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Elena Alfaro

Opinión

La política de la respetabilidad y la respetabilidad de la política

Una forma de plantear la acción política que parte de la autoexigencia y la ejemplaridad desde la que luchar por la dignidad de todos

Michelle y Barack Obama, en una imagen de archivo.
Michelle y Barack Obama, en una imagen de archivo.

Leí la entrevista a Meghan Daum publicada en Letras Libres y busqué el libro. Aún no estaba disponible en papel. No me gusta leer textos largos en formato digital porque me resulta difícil retener el significado de las cosas. Sostener el libro entre las manos opera una suerte de sortilegio: el gesto físico necesario para abarcar la historia completa. Me he empotrado en farolas y caído todo lo larga que soy por hacerlo mientras camino. La última vez fue culpa de Meghan. Sucumbí a la impaciencia y compré su libro -The problem with everything (Gallery Books, 2020)- en formato digital. No lo solté durante dos días. Esa mujer decía cosas que entendía. Sus desconciertos, su manera de observar la propia vida. La búsqueda de la comprensión del mundo que le rodea. Desde la mirada de la niña que pregunta a su madre a la de la mujer madura cuya vida se rompe y cambia cuando parecía que ya solo quedaba vivirla sin grandes sobresaltos. Todo tenía eco en mí.

Dice Meghan que los que nacimos en la década de los 70 fuimos criados en la “tenacidad”. Habla del orgullo que sentíamos al no necesitar que un adulto solucionara nuestros asuntos, de ser autosuficientes y encarar las adversidades con esa especie de dignidad de la intimidad. También tuvimos la suerte de ser infancia antes de tener que ser niños o niñas.

Esa forma de crecer, junto con una capacidad casi suicida para reírse de todo -el humor como forma de afrontar el riesgo- ha cambiado en las generaciones posteriores. Daum ve en ello, en la cuestión generacional, la explicación a parte de la frustración que las nuevas feministas provocan en aquellas que ya han pasado los cuarenta. En la era en la que somos crueles ante audiencias insospechadamente altas también somos extremadamente frágiles. “No se jactaban de ello [ser resilientes] cuando eran niños. No lo valoran excesivamente como adultos. Se niegan a ser avergonzados por la vulnerabilidad”. Ahora que la fragilidad se ha transformado en arma, la rocosidad de carácter ya no es una cualidad demandada.

Su libro me llevó a buscar un ensayo escrito en 2015 por Randall Kennedy -profesor de Derecho de la Universidad de Harvard- en defensa de la política de la respetabilidad. No había oído antes ese término, probablemente usted tampoco, pero es algo que creo que comparten intuitivamente, hasta aquellos que formalmente discrepan de ella.

El país que "ambos amamos"

Si estos días se ha emocionado escuchando el discurso que el senador republicano McCain dirigió en 2008 a Obama reconociéndole como ganador y presidente de un país que “ambos amamos”, la política de la respetabilidad tiene significado para usted.

El término nació en 1993 y define la estrategia adoptada por los activistas de los derechos civiles americanos (1950-1965). En palabras de su creadora -Evelyn Brooks- “ponían el énfasis en la mejora del comportamiento y actitud del individuo como un objetivo en sí mismo y como una estrategia para reformar el sistema completo de relaciones interraciales americano”.

En la desubicación que me produce ver cómo la representación de un personaje sustituye a la experiencia genuina de ser el personaje

Por eso McCain, su carácter y resiliencia demostrada durante toda la vida, convenció a demócratas y republicanos con sus palabras. Por eso, también, la filosofía de los Obama que tan sucintamente resumió Michelle en la famosa frase que decía repetirle a sus hijas -”when they go low, we go high”- es algo que comparte cualquier padre que aspira a una vida plena para sus hijos. Una forma de plantear la acción política que parte de la autoexigencia y la ejemplaridad desde la que luchar por la dignidad de todos.

“El tipo que tocaba la guitarra en las escaleras no se deleitaba con la alegría de la música, sino con la representación del papel del tipo que tocaba la guitarra en las escaleras”, dice Daum.

Pensaba en los contrastes y en el desconcierto de Daum que también es el mío. En la desubicación que me produce ver cómo la representación de un personaje sustituye a la experiencia genuina de ser el personaje y en cómo el examen propio ha sido sustituido completamente por la fiscalización de la vida de los demás. Demandar que otros cumplan aquello que uno no tiene intención de exigirse a sí mismo. El ideal de lucha por la igual dignidad de todos los seres humanos transformándose en la consolidación del derecho al privilegio.

La política de la respetabilidad tiene buenos y sólidos argumentos en contra pero cuidado con despreciarla sin más: estaremos tirando por la borda una parte importante de la respetabilidad de la política.

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