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Miquel Giménez

Opinión

Torra, callado y misterioso

La dura realidad social les ha estallado en la cara a quienes solo saben vivir instalados en su mentira irreal. Ante la huelga de médicos, de estudiantes, de bomberos, el Govern de Quim Torra no dice nada. Ellos, como Carles Puigdemont en Waterloo, están callados y misteriosos.

El presidente de la Generalitat, Quim Torra.
El presidente de la Generalitat, Quim Torra. EFE

Es una ingeniosa y divertida frase que hemos escuchado en labios del gran Mario Vaquerizo, aunque la autora es la no menos grande Bibiana Fernández. “Yo, callada y misteriosa”, es un recurso que utilizan cuando de lo que se trata es de pasar desapercibido sin que se note que estás ahí. Por eso mismo, Torra, Puigdemont y sus gentes están en esa tesitura, calladísimas como muertas unas y haciéndose las misteriosas el resto. Verbigracia, la Consellera de Cultura, Laura Borrás, que ya ha salido explicando que si hay problemas en la Sanidad es por culpa de que Cataluña está malísimamente financiada y, claro, luego pasa lo que pasa. Es decir, que ya en el 2010 Artur Mas le pegara una hostia soberana al presupuesto sanitario, rebajándolo en más de mil quinientos millones de euros, o que de entonces acá los altos cargos sanitarios, sí, los nombrados a dedito por los sucesivos gobiernos convergentes y neoconvergentes se hayan subido los sueldos llegando muchos a cobrar más que Torra es cosita de esa España malísima, pérfida, franquista y derechosísima. Vale, Laura, ya lo pilamos. Tú, casi mejor que en lugar de misteriosa te estés calladita. Mona no te digo que vayas a estarlo, pero por lo menos nos ahorraremos pasar vergüenza ajena al escuchar lo que dices.

Y es que vale muchísimo más la pena estar callados y no soltar prenda que ir diciendo, como Eduard Pujol, aka Patinete-Man, que discutir de sanidad es hacerlo de migajas, porque lo importante es la República. Tracatrá. A este, no le recomendamos que esté ni callado ni misterioso. Lo mejor que podría hacer es soplar en una bolsa de plástico, a ver si así se le pasa el ataque de hiperventilación. Es decir, que el mundo separatista está en esas tesituras hamletianas y no sabe si cortase las venas o dejárselas largas, porque ve como la calle se incendia y ellos no saben ni apagar un fósforo. Cuidado, entre la gente que está manifestándose hay muchísimos de los suyos, no nos equivoquemos, que hemos visto más de una y más de dos esteladas modelo PSAN y hemos escuchado consignas que, si no son cupaires, se les parecen mucho. Aunque la extrema derecha se vista de independencia, extrema derecha se queda.

Y lo son, qué duda cabe, porque su discurso político es supremacista y el social es ultra liberal rayando en lo extremo. Así pues, con la gente de a pie indignada, parte de los suyos a los que la lucha de clases les tira más que el Cant de la Senyera, la medicina de primera asistencia paralizada, las aulas cerradas, los bomberos, sí, esos mismos que colgaban banderitas de la estrella en sus cuarteles, acordándose de sus progenies y enfrentándose a los Mossos, ¿qué puede hacer Torra? ¿Salir y recordarnos que vaticinaba un otoño caliente para España? ¿Volver a convocar en su imaginación una marcha colosal en Cataluña, otra enorme en toda Europa y una movilización constante? Pues claro que no. Encerradito en Palau con su gente se está mejor, que en la calle empieza a hacer frío.

Con Puigdemont pasa otro tanto. Tan dado el caballero a tuitear acerca de lo que sea, pero, en este asunto, que tiene mucha más importancia que lo de Valtonyc, por decir algo, el fugado no emite opinión alguna. Qué cosas. Aquí no habla ninguna de las primeras figuras del asunto esteladísimo, ni siquiera el lenguaraz Toni Comín, ex conseller de la materia. Hace bien, porque para decir chorradas siempre está uno a tempo. Lo que se ve clarísimo es que ni Torra ni la neoconvergencia tienen el menor interés en gobernar para la calle ni para sus problemas reales. Yo sostengo que es porque, aunque quisieran hacerlo, no sabrían por dónde empezar. Están hechos al mitin fácil, la arenga a sus partidarios, las entrevistas masajeadas con final feliz, a propaganda pagada con el dinero de todos, pero no les pidamos que actúen como responsables políticos porque no son eso. Nunca lo han sido, ni los suyos les votaron para tal cometido. Están sentados en sus comodísimos sillones para gesticular y punto. Son activistas con sueldos hiper dimensionados y punto. Los sacas de decir cuatro palabritas en unos juegos florales cualquiera y se pierden.

Esta situación tan grave, porque tener a los funcionarios en pie de guerra no es cosa baladí en ninguna parte del mundo, empieza a preocupar en el seno del PDECAT. Nos consta que se están produciendo movimientos en ese sentido. Que la actual Consellera de Salut no haya dicho ni mú – vale que está de baja por maternidad, pero ya que son tan amantes del Skype podría haber hecho unas declaraciones para calmar a los médicos en huelga, ni que fuese – o que lo poco que ha trascendido sean las barbaridades de Pujol y Borrás tiene de los nervios a dirigentes veteranos. ¿Qué pensarán, me pregunto, Neus Munté o Xavier Trías, ex abogada laboralista de UGT la primera y médico y ex conseller de sanidad el segundo? Por cierto, un muy buen conseller, digámoslo todo.

Estas personas que han demostrado sensibilidad social, talante dialogante y sentido de la responsabilidad no deberían estar ni calladas ni misteriosas. Por el bien del país. La enfermedad, que sepamos, no atiende a si eres independentista o constitucionalista y los médicos tienen razón. ¿Hay vida inteligente en el Govern o en quienes le dan apoyo para salir a la palestra y decirlo?



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