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Miquel Giménez

Opinión

Ni rey ni vergüenza

Más de una hora ha estado Laura Borrás con Don Felipe. Al salir, la diputada neoconvergente ha declarado, furibunda cual valquiria en un seminario de pacifismo, que los catalanes no tenemos rey

El rey Felipe VI saluda a la diputada de JxCat en el Congreso Laura Borràs
El rey Felipe VI saluda a la diputada de JxCat en el Congreso Laura Borràs

Los separatistas con cargo, sueldo e incluso palangana oficial para abluciones a cargo de los españoles, saben vivir muy bien. Ahí tienen a Laura Borrás, de profesión sus deportivos. Un Jaguar FX tiene, mira tú, igualito que el hijo mayor de los Pujol, solo que él posee, además, una colección de deportivos tan extensa que podría organizar las 24 horas de Le Mans solito. Ya se sabe, tacita a tacita, se consiguen estas cosas.

Ha salido de despachar con el Rey con más orgullo que Don Rodrigo en la horca y, de hacerle caso, le ha dicho de todo: que en España hay presos políticos, que el discurso de su majestad fue detonante de la violencia policial, que fue a votar el 1-O – como si le importase un pimiento al rey -, que qué carajo era el “A por ellos”, que si los déficits democráticos, que ellos tienen la verdad, la razón y el espíritu santo de su lado, vamos, que son imparables. Le ha entregado una cartita de Jordi Sánchez y un mensajito de Puigdemont y hala, ya está. De atenernos a su versión, el monarca se ha quedado en el lavabo sin querer salir, sentado en la taza y mordiendo una mantita.

Gracias a Dios sabemos quién es ella y quién es el Rey. Borrás miente más que habla, como todos los dirigentes separatistas. Mienten por patología, por comodidad, por incompetencia, por método. La ex directora de la Institució de les Lletres Catalanes y promotora del colectivo Koiné, que defiende el uso del catalán como única lengua oficial en Cataluña, ha mentido o, por ser piadosos, ha exagerado. No ha sido tan fiera la leona como ella se pinta.

Cuentan las malas lenguas que Don Felipe, con esa cortesía acerada, gélida, heredada de su augusta madre, le ha preguntado “Bueno, ¿y como pensáis arreglar esto?”

Cuentan las malas lenguas que Don Felipe, con esa cortesía acerada, gélida, heredada de su augusta madre, le ha preguntado “Bueno, ¿y cómo pensáis arreglar esto?”. Sin anestesia. Borrás se ha sentido muy azarada. Así que de leerle el Manifiesto de los Plebeyos y cantarle La Carmagnole, nada de nada.

Borrás, ciertamente, ha hablado de que que habrá que votar alguna cosa, a saber, lo que se viene denominando “una solución política al conflicto”; a renglón seguido, se ha apresurado a decir que, para demostrar su buena voluntad, no piensan hacer correr el escaño, es decir, Rull, Turull y Sánchez no dejarán su acta, con lo cual habría tres votos en contra menos en la investidura de Sánchez. Colaborar con la estabilidad de España, lo ha denominado.

Esas lenguas maliciosas me susurran al oído que Borrás le ha dicho al rey que están fraguando un acuerdo con Sánchez – Batet mediante, no en vano era una furibunda separatista en sus épocas de chicoleo con cierto ultra separatista - para darle una salida airosa al tema. Y que esa solución, que servidor la lleva apuntando hace meses, la solución Tardá, sería una consulta no vinculante con tres o cuatro preguntas que iría aparejada con numerosas concesiones en lo económico y político a la Generalitat. Y siguen esas lenguas diciéndonos, entre espasmos de risa, que el rey ha escuchado, tomado nota y solo habría añadido que dentro de la Constitución cabemos todos y todo; fuera, nada ni nadie. Lo de la separación de poderes y que ni el jefe del Estado ni el Gobierno pueden ordenar a un juez que ponga en libertad a los golpistas no se ha tratado.

Borrás ha salido fingiendo que poco menos había abofeteado al rey, soltando una porción de embustes, para salir escopeteada acto seguido a pasarle el parte al trío de reyes de la baraja que tiene como monarcas absolutos, a saber, Torra, Mas y Puigdemont. Eso es el separatismo: el rugir de un Jaguar XF que se las da de carreta repleta de aristócratas y reyes condenados a la guillotina. ¿No tienen Rey? Lo que no tienen es vergüenza. Ahora, deportivos sí.

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