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Rubén Arranz

El dardo de Arranz

RTVE y una chapuza propia de Pepe Gotera y Otilio

La administradora única provisional de RTVE, Rosa María Mateo.
La administradora única provisional de RTVE, Rosa María Mateo. EP

Quizá usted todavía no lo sepa, pero hace más de dos años se convocó un proceso de selección para elegir al sucesor de Rosa María Mateo al frente de Radiotelevisión Española y ha derivado en un absoluto caos. La causa es la de siempre: el asunto requería que los partidos dejaran volar libre a la televisión pública y, sencillamente, han hecho todo lo posible para evitarlo. Eso sí, lo han tratado de vestir bonito para poder vender ante la opinión pública la idea de regeneración. Y nada más lejos de la realidad.

Digamos que el concurso ha sido tan rocambolesco que el Comité de Expertos que se seleccionó para evaluar las candidaturas de los participantes decidió ser innecesariamente explícito a la hora de elaborar su resolución, a modo de jurado antipático de concurso de talentos.

Tal es así que a la aspirante Elena Sánchez –que entonces era directiva de RTVE- le acusó de copiar información de la Wikipedia. A Luis Alfonso Albornoz le lanzó un dardo por “describir la realidad de manera muy torpe”. A Francisco José García Paramio, de plantear un proyecto que es más propio de una presentación de Power Point que un análisis y desarrollo argumental”. Sin duda, un sentido del humor hilarante.

Este ‘consejo de sabios’ realizó hace casi dos años una criba por la que seleccionó como finalistas a 20 de los 95 candidatos que habían concurrido. Sus miembros invirtieron varias semanas en leer las miles de páginas de documentación que les remitieron los participantes y mantuvieron varias reuniones que, en algunos casos, se extendieron durante todo el día. Según aseguraron sus vocales, evaluaron a los candidatos de forma anónima.

El resultado es un retraso lamentable en la elección del sustituto de Rosa María Mateo, lo que ha provocado un doble efecto que ha terminado de destrozar RTVE

Hace unos días, los grupos parlamentarios del PSOE y del PP decidieron tirar a la basura la resolución del Comité de Expertos, en una decisión, como poco, controvertida. Lo hicieron a partir de un informe elaborado por los letrados de las Cortes generales que, entre otras cosas, sugería la posibilidad de ‘repescar’ a los 75 candidatos que habían quedado eliminados. ¿Por qué? Pues porque entre los 20 finalistas sólo había tres mujeres (una falleció el año pasado). Por tanto, no se cumplía el requisito de la igualdad.

¿Y por qué debería cumplirse ese precepto en un concurso de méritos en el que se ha juzgado los proyectos ‘a ciegas’, es decir, sin saber si pertenecían a un hombre o a una mujer? Evidentemente, era imposible. Nadie lo previó pero, de repente, los partidos consideraron que este punto era de indispensable cumplimiento y revocaron una decisión que se produjo hace 22 meses.

De paso, se cargaron el concurso, pues aunque los portavoces de la Comisión de Nombramientos de las Cortes harán el paripé en las próximas semanas y dirán que elegirán al presidente y a los consejeros de RTVE por sus méritos, lo cierto es que lo harán a dedo. Y es evidente que el margen para que su decisión sea arbitraria es mayor con 95 nombres sobre la mesa que con 20.

Un país sin consensos

El ridículo que han realizado las dos Cámaras con este asunto es mayúsculo. No sólo por lo anteriormente expuesto, sino porque han demostrado, en ocasiones, un absoluto desprecio hacia las reglas del juego. Para el recuerdo quedará la prórroga que se concedió a los participantes para que subsanaran errores en sus candidaturas que sirvió, en realidad, para que unos contaran con más tiempo que otros para elaborar los proyectos de gestión de RTVE que debían presentar.

El resultado es un retraso lamentable en la elección del sustituto de Rosa María Mateo, lo que ha provocado un doble efecto que ha terminado de destrozar RTVE: por un lado, una caída de audiencia que costará mucho tiempo recuperar. Por otro, una falta de información intolerable sobre la forma en la que se han gestionado los casi 2.000 millones de euros que han pasado por las manos del equipo directivo de RTVE. Sin Consejo de Administración, la opacidad ha sido mayor.

La imagen de la televisión pública se ha desgastado todavía más en esta etapa ante la inoperancia de su administradora única, los movimientos sospechosos de Moncloa para controlarla, las críticas de trazo grueso de una oposición que no se lee los papeles y el total desatino de la política de comunicación de RTVE.

La conclusión que se extrae de esta sucesión de infortunios es evidente: una vez más, los partidos han actuado en contra del interés general para tratar de imponer o mantener su dominio sobre una parcela del Estado.

En este caso, además, cambiando las reglas del juego sobre la marcha para adaptar el resultado a sus intereses. El resultado de esa pugna es la degradación de un servicio público, aunque eso da igual: lo importante, a fin de cuentas, es sentar a gente de su confianza en cada uno de los puestos de decisión de la Administración. Sean buenos o malos. Valgan o no para desempeñar su función.

El país se cae a cachos, pero ellos siguen enfrascados en sus absurdas refriegas. Es insostenible.

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