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Juan José Laborda

Opinión

Un proyecto periodístico de 1968

‘Leviatán’ fue una iniciativa cultural y crítica que el franquismo y el surgimiento de ETA hicieron inviable

Una imagen del Mayo de 1968 (Biblioteca Nacional).
Una imagen del Mayo de 1968 (Biblioteca Nacional). BNE

Las manifestaciones contra el SEU, el sindicato vertical franquista, obligatorio para todos los universitarios españoles, ocasionaron su desaparición en la práctica. Fue sustituido por el Sindicato Democrático, una organización ilegal pero que era reconocida por las autoridades académicas por su representatividad. Un grupo de recién titulados en periodismo, en 1967 tuvimos listo un proyecto para publicar una revista, cuyo nombre era “Leviatán” (¡como la revista socialista de los años 30!), y que contaba con la infraestructura del Sindicato Democrático para su elaboración y difusión por España. ¿Por qué no fue posible publicar “Leviatán”? Esta pregunta se la he hecho a Andrés de Blas, que hubiera sido su director en 1968, cuando ayer estaba escribiendo este texto. Andrés piensa que hubo varios factores personales, y sobre todo los derivados de la naturaleza del régimen.

Además, porque los tiempos estaban cambiando. “For the times they are a-changinfue la canción de Bob Dylan que representaba la protesta de los jóvenes de los años sesenta. En Estados Unidos, la generación de posguerra protestaba contra la violencia de un sistema político que había visto el asesinato del presidente Kennedy y de otros varios dirigentes políticos y morales; que era incapaz de detener los abusos raciales en muchos territorios del país; y que además, estaba hundiendo su prestigio como democracia en una guerra como la de Vietnam. En Europa, al comenzar el año 1968, se estaban generando cambios en sus sociedades que condujeron a protestas masivas, revueltas, intentos de revoluciones o de insurrecciones populares, siendo Francia y Checoslovaquia, durante aquella primavera, sus expresiones más notables de que había comenzado una época distinta.

En España, aunque el movimiento de fondo histórico era el mismo, la dictadura producía formas distintas de manifestarse políticamente. Nuestro plan para publicar la revista hubierasido realizable si se hubiese mantenido una cierta tolerancia del régimen franquista con iniciativas culturales críticas como la que “Leviatán” significaba. Al fin y al cabo, la Ley de prensa de Manuel Fraga, la desaparición en la práctica del SEU y su sustitución por el Sindicato Democrático en las universidades españolas, hacía realizable, aunque con enormes dificultades, nuestro proyecto periodístico.

La aparición de la violencia de ETA fue tan imprevista que convirtió nuestra idea en inservible, como ocurrió con otras iniciativas antifranquistas"

Pero al iniciarse el curso 1967-1968 las “cosas empezaron a cambiar”. Al menos en Valladolid, el Sindicato Democrático empezaba, lógicamente, a ir más allá de las meras funciones de representación de los alumnos ante las autoridades académicas. Los partidos políticos, aunque ilegales, querían servirse de la cobertura sindical para denunciar al régimen franquista por asuntos que no tenían relación directa con la universidad, como la falta de libertades, la explotación de los trabajadores, y un largo etcétera. Muchos delegados del Sindicato Democrático, aun sin pertenecer a partido político alguno, como era mi caso, compartíamos esa postura de oponernos al gobierno franquista en todo momento. El gobierno empezó a endurecer su respuesta a las protestas de los estudiantes universitarios. Cuando yo fui delegado de curso en los años 1968 a 1970, lo que más tiempo nos consumía era mantenernos como delegados en medio de tensiones con los compañeros, que no aceptaban de buen grado las reiteradas convocatorias de paros y huelgas, la represión policial, con detenciones y multas, y la muchas veces sectaria estrategia de los partidos con el Sindicato Democrático.

A partir de la primavera de 1968, con la influencia de lo sucedido en París y Praga, el movimiento estudiantil se radicalizó en España. El 20 de enero de 1969, Enrique Ruano, un estudiante madrileño, militante del Frente de Liberación Popular, un partido socialista de nuevo cuño, fue asesinado por policías franquistas durante su detención. Toda la universidad española se revolvió. El gobierno de Franco declaró, el 24 de enero de ese año, un “estado de excepción” que por primera vez afectaba a todo el territorio nacional. El ministro Fraga Iribarne, que había sido el símbolo de la apertura del franquismo cuando sucedió a Gabriel Arias Salgado, el anterior ministro de Información y Turismo y autor de la desgraciada frase “contubernio de Múnich” (para referirse a un Congreso del Movimiento Europeo), volvió a la misma semántica autoritaria de siempre, cuando justificó el “estado de excepción” por la “orgía de nihilismo y anarquía” de los estudiantes, cuando reivindicaban libertades democráticas. En la espiral de acción de los opositores al franquismo, y de la reacción de los instrumentos represores de la dictadura, surgió ETA y sus acciones violentas: el 7 de junio de 1968, dos terroristas asesinaron a un joven guardia civil indefenso, José Pardines, y ese acontecimiento endureció aún más la política de los gobiernos de Franco en su etapa final.

Éste fue el nuevo contexto político y social que puede explicar por qué no salió “Leviatán” adelante. Sus planes basados en una profundización de la libertad cultural en la universidad española, se vio que eran imposibles, dado que la dictadura no era capaz de convivir con toda forma de libertad democrática. Y la aparición de la violencia de ETA, fue tan imprevista, que dejó nuestra iniciativa por inservible ante la nueva situación política, pues aunque fue ideada como un proyecto de dimensión española, sus raíces estaban en el País Vasco.



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