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Miguel Alba

Opinión

El pacto de Sánchez-Iglesias o cómo hacer más pobre a las clases medias

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias. EFE/ Zipi

No parece enterarse Pedro Sánchez, el economista cum laude, que las clases medias son el corazón que bombea el estado del bienestar. Los que pagan las pensiones. Y la sanidad. Y la educación. Y las que alientan el consumo. Y las que generan riqueza. Y dentro de ellas hay muchos osados que, incluso, deciden liarse la manta a la cabeza y vivir esa profesión de riesgo que supone convertirse en emprendedor. No parece enterarse, o digamos mejor, no quiere enterarse Mr. Handsome, que en la letra pequeña de los Presupuestos de Pablo Iglesias no sólo se certifican algunas mentiras. Como ese cuento de que el “objetivo fiscal es que aquellos que tengan más aporten más” en alusión a la subida del IRPF para aquellos que cobren más de 130.000 euros anuales. El anteproyecto de cuentas públicas también esconden un castigo mortecino para esas clases medias que solapados a los ingresos de sus nóminas o a los extractos de sus inversiones tendrán que asumir el goteo del nuevo paquete fiscal urdido entre el huésped de Moncloa y el aspirante que espera desde su millonario chalé.

En estos presupuestos de Robin Hood, la exigencia sólo se aplica al 0,5% de la población, según Moncloa. A los ricos. Otra falacia. Hagamos repaso. El españolito medio sufrirá el impacto de la conocida como tasa Tobin cuando tenga la osadía de adquirir unas acciones de Telefónica, Repsol, Santander, BBVA, Inditex… El nuevo impuesto gravará con un “0,2% la compra de acciones emitidas en España de empresas cotizadas cuya capitalización bursátil sea superior a 1.000 millones”. No parece enterarse Pedro Sánchez que los dividendos que vienen cobrando los españolitos medios de estas cotizadas se han convertido en esa decimotercera paga que complementa los ingresos anuales. Dinero fresco que vuelve a inyectarse en la economía estimulando el consumo o dedicándolo al ahorro. Otro de los términos proscritos en estos Presupuestos ‘de la izquierda’. Según los cálculos de Inverco, la patronal de la inversión colectiva y los fondos, la tasa Tobin penalizará en un 6% la rentabilidad de los planes de pensiones durante los próximos 25 años. Una noticia más que alentadora en un entorno en el que otra de las medidas de este presupuesto, ligar las pensiones al IPC real, cuestiona la sostenibilidad del sistema.

Otro de los ejes del ahorro que se mortifica en este acuerdo se traslada al ámbito de la vivienda. El pacto de Sánchez e Iglesias certifica la muerte de la economía de mercado por ese afán ‘protector’ e intervencionista en cuanto al alquiler. Bajo ese argumento de ‘evitemos las burbujas’, PSOE y Podemos trasladan a los alcaldes la potestad de regular las subidas de precios “abusivas” en zonas tensionadas. En este sentido, Carmena y Colau podrán elaborar un índice de precios de alquiler de referencia que se tomará como guía y que les permitirá declarar "temporal y excepcionalmente" una zona urbana de mercado tensionado cuando se haya producido un incremento abusivo de las rentas "que obstaculice a sus habitantes al acceso y el disfrute de una vivienda a un precio razonable". Intervencionismo en vena contra aquellos propietarios, muchos de ellos de clase media, que verán mermada la rentabilidad de su inversión –si finalmente la medida ve la luz- mientras ayuntamientos como el de Madrid tiene paralizada la construcción de vivienda social y protegida. Pero no contentos con el hachazo en los precios, el pacto también sustenta la obligatoriedad de ampliar el plazo de prórroga de los contratos de alquiler de tres a cinco años en el caso de que el arrendador sea una persona física, y hasta los siete años, si se trata de una persona jurídica. Además, sólo éstos últimos tendrán que correr con los gastos de gestión inmobiliaria y formalización del contrato y, en ambos casos, las fianzas quedarán limitadas a un máximo de dos mensualidades de la renta y siempre en metálico. Fianzas que protegen al arrendador de posibles impagos.

Otro endurecimiento fiscal que planea sobre las rentas medias es el incremento en Sociedades que el Gobierno aplicará a la banca. ¿Alguien duda que el incremento al 18% de la tributación mínima sobre la base imponible que se impone a las entidades de crédito y petroleras no acabará repercutiendo en el consumidor? Todos los CEOs y presidentes de los grandes bancos ya anunciaron que trasladarían a sus clientes el impuesto a la banca. Que nadie piense que no sucederá lo mismo con esta nueva versión mediante el incremento de las comisiones. Está por ver cómo lo gestionarán las petroleras. Más teniendo en cuenta que todos los ‘ricos’ que conduzcan un diésel tendrán que asumir la nueva fiscalidad de ese hidrocarburo maldito. Hace unas semanas, María Jesús Montero, la sustituta de Montoro en Hacienda, ya echó cuentas del coste para el conductor medio –según ella, el que hace 15.000 kilómetros al año con su vehículo-. El nuevo impuesto tendrá un coste de 3,3 euros al mes. “Un granito de arena”, en palabras de la ministra, “para que las próximas generaciones puedan disfrutar de un planeta verde”. El ‘impuestazo’ al diésel no afectará, sin embargo, ni a taxistas ni a transportistas, precisamente dos de los colectivos que generan más emisiones con sus vehículos.

También Zapatero pensó que con su infausto Plan E nos sacaría de la crisis y el resultado fue un fiasco tan descomunal como la frivolidad de quien a tontas y a locas lo impulsó

Pero el mayor castigo para todos, clases medias incluidas, del pacto presupuestario es su falta de transparencia. El documento de 50 páginas difundido presenta una trampa notable inicial y es que desglosa la veintena de partidas de gasto que aumentan y no hace lo mismo con los ingresos estimados. Es decir, se promete por ejemplo aumentar los presupuestos para vivienda en unos 500 millones anuales hasta 2021, mientras que no se detalla cuánto se obtendrá de las distintas subidas de impuestos. Se ofrece un aumento de gasto seguro con incierta forma de compensarlo para cuadrar las cuentas. En algunas partidas de gasto se consigna toda la cifra para sacar pecho, como el caso del Plan contra la Violencia de Género en que se subrayan 220 millones, cuando en realidad, lo que hay son 20 millones más que con el PP. En cambio, en otras, como el aumento de las pensiones con el IPC, sólo figuran los 704 millones que costará completar la subida hasta llegar a la inflación real y no los más de 2.000 millones que supondrá en 2019 ir más allá del 0,25% previsto en la ley.

El Gobierno de la ejemplaridad vuelve a hacer aguas. Sánchez es ya solo una marioneta en manos de sus aliados y que Iglesias se ha convertido, de hecho, en el presidente bis de España. Aunque nada de lo pactado garantice la aprobación de los Presupuestos, que necesitan del PNV y los partidos golpistas catalanes -uno de los cuales ha reiterado su rechazo radical a varias de las medidas del pacto- si el trágala al que Iglesias ha sometido a Sánchez acabara en el BOE es más que probable que entre todos consigan darle velocidad a la desaceleración que sufre nuestra economía. También Zapatero pensó que con su infausto Plan E nos sacaría de la crisis y el resultado fue un fiasco tan descomunal como la frivolidad de quien a tontas y a locas lo impulsó.

Hay muchas posibilidades, en todo caso, de que el rimbombante pacto presupuestario, que deja quedar muy bien a Podemos ante sus electores y muy mal al PSOE ante gran parte de los suyos, no constituya, a fin de cuentas, más que una mera simulación, un nuevo trampantojo destinado a hacer demagogia populista. Esperemos que Bruselas ponga orden en tanto desmán. Por el bien de todos.

@miguelalbacar

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