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Juan Laborda

Opinión

Qué debería incluir el acuerdo de gobierno entre PSOE y Podemos (I)

Los problemas que arrastra nuestro país son lo suficientemente graves como para que, de una vez por todas, la clase política se arremangue y empiece a ser de utilidad

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias EFE/ Zipi

Resulta inaudito que a estas alturas no haya aún atisbos de formación de un nuevo Gobierno, obviamente alrededor de Pedro Sánchez. Los problemas que arrastra nuestro país son lo suficientemente graves como para que de una vez por todas la clase política se arremangue y empiece a ser de utilidad a una ciudadanía profundamente hastiada. La formación del nuevo gobierno pasa por un acuerdo programático entre PSOE y Podemos, que sin duda no es del agrado de todos aquellos que reclaman sentido de Estado, léase mantener statu-quo actual, y que tratan de promocionar un acercamiento PSOE y Cs. Hay algo que todo demócrata no debe pasar por alto: las presiones de determinados grupos de interés -antiguos monopolios naturales y sector financiero- y mediáticos para colocar a aquellos que mejor defienden sus intereses.

Pero para mi sorpresa las discusiones entre PSOE y Podemos, o al menos aquello que sale a la luz en los medios de comunicación patrios, está girando alrededor de aspectos insustanciales. El PSOE vuelve a las andadas, mostrando de nuevo su alma socio-liberal, ésa que oculta en las campañas electorales y que siempre promete que va a modificar. Podemos aparentemente está más preocupado por ciertos sillones que por un acuerdo programático disruptivo de mejora de las condiciones económicas y sociales de nuestro país. Se está perdiendo un tiempo precioso especialmente en un entorno único, donde aquello que socialmente es justo, económicamente es sin duda más eficiente. Lo urgente es alcanzar un acuerdo programático ambicioso, porque lo que se acuerde ahora nos afectará en las dos próximas décadas. Pero vayamos por partes.

Primero, aceptar lo obvio: el neoliberalismo ha fracasado

El acuerdo entre PSOE y Podemos debe recoger en primer lugar el fracaso del consenso económico que rige la economía desde principios de los 80. En su momento introdujimos el análisis del estratega jefe de una de las mejores gestoras de fondos del mundo, GMO, el extravagante y extraordinario James Montier, en colaboración con Philip Pilkington, de la Kingston University, ambos postkeynesianos de pro. Son dos piezas fundamentales, claves para entender lo que está pasando desde una perspectiva distinta. Por un lado, “Six Impossible Things Before Breakfast”, y, por otro, y sobre todo, “The Deep Causes of Secular Stagnation and the Rise of Populism”.

Para Montier y Pilkington nos encontramos con un sistema roto de gobernanza económica, denominado "neoliberalismo", surgido a mediados de la década de 1970 y que se caracterizó por cuatro políticas económicas significativas basadas en hipótesis falsas, y que han colapsado. Se abandonó el pleno empleo como objetivo político deseable y se reemplazó por objetivos de inflación. Se promovió un aumento en la globalización de los flujos de personas, capital, y comercio que ha acabado destrozando al factor trabajo, y favoreciendo la acumulación de renta y riqueza en muy pocas manos. Se implementó un enfoque empresarial basado en la maximización del valor para los accionistas, en lugar de la reinversión y el crecimiento económico. Y, finalmente, se trató al factor trabajo como si fuera un bien más, lo cual es falso, con el último fin de abaratarlo y de paso empobrecer a la mayoría de la población, buscando mercados laborales flexibles con la disrupción de sindicatos y trabajadores.

Hasta ahora, las discusiones entre PSOE y Podemos, o al menos aquello que sale a la luz en los medios de comunicación, está girando alrededor de aspectos insustanciales

Las políticas que se han seguido bajo el paradigma neoliberal, han llevado a los "hechos estilizados" observados del actual estancamiento secular. El régimen neoliberal ha dado lugar a menores tasas de crecimiento económico; caídas de las tasas de expansión de la inversión; menor crecimiento de la productividad; aumento de la desigualdad de ingresos y riqueza; disminución de la seguridad laboral, y una seria deflación. Además, la economía mundial se ve temporalmente "obstruida" por los altos niveles de deuda, cuando los precios del colateral que la alimentan se hunden. Estas son tendencias de largo plazo que han sido visibles durante décadas, pero que se vieron gravemente exacerbadas por el colapso de la burbuja de la deuda mundial en 2008-2009.

Como explicitan Montier y Pilkington, el neoliberalismo es un proyecto llamado desastre, que no podría ser peor para la política o la economía. Las políticas que prescriben son profundamente impopulares y disfuncionales. Los ciudadanos se tambalean viendo cómo pierden sus puestos de trabajo, como desaparece la estabilidad de los mismos -miedo y disciplina- y se esfuman sus ingresos, mientras que la economía se inclina hacia la inestabilidad y el estancamiento. Es un proyecto que beneficia a unos pocos a expensas de la mayoría. Esto se refleja en una clase mimada de individuos de altos ingresos, con la inestimable ayuda de ciertos tecnócratas que dan soporte mediante teorías económicas a esas políticas que llevan a la economía al caos. Dichas teorías simplemente no se ven corroboradas por la realidad.

Segundo: entender dónde se encuentra la economía española

PSOE y Podemos deberían entender donde se encuentra ahora la economía española. El modelo productivo patrio se sustenta en actividades intensivas en mano de obra –turismo, burbujas, pelotazos, servicios de bajo valor añadido…-. El Ibex 35 genera muy poco valor añadido. Pero, además, sorprendentemente, convive con un sector manufacturero patrio exportador extraordinario –nuestras exportaciones no dejan de crecer desde 1994- que, ante la inacción de nuestros gobiernos, empieza a ser asaltado por capital foráneo. Como consecuencia las decisiones de inversión, de plantilla y de salarios se empiezan a fijar allende nuestras fronteras. Este modelo productivo generó un endeudamiento masivo, inicialmente privado, en plena burbuja inmobiliaria. Tras estallar la burbuja inmobiliaria, al no reestructurarse el sector bancario a costa de acreedores foráneos y no implementar las correspondientes quitas de deuda privada, España entró en una crisis sistémica de deuda privada. La contrapartida, obvia, fue un mayor endeudamiento soberano –algunos economistas y tertulianos siguen sin entender las balanzas sectoriales-. La deuda creciente primero fue mayoritariamente privada (en 2008 de los 4 billones de euros de deuda de España, 3,5 eran privada), y ahora mixta (2,5 billones de deuda privada y 1,5 de deuda soberana).

La devaluación interna fue utilizada por el agregado de las empresas no para mejorar su teórica competitividad-precio, sino para incrementar su margen de beneficio unitario

Pero, sorpresas de la vida, en una economía global en desaceleración, una Unión Europea casi en recesión, el PIB español presenta una enorme resistencia a la baja. Las claves, la relajación presupuestaria; el papel del Banco Central Europeo en lo que supone la aplicación de algunos de los principios de la Teoría Monetaria Moderna; y la subida salarial, que no está afectando a la productividad de las empresas. La reforma laboral implementada por el gobierno de Rajoy solo sirvió para modificar el reparto de la tarta en favor del factor capital, sin que ello se tradujera ni tan siquiera en una mejora de la productividad patria. La devaluación interna fue utilizada por el agregado de las empresas no para mejorar su teórica competitividad-precio, sino para incrementar su margen de beneficio unitario (lo que los postkeynesianos definimos como mark-up). Por eso la subida del salario mínimo no afecta ni afectará al empleo. Pero es que sigue siendo insuficiente para que los ciudadanos españoles lleven a cabo sus proyectos vitales (problemas vivienda). Pero no nos engañemos, el día que el BCE vuelva a las andadas y se re-germanice, entraremos en una recesión profunda y sistémica. Por el contrario, si los gobiernos europeos y el BCE aplicaran definitivamente la Teoría Monetaria Moderna, sortearíamos la crisis sistémica que se avecina.

En el siguiente blog nos adentraremos en esos puntos mínimos del programa económico y social que deberían pactar PSOE y Podemos.

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