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Manuel Alejandro Hidalgo

Opinión

Un programa resiliente

Es un papel escrito por tantas manos como ministros tiene la Iglesia. O el Gobierno. Una encíclica más que una propuesta

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la presentación del plan de resiliencia.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la presentación del plan de resiliencia.

Quizás soy un soñador. O quizás no conozco aún los límites reales de lo imposible. Pero después de una lectura sosegada y tranquila del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR), la sensación es de una leve decepción. Siempre pensaba que un plan de reactivación de una economía que viene de conocer las profundidades y que necesita de un programa de acción a una o dos décadas vistas, aun siendo un borrador, podría dar más de sí.

Y no me entiendan mal. Estamos en los inicios y el PRTR, ahora mismo, es lo que es: un mensaje político. Lo importante es que en primavera tengamos algo serio para venderle a Europa. Como dijo en su ocasión Iker Casillas, “lo importante no es si ganas o pierdes el primer partido, sino si ganas la final”. Aquí igual. Lo importante no es cómo es el PRTR ahora sino cómo será cuando lo acabemos. Pero no deja de ser una desilusión que, en estos momentos, lo presentado sea un simple documento prototípico en pdf con banderitas y mucho texto. Demasiado texto para lo que quiere contar. Casi todo lo que está debe estar, pero no todo lo que debe estar, está. Y, mientras tanto, el lenguaje y la retórica juega a entretener más que a concretar.

Una vez iba en el AVE con un buen colega. Llevaba una revista diocesana y la tenía abierta por una entrevista a un arzobispo de una capital andaluza. Subrayaba el texto y tomaba notas. Al parecer, no era la primera vez. Gustaba de hacer este ejercicio. “Hay gente pa tó” como le diría el Gallo a Ortega y Gasset. Yo, extrañado, y tras recorrer dos tercios de la distancia que separa Sevilla de Madrid, no pude contener por más tiempo mi curiosidad y le pregunté. Quería saber la razón de su entretenimiento. Y por qué tomaba notas. Me preocupaba molestarlo. No conocía de su posible, o no, vinculación con la Iglesia y no quería parecer lo que no era. Su respuesta no fue la que me esperaba. Señalándome un par de frases que había escrito, mientras las miraba con cara de saberse el centro de mi curiosidad, volvió su mirada al texto de la revista y dijo:

- ¿Ves todo lo que hay ahí escrito? O mejor ¿todo lo que el Excelentísimo y Reverendísimo tiene a bien decir?, preguntaba mientras asentía con la cabeza.

- Pues bien, he condensado en dos frases lo que su Excelentísimo y Reverendísimo señor dice en 350.

Después de reponerme de mi asombro, y de las ganas de reír, estuvimos comentando su ejercicio. A él, me decía, le encantaba hacer estos análisis. En nuestra conversión me explicó que lo mejor que podría hacer alguien, y que tiene que comunicar a sus fieles un mensaje, es tratar de no dar vueltas a lo mismo, como hacen los perros antes de irse a dormir, e ir directo al mensaje.

- Ahorras tiempo y nadie pensará nunca que no eres un buen comunicador”- me dijo.

Leyendo el borrador del PRTR he recordado a mi colega. El plan tiene sus fortalezas, tratando con esto de jugar también con una de las diapositivas de la presentación del presidente. La digitalización y la transición ecológica están en el programa. El pilar social se incluye, algo razonable dados los objetivos ya marcados por la UE y por la Agenda 2030. No faltan las habituales y necesarias referencias anglosajonas, como re-skilling, up-skilling y long-life education. Pero veo demasiada parafernalia en contar cosas con un lenguaje que parece buscar, sobre todo, la aprobación de un electorado entregado. Demasiada jerga como fin último de la política española para un borrador de un documento que deberá ser presentado en Bruselas.

Este rimbombante texto no era necesario y espero que vaya desapareciendo en sucesivas versiones mientras gana el tecnicismo. También que se vayan corrigiendo jerarquías en las políticas

El PRTR debe ser un código de programación que deberá señalar allí donde habrá de instrumentarse las inversiones financiadas por la Unión Europea. Este código todavía debe desarrollarse. Como he comentado, aún es pronto para ser demasiado críticos a un trabajo que siquiera se ha iniciado. Pero es evidente que este documento lleva la firma de muchos autores, entre los cuales podemos identificar los diferentes perfiles que sobre él han trabajado. Por un lado, economistas y técnicos que saben de lo que escriben (y hablan). Por otro, el retoque retórico al que nos acostumbran los jóvenes nacidos de la nueva política. Este rimbombante texto no era necesario y espero que vaya desapareciendo en sucesivas versiones mientras gana el tecnicismo. También que se vayan corrigiendo jerarquías en las políticas, donde algunos objetivos trasversales han sido elevados a ejes de actuación. Pero como un buen guionista de una película histórica, lo importante es lo que cuentes y cómo lo cuentes, no si lo que cuentas tiene rigor.

También se echa en falta las propuestas de reformas más allá de las pocas que aparecen, como la de la Administración, y que en mi opinión debe ir mucho más lejos a lo apuntado. Si es un documento político que debe usarse como tal, quizás es razonable, desde esa estrategia, que no aparezcan las que echamos de menos. Pero tarde o temprano habrá que pronunciarse. Y no se podrán poder de perfil, de nuevo.

La administración española, la central y las de las comunidades autónomas, ya tienen equipos y centros con capacidad. Solo es necesario establecer mecanismos de cooperación

Por otro lado, merece una especial atención la gobernanza esbozada. Mucho equipo y mucha complejidad para lo que no debe tenerlo. Debemos entender que cada paso, cada nodo, cada etapa en la toma de decisiones es, en la administración, un potencial cuello de botella. La administración española, la central y las de las comunidades autónomas, ya tienen equipos y centros con capacidad. Solo es necesario establecer mecanismos de cooperación. Fundamental podría ser la ya existente Comisión Delegada para Asuntos Económicos, que preside la ministra de Economía y donde la de Hacienda es vicepresidenta, con la participación de un representante de presidencia, y que podría ser asistida técnicamente por una comisión interministerial presidida por la/el directora/director general de Fondos Europeos del Ministerio de Hacienda. Esta comisión interministerial, a su vez, delegaría en subcomisiones de trabajo con los diferentes ámbitos de necesario análisis, como con las DG de Fondos Europeos de las diferentes comunidades, con representantes de empresarios y sindicatos en el entorno del Diálogo Social, … Todo más sencillo y vertical explotando las capacidades y conocimientos de lo que ya hay. Sin embargo, todo parece forzado para que las decisiones se tomen, al final, en un solo despacho y con muy pocas personas.

En fin, no es momento de ponernos demasiado críticos. Este papel ha sido escrito en pocos días por diversas manos y con más versiones corregidas que ministros tiene la Iglesia. O el gobierno de España. Es una encíclica más que una propuesta. Es una retórica de lo que se quiere hacer. Insisto, tiene mucho de lo necesario, pero a veces parece que esto acompaña más a palabras engarzadas tan torpemente que parece que esto último fuera realmente la razón de su presentación. Quizás solo hubieran sido necesarias dos frases. Eso sí, mejor sin “resiliencia”.

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