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Jorge Vilches

Opinión

Si la unidad salva vidas, sobra Podemos

Iglesias y su cohorte saben que son una banda que sirve para la pelea cuando gobierna la derecha, pero que son soberanamente inútiles para dirigir un ministerio

Pablo Iglesias en una rueda de prensa en Moncloa.
Pablo Iglesias en una rueda de prensa en Moncloa. Europa Press

Los eslóganes del Gobierno sanchista insisten en que la unidad salva vidas. No es cierto. El que no exista oposición solo salva al Gobierno, y este Gobierno no es la vida precisamente, sino el conflicto. La unidad ayuda a que un plan de reconstrucción a largo plazo tenga continuidad; es decir, a que la aplicación de un proyecto con amplio consenso de las fuerzas constitucionalistas sea seguro a pesar de que cambie el Gobierno.

La seguridad jurídica en tiempos fríos es clave, pero es absolutamente imprescindible en tiempos calientes, donde la inestabilidad política es acompañada de una crisis económica que augura pobreza y un estancamiento sin parangón. Los inversores y ahorradores, que son quienes crean riqueza y por tanto empleo, necesitan saber que habrá continuidad en las reglas del juego. Esto pasa porque los partidos que pueden alternarse en el poder lleguen a un acuerdo sobre la resolución de la gran crisis. Luego los programas pueden diferir en matices, pero no en los fundamentos.

Lo que no otorga seguridad jurídica y, por tanto, confianza a los sujetos económicos que sacan a un país del paro y la pobreza, es que exista un Gobierno con ministros que tienden a la disolución arbitraria del orden existente. Eso es Podemos: un desestabilizador, ese elefante al que nadie quiere mirar en la tienda de cerámica pero que a no más tardar, en cuanto se mueva, romperá todo el material.

El populismo comunista de Podemos es bueno para destruir, pero no para construir. Es una extravagancia en una democracia liberal

La unidad para la recuperación pasa por dejar de lado a quienes perturban el sueño de un consenso socioeconómico que dure toda una generación. ¿En serio alguien cree que es posible construir algo con Podemos que no sea conflicto, lucha, trincheras, insultos y persecuciones políticas? El populismo comunista de Unidas Podemos es bueno para destruir, pero no para construir. Son una extravagancia en una democracia liberal, que deja de serlo cuando ese partido tiene que dar seguridad a quienes de verdad mantienen el bienestar de una sociedad.

Eso lo saben en Podemos. Iglesias y su cohorte saben que son una banda que sirve para la pelea cuando gobierna la derecha, pero que son soberanamente inútiles para dirigir un ministerio. Son la cuadrilla de barbudos que acompañó a Fidel Castrocuando bajó de Sierra Maestra: unos auténticos expertos en la liquidación del enemigo, pero unos pésimos gestores. No olviden que el Che, siendo ministro de Agricultura en la tórrida Cuba, mandó comprar quitanieves.

La unidad para el buen Gobierno está entre quienes creen en el sistema y no se alían con quienes quieren destruirlo. Así lo cree Bruselas. Lógico. Nadie va a prestar dinero a un Estado gobernado por quienes quieren destruirlo. La subvención que venga de la Unión Europea obligará a una nueva mutación de Sánchez que le permitirá seguir en La Moncloa.

Pedir fondos a Bruselas

Sánchez es un superviviente. Un resistente, dice él. Incluso alguien escribió un libro en su nombre al respecto. Esa resiliencia procede de mentir con un descaro infinito y de la traición como marca de la casa. Esto no es ser camaleónico, sino preocupante. Sin embargo, es lo que hay. Es el Gobierno de España, legítimo y legal. Es el Ejecutivo que manda a su gente a Bruselas a pedir fondos para paliar el desastre producido por su negligencia ante la pandemia.

En buena lógica liberal, el hundimiento de España para el resto de Europa no es negocio. Eliminar a un sujeto del mercado solo trae perjuicios. Nos ayudarán, pero no será gratis. El precio será la sensatez; es decir, acercarse al PP y a Cs como partidos homologables a las organizaciones serias de Europa y mantener los pilares que aseguran la continuidad del sistema.

Otra cosa distinta será cuándo se producirá la ruptura entre el PSOE y Podemos. El fantasma de Tsipras se aparece en la mansión de Galapagar. Cuando el populismo socialista se da de bruces con la realidad y se ve en la obligación de gobernar siempre fracasa. De poco valen las peroratas raperas sobre el peligro de la “ultra ultraderecha”, el guerracivilismo de señorito, o las broncas teatrales de Irene Montero.

En este país se puede tener un ministro de Consumo comunista, cuyo modelo de consumo responsable y sostenible es Cuba, que suelta que la industria del turismo no tiene valor

Podemos sirve para la escopeta nacional, las teles amigas y las emisoras bolcheviques, pero no se puede pasear por Europa. Aquí cabe que el ministerio de Igualdad presente una ley de sexualidad con faltas de ortografía y errores jurídicos. En este país se puede tener un ministro de Consumo comunista, cuyo modelo de consumo responsable y sostenible es Cuba, que suelta que la industria del turismo no tiene valor. O una ministra de Trabajo, también comunista, que es feliz no por crear empleo, sino por pagar ERTEs hasta octubre. Incluso nos damos el lujo de tener una comisión parlamentaria de reconstrucción totalmente inútil. Este folclore no es serio y en Europa lo saben.

Unidas Podemos es consciente de que se juega su continuidad. La única posibilidad que tiene de no sufrir el coste político, de imagen y electoral de ejecutar los recortes es salir del Gobierno. La clave es dar con la fecha adecuada. No puede ser pronto porque tiene que aguantar para hacer propaganda desde el poder. Ahora quiere, por ejemplo, una ley de conciliación familiar; esto es, inmiscuirse en la organización de la privacidad, lo que es el sueño de todo totalitario.

Soltar lastre

Iglesias buscará el mejor momento para escenificar la ruptura con Sánchez, como hicieron en julio de 2019 para engañar a los españoles unos meses después. El presidente del Gobierno tiene comprobado que es capaz de aguantar contradicciones, y de ir liquidando a su gente según le convenga. Por eso Adriana Lastra y Rafael Simancas, que son únicos insultando y batiendo palmas, serán desplazados en cuanto la búsqueda del consenso sea la consigna.

Ese momento de romper será cuando la Legislatura esté terminando, tras recibir el dinero, antes de hacer recortes, cuando la propaganda podemita, conflictiva y de ruptura, les señale un repunte en las encuestas. Mientras tanto estarán jugando con los muertos por la pandemia, sus familias, los parados, las empresas cerradas, la gente que hace cola para recibir comida, los comercios y los autónomos. Saben que lo suyo, alardear sin saber, solo es posible desde la oposición. Será entonces cuando llenarán de insultos a Sánchez y a sus ministros, y levantarán su fingida indignación.

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