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Juan Laborda

Opinión

Por qué la recuperación no se traslada a la gente

Los banqueros centrales se han convertido en meros "ilusionistas” que, entre bambalinas y en reuniones secretas, controlan los mercados globales y dictan la política económica

Mario Draghi.
Mario Draghi. efe

La salida en falso de la Gran Recesión se ha traducido en un repunte de la actividad económica sin una mejora de las condiciones de vida de la mayoría de los ciudadanos. Es un proceso generalizado que no solo ocurre en España. En el origen de todo, el continuo y constante subsidio de los Bancos Centrales a los bancos privados durante la última década. Los Bancos Centrales parece que han entendido los principios básicos de la Teoría Monetaria Moderna, pero están haciendo un uso retorcido y torticero de la misma. Por eso la economía está en un proceso continuo de inestabilidad, al crearse continuamente burbujas de activos.

En el trasfondo de todo ha emergido un poder en la sombra, al margen del control por parte de los gobiernos y de los ciudadanos. Me refiero al papel de los bancos centrales cuyas acciones, bajo una aparente independencia, muestran en el fondo las profundas interrelaciones entre el dinero y el poder. ¿Cómo si no se puede explicar las medidas tomadas tras la Gran Recesión y que no atajaron el problema de fondo? La crisis sistémica fue consecuencia de un proceso de acumulación de deuda privada alrededor de distintas burbujas financieras e inmobiliarias. Por lo tanto toda solución pasaba por una reestructuración del sistema bancario en su conjunto y por quitas de deuda. La solución óptima ya se conocía, pero no se hizo. La razón de fondo, la defensa de los intereses de la élite bancaria ya que ella era en realidad la principal beneficiada de las burbujas, y la gran acreedora del propio sistema bancario global.

Estamos en un momento peligroso porque nunca hemos tenido tanto dinero provisto por los bancos centrales. Estamos en territorio desconocido

Hemos llegado a tal punto que los banqueros centrales se han convertido en meros "ilusionistas”. Han coordinando entre bambalinas, bajo la tenue luz de ciertas velas encendidas en reuniones secretas, cómo controlar los mercados globales y dictar la política económica. Los "subsidios", cortesía de los bancos centrales, supuestamente destinados a ayudar a las economías, solo han servido para que los bancos privados y las grandes corporaciones logren ganancias récord y se alcance máximos continuados en los mercados bursátiles. El problema es que los banqueros centrales no tienen una estrategia de salida, pero si se reducen o se eliminan dichos subsidios se producirá otra nueva convulsión económica. De ahí la inestabilidad intrínseca de la salida acordada a la Gran Recesión.

Atrapados en un bucle: no se puede quitar el subsidio a los bancos

La hipótesis de partida que habría que contrastar bajo este razonamiento sería la siguiente: la coordinación entre la Reserva Federal, el Banco Central Europeo, el Banco de Japón y otros bancos centrales ha financiado actividades bancarias a costa de la gente. Los principales bancos centrales del mundo están proporcionando un subsidio de dinero barato sobre el que flotan el sistema bancario privado y los mercados financieros. Si se redujera, el dinero saldría del mismo sistema financiero que se ha estado inflando. Y esa es la definición de una crisis. Estamos en un momento peligroso porque nunca hemos tenido tanto dinero provisto por los bancos centrales levantando el sistema financiero. Estamos en territorio desconocido.

Los bancos centrales tienen un poder ilimitado, regulatorio, generador de dinero sin control y sin auditar por parte de la ciudadanía. Y esa es la razón por la que desde las elites económicas se impuso un dogma o verdad indiscutible, la necesidad de Bancos Centrales independientes. Pero esa independencia la utilizaron para favorecer a determinados intereses de clase. Tras ser uno de los grandes responsables de la crisis de deuda privada, y de la insolvencia del sistema financiero que ello implicó, los reguladores propugnaron rescates bancarios con dinero público, es decir, a costa de los contribuyentes. En su labor de “independencia” siempre han defendido a los acreedores, el propio sistema bancario, cuando las experiencias más exitosas quienes lo pagaron básicamente fueron los acreedores.

Nuevas señales de alarma

Pero vuelven a aparecer señales de alarma. En países como Estados Unidos, la deuda de los consumidores ha vuelto a alcanzar niveles récor históricos. En nuestro país, en ausencia de rentas, las familias vuelven a endeudarse, mientras el nivel de deuda soberana alcanza un nuevo máximo. Cuando esta máquina de la deuda vuelva a pararse tendremos otra recesión económica. Por eso, si se les quitara hoy los subsidios a los bancos privados el sistema colapsaría. La conclusión es muy sencilla, no lo harán. La realidad es que si el sistema bancario funciona, es porque está siendo subsidiado. Como corolario, su salud real no es buena. Si estuviera realmente bien, ese dinero no haría falta. Pero sin él no durarían ni una semana.

¿Qué conclusiones podemos sacar de política económica? Son necesarias profundas reformas en el sistema financiero. Hay que poner bajo supervisión pública los principales centros financieros internacionales. Se debe promover la separación plena entre la banca comercial y banca de inversión. Es necesario un control de la expansión del crédito ex ante en lugar de castigar a los deudores a posteriori. Se deben poner límites al tamaño de los bancos. Aprovechándose del riesgo moral de que son “demasiado grandes para quebrar”, los bancos sistémicos, cada día mayores y más sistémicos, están siendo subsidiados por los contribuyentes de las distintas naciones. Es necesario acabar con ello.

El sistema bancario está siendo subsidiado. Si se les quitaran hoy las ayudas a los bancos privados el sistema colapsaría, así que la conclusión es muy sencilla: no lo harán

Pero además se debe usar la política fiscal, incluido el balance del Banco Central, para forzar a que las empresas desvíen más fondos hacia la economía real, nuevas inversiones productivas, formación de sus trabajadores, aumentos salariales, es decir, cualquier cosa que realmente ayude a la economía en general, en lugar de dedicarse a recomprar acciones o destinarse a remunerar a consejos de administración que no se lo merecen. Parte del dinero que se ha conjurado para los bancos se podría haber usado para todo esto, en lugar de hacerlo desaparecer vía sistema financiero.

La conclusión más importante es que si no se implementan ninguna de estas propuestas, no habrá una mejora de las condiciones de vida de la ciudadanía, y la situación como tal se mantendrá hasta que estalle de nuevo otra crisis de deuda. En ese caso volveremos al punto de partida, la Gran Recesión. ¡Cuánto tiempo perdido, y cuánto destrozo innecesario!

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