Mariano Rajoy se reúne con Pedro Sánchez en La Moncloa hoy, nada menos que 21 días después de ser elegido secretario general del PSOE... y eso porque el Rey celebró con el socialista este martes su primera audiencia, larga, casi dos horas, y empiezaba a ser muy evidente que tanto mal ambiente condiciona más de lo que parece la relación PP/PSOE en un momento muy delicado para la estabilidad de España tras la convocatoria de un referéndum secesionista en Cataluña.

En 2014, Rajoy corrió a telefonear a Sánchez para protagonizar la escena del sofá al día siguiente de su elección, pero nada es igual tres años después. El presidente del Gobierno era de la gestora socialista que defenestró a Sánchez tanto o más que Susana Díaz o Javier Fernández, porque piensa que su renacido rival ha acreditado ser un oportunista dispuesto a quitarle el cargo "a cualquier precio"; esto es, sin ganarle en las urnas y después de bloquear el país durante casi un año en la fracasada XI Legislatura.

Así que ha cedido, sí, pero a regañadientes y sin sustraerse a una última tentación de achicarle espacios de oposición antes de recibirle. Me explico: El secretario general del PSOE ya llegaba vendido esta mañana a La Moncloa porque en el asunto catalán no le queda otra que apoyar al Gobierno, por muchas "soluciones políticas" que pida cara a la galería.

Pero es que, además, el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, anunció ayer por sorpresa que se eleva una décima el objetivo de déficit de las comunidades autónomas para 2018 y 2019, hasta el 0,4 % y el 0,1 % del PIB, respectivamente, con lo que se aplaza hasta 2020 la exigencia de llegar al equilibrio presupuestario... palabras mayores, mil millones más para gastar en Sanidad y educación, que ningún consejero de Economía en su sano juicio puede rechazar en serio después de una década de recortes.  

Difícil papeleta para un Pedro Sánchez sabe que la foto resultante este mediodía no puede ser igual de desabrida que la que ilustra esta opinión. Nadie lo entendería; ni millones de catalanes no nacionalistas, que ansían en silencio que acabe la pesadilla sin que se rompa un plato, ni mucho menos el resto del país.

No al chantaje

Esa instantanea fue tomada el 12 de febrero de 2016, diez días después de que Rajoy comunicara al Rey que renunciaba a ser investido por carecer de mayoría parlamentaria y el Felipe VI se lo encargara a Sánchez. Quien ejerce de anfitrión en aquel saloncito del Congreso es Pedro Sánchez, fácil de adivinar por la cara de humillación de quien entonces solo era jefe del Ejecutivo en funciones y finalmente lo consiguió seguir siéndolo en plenitud del cargo.

Así que ayer, escuchando a Montoro, muchos en Ferraz pensaron en la condición humana, tan pasional con el desquite; en ese achique de espacios en asunto crucial como es el aumento de gasto público, la agenda social de la que gusta presumir el PSOE... Desde mediodía todo fueron llamadas entre Ferraz y sus gobiernos autonómicos, que se acababan de quedar sin excusa para seguir votando "no" mañana, viernes, en el Consejo de Política Fiscal y Financiera (CPFF).

Al final, se impuso la disciplina y los consejeros de Andalucía, Extremadura o Castilla-la Mancha, entre otras comunidades, tiraron de argumentario: no se va a ceder al "chantaje"... Cualquier cosa antes que dejar a Pedro Sánchez a los pies de los caballos este mediodía en La Moncloa