiera fin “al desgaste que está produciendo la manipulación informativa y la falta de credibilidad de los gestores del PP, lo que se traduce en unos bajos niveles de audiencia”. Las veces que en los últimos tiempos el personaje ha prometido trabajar “por una RTVE pública, plural y de calidad” serían incontables. Tan firme determinación por el bien público debiera mover a la admiración si no fuera porque el fiasco en el logro de tan probos objetivos mueve a la vergüenza y quizá a la risa.

La farsa del personaje Sánchez en todo su esplendor. RTVE ha sido noticia esta semana con motivo de la entrevista efectuada el miércoles a Arnaldo Otegui, condenado por pertenencia a banda armada y ahora reconvertido en cabeza de EH Bildu. Al margen del debate sobre si una televisión pública debe entrevistar o no a un antiguo terrorista que sigue sin condenar a ETA, asunto opinable donde las opiniones están divididas, la entrevista tiene lugar en un momento en que Sánchez acaba de pactar el apoyo de Bildu en Navarra para gobernar la comunidad foral con María Chivite (PSN) como presidenta, y en la casi total seguridad de que él mismo necesitará también ese apoyo para ser elegido presidente del Gobierno. A mayor abundamiento, el careto del ex pistolero aparece en las pantallas de RTVE apenas 12 horas antes de que el Congreso realice su homenaje anual a las víctimas del terrorismo, una “coincidencia” que a la desvergüenza del cumplido a los filoetarras añade la ignominia del insulto a las víctimas.

El episodio ha vuelto a poner de manifiesto algo no por sabido menos necesitado de obligado recordatorio y de exigente apremio democrático: RTVE sigue chapoteando en el barro de la manipulación informativa más soez, ahora a favor del Gobierno Sánchez como antes lo fue a favor del Gobierno Rajoy; sigue convertida en lapidaria demostración de la incapacidad de nuestra clase política para alcanzar consensos capaces de mejorar la calidad de nuestras instituciones; sigue siendo un pozo sin fondo a la hora de perder dinero, un dinero que cubren los impuestos de unos españoles en apariencia no demasiado preocupados por el desfalco. Al final, esa televisión “pública, plural y de calidad” que prometía el vistoso mozo afincado en Moncloa era esto: la televisión que pierde más dinero que nunca y que ha alcanzado los más bajos índices de audiencia de su historia, como corresponde a un medio de comunicación puesto de hoz y coz al servicio del mandamás socialista, con desprecio a la inteligencia del ciudadano medio.

La farsa del personaje Sánchez en todo su esplendor. RTVE ha sido noticia esta semana con motivo de la entrevista efectuada el miércoles a Arnaldo Otegui

A finales de 2018 RTVE empleaba a 6.458 personas (datos de la CNMC), de los cuales 5.872 son considerados “personal de convenio”, con una media de edad de 54 años y con más gente mayor de 70 años que menor de 30. El Ente tiene en nómina nada menos que 1.467 periodistas con contrato indefinido, un número que supera la plantilla total de Mediaset España (1.267 personas), no obstante lo cual muchos de los programas se siguen subcontratando a empresas ajenas. La Corporación, que sigue arrastrando los efectos del ERE que en 2006 amortizó 4.150 puestos de trabajo con un coste de 1.722 millones hasta 2022, gasta en salarios más de 400 millones, equivalentes al 43% de su presupuesto, una estructura financiera insostenible, cuyo déficit cubren regularmente los contribuyentes vía la correspondiente partida contenida en los PGE. Los siete directivos que acompañan a Rosa María Mateo, actual presidenta, se reparten 1,1 millones en salarios, a sumar a los 145.000 euros que percibe la doña.

El despilfarro público de RTVE

Ahora se habla de imponer un impuesto a las telecos para financiar el déficit de RTVE, un dinero que podría utilizarse en construir colegios y en pagar mejor a los maestros, que bien lo merecen. Parece, sin embargo, que el ciudadano medio prefiere utilizarlo en ver MasterChef y mal cine gratis, eso sí, sin molestos anuncios. Esta aparente anomalía descansa, al alimón, en la ausencia de espíritu crítico y en la falta de cultura financiera. El español medio practica una especie de “irresponsabilidad fiscal” que le lleva a pensar que no le conciernen las decisiones de gasto que toma el Ejecutivo de turno, o tal vez piensa que las copas del despilfarro público las va a pagar el vecino de en frente. Y ahí seguimos, pagando liberados sindicales, hasta 31 en RTVE, que solo en dietas se llevan a casa 850 euros mensuales, como aquí publicó en su día Rubén Arranz.

RTVE sigue chapoteando en el barro de la manipulación informativa más soez, ahora a favor del Gobierno Sánchez como antes lo fue a favor del Gobierno Rajoy

La realidad de una RTVE sindicalizada y convertida en un mero órgano de propaganda del Gobierno de turno, además de ampliamente deficitaria, vuelve a plantear el viejo dilema de su mera existencia. ¿Para qué necesitamos una televisión pública carísima y sectaria hasta decir basta, habiendo canales privados de todo tipo de ideologías? El Estado no edita periódicos y nadie le pide que vuelva a imprimir el 'Pueblo' alegando las mismas razones por las que sostiene una televisión y radio públicas. La proliferación de canales informativos o meramente culturales y/o de entretenimiento es hoy tal que convierte en una quimera la pretensión de adoctrinamiento ideológico que persiguen los partidos con RTVE cuando llegan al Gobierno. Es evidente que sigue influyendo en determinadas capas de población rural y/o de menos nivel cultural y de renta, pero su influencia dejó de ser determinante hace tiempo, como refleja los actuales niveles de audiencia situados hoy en un pobre 15%, al punto de que Telecinco casi iguala la misma audiencia que todas las cadenas del Ente. El sectarismo de la Mateo, cuya gestión va camino de convertirse en la peor de la historia de la Corporación, ha terminado por echar de la pantalla a aquella legión de españoles acostumbrados a ver, con PSOE o con PP, el telediario de la noche, uno de los programas más vistos de siempre, ahora insufrible a cuenta de la apoteósica inyección de Memoria “Histérica”, ideología de género y feminismo rampante. 

La llegada al Gobierno de Sánchez ha terminado por decantar la situación de una RTVE literalmente tomada por la izquierda, y en gran medida por la izquierda podemita (“Lo importante es que RTVE deje de ser un órgano de propaganda” Iglesiasdixit) situación a la que ha contribuido decisivamente el natural talento de don Mariano y sus tecnócratas, con Soraya a la cabeza, capaces de situar al frente de la Corporación a los más tontos del lugar, aunque, eso también, los más fieles y los más de derechas. La desvergüenza de la mayoría sindical y política que hoy controla RTVE, dedicada a apuntalar la visión revanchista de las dos Españas, no tiene límites. Así, les parece muy bien la presencia de Otegui en pantalla, pero piden el veto para Santiago Abascal, y si a alguien se le ocurre, caso del economista Juan Ramón Rallo, plantear en antena el debate sobre la existencia misma del Ente, los sindicatos, con los periodistas al frente, arremeten contra él y reclaman su censura física. Cualquier cosa antes de permitir que los españoles decidan un día acabar con el chollo del que vive una minoría ideologizada hasta el tuétano.

El sueño de una noche de verano

La renovación del alto mando de RTVE será una de las primeras cuestiones a atender por el nuevo Parlamento. La intención manifestada por los líderes de los partidos de despolitizar el futuro Consejo suena a broma a la luz del perfil ideológico de varios de los más notorios candidatos, caso de Alicia Gómez Montano, mucho más cerca de Podemos que del PSOE, o del omnipresente Fran Llorente (verdadero presidente en la sombra). El concurso público correspondiente está parado, como conviene al inquilino de Moncloa, lo que ha servido para alargar la situación de interinidad de la comisaria Mateo, que administra el Ente sin ningún control del Consejo de Administración. Sanchismo en estado puro, o la pasión de RTVE según (San) Mateo y sin música de Bach. Tamaña exhibición de autoritarismo ha provocado no pocas tensiones internas, hasta el punto de que los apoyos de la señora –María Escario, Elena Sánchez, y Federico Montero- se cuentan con los dedos de una mano. Los rumores sobre su eventual dimisión antes de que el Congreso elija su sucesor/a se vienen sucediendo, frente a la certeza de quienes aseguran que no se irá mientras Sánchez necesite de sus servicios para controlar RTVE a su antojo.  

Los siete directivos que acompañan a Rosa María Mateo, actual presidenta, se reparten 1,1 millones en salarios, a sumar a los 145.000 euros que percibe la doña

Si el futuro de RTVE parece ligado, como dicen los expertos en la cuestión, a la elección de ese Consejo de Administración capaz de despolitizar las estructuras de RTVE, entonces podemos dar la batalla por perdida. La izquierda, con los sindicatos por vanguardia, que hace tiempo se apoderó de RTVE, no va a soltar esa presa ni con un batallón de la Legión rodeando Torrespaña con la cabra por testigo. Esa izquierda podemizada piensa que RTVE les pertenece por derecho de conquista y que los españoles están obligados a pagar su nivel de vida sin rechistar. Y los contribuyentes muy probablemente seguirán pagando en silencio y manteniendo la bicoca de unos cuantos a cuenta de los impuestos de todos. Eso sí, con una televisión pública cada día más sectaria y con menos audiencia. La idea de una RTVE independiente, plural y dirigida por profesionales de prestigio, además de barata, sigue siendo el sueño de una noche de verano.

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