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Juan Laborda

Opinión

Las democracias revertirán el proceso de globalización

Las democracias tienen que elegir entre ignorar la desigualdad de la renta y riqueza y permitir que empeore, como hasta ahora, o comenzar a imponer restricciones al comercio y a los flujos de capital

Reunión de la Organización Mundial del Comercio (OMC)
Reunión de la Organización Mundial del Comercio (OMC) Wikimedia

A las democracias que se precien de ser concebidas como tales no les queda más remedio que empezar a revertir parte del proceso de globalización vivido en las últimas décadas. No es solo una cuestión ideológica, que también. El sistema de gobernanza económica denominado “neoliberalismo” está roto, finiquitado. Es ante todo una cuestión de pura supervivencia. Solo queda una opción realista, aumentar los salarios y redistribuir la renta. Si no se hace, y más vale que se empiece pronto, todo acabará como el rosario de la aurora. Por cierto, en España ello se debe traducir en revertir la devaluación salarial y las dos últimas reformas laborales

Todo ello viene a colación de un artículo muy reciente, no llega a una semana, del economista Michael Pettis, “High wages Versus high savings in a globalized world”, traducido a román paladín: “salarios altos versus altos ahorros en un mundo globalizado”. La tesis del autor es que las democracias tendrán que elegir cada vez más entre aumentar los salarios y redistribuir la renta o mantener el libre comercio y los flujos de capital. Debido a que es probable que elijan lo primero, el mundo se puede enfrentar a una reversión a largo plazo de la globalización. Para ello repasa dos modelos de crecimiento diferentes con enfoques distintos respecto a los salarios, un modelo de salarios altos versus un modelo de ahorro elevado.

Este análisis se produce además en un momento donde todo el foco de la atención mediática global está concentrado en el papel de las dos grandes superpotencias económicas, Estados Unidos y China. El propio Pettis, en su libro “The Great Rebalancing: Trade, Conflict, and the Perilous Road Ahead for the World Economy”, mostraba como los graves desequilibrios comerciales de estas dos superpotencias estimularon la reciente crisis financiera y fueron el resultado de políticas desafortunadas que distorsionaron los patrones de ahorro y consumo.

El modelo basado en al ahorro no es sostenible

En el modelo de crecimiento de altos salarios, son justamente estos salarios altos el motor del crecimiento económico, vía demanda neta. Por el contrario, en el modelo basado en el ahorro, la inversión en infraestructuras es el motor del crecimiento económico, siendo esta inversión subsidiada vía transferencias ocultas o explícitas desde los hogares, lo que simultánea y paradójicamente reduce la participación de las familias en el PIB, forzando a éstas a aumentar la tasa de ahorro. Con la globalización, a través del proceso de financiarización unido a una apuesta decidida por flexibilizar los mercados laborales, controlar y reducir salarios, en ambos modelos se produjo un aumento brutal de la deuda. En este sentido, el crecimiento basado en la inversión es muy intensivo en deuda, ya que las inversiones no se financian solamente con recursos propios sino también con deuda y muy especialmente bajo el favorable tratamiento fiscal de los intereses versus los dividendos.

Solo queda una opción realista: aumentar los salarios y redistribuir la renta. Si no se hace, y más vale que se empiece pronto, todo acabará como el rosario de la aurora

Viendo el comportamiento de ciertas economías como la china, el modelo de crecimiento basado en el ahorro aparentemente genera períodos más vigorosos de crecimiento económico, sustancialmente mayor en el corto y medio plazo. Pero el problema es que no es sostenible en el largo plazo. Debido a que el modelo de alto ahorro produce una demanda doméstica débil, especialmente una vez que las necesidades de inversión se han cumplido, los países que persiguen este tipo de modelo requieren grandes superávits comerciales para resolver la incapacidad de su economía de absorber todo lo que produce. Un período de crecimiento rápido bajo el modelo basado en tasas de ahorro altas siempre ha sido seguido por un ajuste brutal, durante el cual se ha revertido gran parte del avance relativo logrado durante el período de crecimiento. Esto se debe a que los desequilibrios generados por este modelo de crecimiento han sido especialmente difíciles de revertir. Véase Estados Unidos en los años previos a La Gran Depresión, el Japón de los 80, la China actual, o la tomadura de pelo de la zona Euro con una Alemania subsidiada, vía tipo de cambio, por el Sur de Europa.

¡Son los salarios, estúpidos!

En una economía mundial globalizada, el modelo de crecimiento basado en salarios altos puede descarrilar debido a su impacto en la competitividad. Si los costes de transporte y los costes hundidos son muy bajos y existen pocas barreras comerciales, los altos salarios hacen que la demanda se traslade a productores extranjeros con salarios más bajos. Como resultado, en lugar de obligar a los productores locales a invertir en innovaciones que mejoran la productividad, los productores extranjeros de bajos salarios simplemente los obligan a dejar el negocio. En un mundo globalizado, la forma de ganar competitividad es reducir el valor real de los salarios, ya sea reduciendo los salarios nominales (como hicieron Alemania y España) o devaluando la moneda (como lo hacen muchos países asiáticos).

Las autoridades chinas, por ejemplo, son muy conscientes de que deben implementar un cambio de modelo desde el actual basado en inversión a otro basado en demanda doméstica. Lo llevan intentando varios años pero no lo consiguen. Desafortunadamente, hasta que se complete el reequilibrio, China necesita de grandes superávits comerciales para resolver la baja demanda interna. Sin embargo, a medida que el mundo se vuelve cada vez más proteccionista, países como China pueden verse forzados a un ajuste mucho más rápido y una resolución posiblemente dramática de sus cargas de deuda. De nuevo vuelve a funcionar la inestabilidad financiera de Hyman Minsky.

Este proceso de incremento del proteccionismo se va extender a occidente por dos razones. El neoliberalismo ha fracasado. Las economías occidentales llevan años de crecimiento mediocre y continuas crisis financieras. Pero además la desigualdad se ha disparado hasta niveles insostenibles para una democracia sana. Los intentos de revertir la desigualdad de la renta se ven torpedeados por los requisitos de una economía mundial globalizada. Por eso las democracias se enfrentarán con dos opciones: o ignorar la desigualdad de la renta y riqueza, como están haciendo hasta ahora, y permitir que empeore; o comenzar a imponer restricciones al comercio y a los flujos de capital, de modo que las reformas destinadas a revertir la desigualdad de la renta y riqueza, vía mayores salarios, no conduzcan simplemente a un mayor desempleo. De nuevo el péndulo de la historia volverá a actuar.



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