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Juan Laborda

Opinión

Les propongo una reforma estructural: ¡cerremos el FMI!

País que toca el Fondo, país que destroza. Solo aquellos países que han hecho caso omiso al FMI han mejorado de manera notoria sus niveles de desarrollo económico y social

Lagarde.
Lagarde. EFE

¿Qué hay detrás de la esquizofrenia de aquellos que rigen el FMI? ¿Cómo es posible que una panda de burócratas, de una incompetencia estructural ilimitada, pretenda asesorar de manera justa y eficiente a gobiernos soberanos? ¿No les bastó el ridículo espantoso en los meses previos a la Gran Recesión? ¿Son conocedores de las consecuencias de la implementación de sus políticas económicas? Me temo que sí, pero les da igual. De ellos ya habló largo y tendido, de una manera muy clara y despectiva, Joseph Stiglitz en su libro “Malestar en la Globalización”.

Son el brazo tonto del Totalitarismo Invertido que rige las democracias liberales, ésas que pueden devenir, si nadie lo remedia, en fascismos. Todo alrededor del FMI es una farsa, empezando por la carta de intención que redacta todo país que pasa por sus quirófanos, y donde detalla lo que piensa hacer, pero que en realidad es el propio FMI el que le ha dicho previamente lo que tiene que escribir. País que tocan, país que destrozan. Solo aquellos países que han hecho caso omiso al FMI han mejorado de manera notoria sus niveles de desarrollo económico y social. Me refiero obviamente a China, los tigres asiáticos y la India, es decir, los únicos países responsables de la reducción de la pobreza durante ese sistema de gobernanza llamado Neoliberalismo.

El informe sobre España, mera interferencia política

El último informe del FMI sobre España produciría risa si no fuera por el daño infligido, bajo el paraguas de sus recomendaciones, por las políticas implementadas por el anterior Ejecutivo, especialmente la reforma laboral. Dicha reforma ha sido un arma de destrucción masiva contra la clase trabajadora española, especialmente los más jóvenes. Confunden causa y efecto. Ni siquiera han echado una ojeada a la literatura reciente, incluida la de sus propios economistas, que demuestra que las políticas de oferta son un tocomocho, que simplemente aceleran la acumulación de renta y riqueza en unas pocas manos. Digámoslo claramente, las recomendaciones del FMI son, además de injustas, ineficientes.

Pero además, dicho documento, presentado la semana pasada, supone una injerencia en toda regla en la política española. Simplemente es una mera carta de declaración de amor con las políticas implementadas por el anterior Ejecutivo, obviamente bajo su dictado. Todo ello en la semana que conocimos como en 2012 suavizaron la realidad española para no afectar negativamente al Gobierno de Rajoy. Pero vayamos al grano. Según dicho informe "España ha continuado recuperando el terreno perdido durante la crisis con un crecimiento económico que ha generado abundante empleo gracias a las reformas pasadas". ¡Falso!

Todo alrededor del FMI es una farsa, empezando por la carta de intención que redacta todo país que pasa por sus quirófanos

Frente al autobombo del anterior Ejecutivo respecto al crecimiento económico que experimenta España desde 2014, y que ahora pretende avalar el FMI, venimos afirmando, desde estas líneas, que la razón fundamental radica en vientos de cola favorables externos que ya se están desvaneciendo. Hasta el regulador patrio, Banco de España, en el Informe Anual de 2016, detalló las razones que había detrás de las sorpresas positivas en nuestra economía.

Por un lado, la relajación del ajuste presupuestario. Por otro, la entrada de flujos financieros foráneos en nuestra economía, derivados de la política monetaria del BCE. Pero además Banco de España añadía otra relevante, la bajada no prevista del precio del petróleo y otras materias primas. Según los cálculos del regulador, estos tres elementos habrían tenido un impacto sobre la actividad más positivo del previsto. Y todos ellos impactaron de modo menos favorable sobre el PIB del área del euro que sobre el español.

El anterior ejecutivo pudo aprovechar las ventajas que suponía una financiación barata, acompañada de una caída acentuada del precio del petróleo, para invertir en la creación de un tejido productivo sólido que permitiera a España consolidar una posición competitiva a largo plazo. Pero no lo hizo. Prefirió la “patada hacia adelante”. Repetimos los mismos errores, confiar en nuevas generaciones de burbujas, en un turismo creciente, en parte por problemas geopolíticos en zonas competidoras, y todo ello en un contexto donde nuestro excelente tejido exportador patrio empieza a ser controlado por capital foráneo. Nos encontramos de nuevo en una situación parecida al período 2007-2008.

La realidad del empleo patrio

Es en este contexto en el que se creó el empleo. Pero el empleo que se está creando en Europa, y muy especialmente en España, es temporal, parcial y precario. El informe de Eurostat “Temporary Employment in the EU”, publicado el 2 de mayo de 2017, afirmaba que "26,4 millones de empleados de 15 a 64 años en la Unión Europea tenían un contrato temporal en 2016". Esto equivale al 14,2% del total de empleados. En países como Portugal (22,3%), España (26,1%) y Francia (15,6%), los empleos temporales están creciendo rápidamente.

Bank of America elabora una serie histórica de la "tasa básica de empleo", es decir, excluyendo contratos parciales y temporales del empleo total. Pues bien, la casi totalidad del rebote de la tasa de empleo global desde 2013 se atribuye a empleos de "baja calidad". Por eso no hay recuperación sostenida. Y, ¿qué ocurrirá si como algunos economistas prevemos nos adentramos en la Segunda Fase de la Gran Recesión? No hace falta que diga que, bajo la actual radiografía del mercado laboral, el desempleo se expandirá en un tiempo récord. ¿Volverá entonces el virus Realidad a afectar a los economistas y dirigentes del FMI?



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