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Miquel Giménez

Opinión

Una podemita, los CDR y el plano de cuartel de la Guardia Civil

La joven de los CDR detenida este martes
La joven de los CDR detenida este martes EFE

En la emisora pública pagada – y muy bien - entre todos Catalunya Ràdio, un tal Roger de Gràcia empezaba su programa así: “No sé si nos escuchabas o no, pero hoy seguro que no puedes hacerlo. No, eso que has hecho no puede ser terrorismo. Un abrazo, Tamara”. Se refería a Tamara Carrasco García, Tami para los amigos, detenida por la Guardia Civil en Viladecans. Entre otras cosas, obraba en su poder el plano de un cuartel de la Benemérita sito en Barcelona.

Los mismos radicales con distintos collares

Nadie que haya seguido la política catalana en los últimos años puede sorprenderse: Tamara Carrasco fue de número tres en la candidatura municipal que organizó Podemos en Viladecans en el 2015. Tampoco es extraño que aparezca en fotografías junto al cupaireDavid Fernández, el radical come banqueros que se abrazaba emocionado con Artur Mas. Que la señora haya acabado dando instrucciones a los CDR acerca de sabotajes en carreteras y autopistas es tan normal que huelgan comentarios. En Cataluña decir independentismo es decir Podemos, Comuns o Ada Colau y esto lo saben hasta los árboles de la calle.

Sus estrategias son calcadas, basadas en socavar al estado con los métodos que sean. En ese Frente Popular, ya que tanto les gusta la épica guerracivilista, se juntan con okupas, antisistema, anarquistas indocumentados – los que saben de qué va el paño, los de verdad, huyen como de la peste de esta gente – y con gente que proviene de Batasuna. Son los primeros en decir que su movimiento es pacífico, pero solo basta ver a sus compañeros de viaje. Y, cuando se rasca un poco la superficie, com es el caso de esta detenida por terrorismo, el pastel aparece más claro todavía.

Cuando uno es pacífico, democrático, feliz y risueño, ¿me quieren ustedes decir para qué coño te hace falta el plano de un cuartel del Instituto Armado? Presumo que debe tratarse del de Travesera de Gracia. Tiene proximidad a ese barrio dominado por las CUP, los CDR y los de Arran, y ya ha sido blanco de algunas algaradas separatistas sin mayor importancia, porque a la que ven una teresiana verde se les acaba el fuelle. De ahí que algunas de las consignas que daba Tamara tales como “parar la actividad portuaria” o “tomar los aeropuertos” se hayan quedado en agua de borrajas. Allí la que vigila es la Guardia Civil.

Carrasco García fue radicalizándose cada vez más a lo largo de su época en el ayuntamiento, pasando de mantener una buena relación con gente de todo tipo de ideologías a aproximarse a Junts pel Sí en su día, después a Junts per Catalunya y acabando por ingresar en las CUP y en los CDR el otoño pasado. La ex administrativa, fan de La Tuerka y El Intermedio, trabajaba en la actualidad en una cooperativa que ofrece, entre muchas otras cosas, “…la destrucción confidencial de documentación”. Vaya con Tami.

¿Por qué no una comisaría de los Mossos sino un cuartel de la Guardia Civil?

Lo hemos dicho infinidad de veces, pero habrá que repetirlo una más: a los radicales no les imponen respeto más que los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, porque a los Mossos los ven como de “los suyos”, y tienen razón en parte. Tengamos en cuenta que dentro del cuerpo hay alrededor de un millar de agentes adscritos a la sectorial de policía de la ANC que no dudan a la hora de poner en práctica su ideología. Baste recordar como en los recientes incidentes violentos frente a la Delegación del Gobierno, sus propios compañeros de la BRIMO identificaron a uno de ellos entre los provocadores, y no ejerciendo precisamente su función como agente de la autoridad. Recuerden también a aquel otro Mosso, cabo por más señas, haciéndose fotitos con una estelada junto al vehículo destrozado de la Benemérita el día del asedio a la Consellería de Economía. Aunque ahora les insulten cuando cargan contra ellos, saben que tienen aliados dentro de la policía autonómica y eso, por cálculo, les hace ser más tolerantes.

De ahí que lo que se ha encontrado entre los papeles de Carrasco García sea el plano de un cuartel de la Benemérita. En ese prestigioso cuerpo no tienen a nadie que pueda darles un chivatazo acerca de una redada, que les pase información acerca de domicilios, teléfonos, matrículas de coche o rutinas diarias de determinadas personas, nadie que haga la vista gorda y los deje escapar en medio de un tumulto callejero. Los CDR son muy conscientes de eso, y también lo son los podemitas, los radicales, los que dicen odiar a la policía porque, en el fondo, lo que quieren es ostentar el monopolio de la fuerza en la calle.

Lo sustancial no es detener a las personas que detenten responsabilidades más o menos importantes en los CDR, porque tienen una organización horizontal y de una autonomía enorme. “Modelo goma elástica”, dicen los expertos en anti terrorismo, porque puede igual extenderse que acortarse según las necesidades y la estrategia de cada situación. Lo realmente importante es aplicar modelos policiales y judiciales similares a los que ya se emplearon en el País Vasco, con aquella Batasuna cómplice de la criminal ETA y aquellos Comandos Y de infausto recuerdo.

La extraordinaria progresión de los CDR, el número de personas que ha ido captando y la posibilidad más que real de que se conviertan en una auténtica guerrilla urbana aconsejaba la detención de Tamara, pero insistimos, con eso no se va a solucionar nada. Esta mujer no es más que el ejemplo de una sociedad que se ha ido radicalizando – un fenómeno similar al de los jóvenes que acaban en las filas de la yihad – para acabar presentando un riesgo de violencia más que cierto. Los mismos Mossos lo afirman en un informe que no viene más que a reafirmar lo que llevan meses diciendo Policía, Guardia Civil y CNI. Este último advertía, según nos dice una fuente cercana al Centro, que el principal problema con respecto a estos grupos sería el apoyo que reciben desde sectores ex convergentes, así como de los medios de comunicación de la Generalitat.

Los analistas de la Casa lo clavaron. Este miércoles en TV3 todos los programas, y digo todos, informativos, de entretenimiento, todos, han dedicado su tiempo a hablar – bien, claro – de Tamara, de los CDR y de que sus actividades no tienen nada que ver con el terrorismo. El paradigma de esto ha sido ver a una señora de derechas y burguesa, Elena García Melero, que aparecía en la famosa fotografía de la paella de Cadaqués con Pilar Rahola, Puigdemont, Laporta y Trapero, presentar en su programa magacín de tarde a abogados y conmilitones de Tamara. Nadie como ella de todos los congregados en el plató ha defendido más la tesis que sostiene que todo esto es fruto de un abuso de poder por parte del estado. ¿Es acaso esta señora una revolucionaria de cóctel Molotov y barricada? ¿Es quizás defensora de las colectivizaciones o del comunismo libertario? ¿Lo son sus compis yoguis de aquella foto? Para nada, son más de derechas que el palo de la bandera, pero pertenecen al pujolismo recalcitrante, y ahora toca ser independentistas a machamartillo, toca atacar a España – de la que jamás se sintieron parte – y toca defender a esta gente que guarda en un cajoncito cualquiera de su casa el plano del cuartel de una fuerza policial como si se tratase de las fotos de la abuela. Angelicos.

Ese es el problema real, que a las Tamaras ya las va deteniendo la policía por orden judicial. Pero a los cómplices necesarios en la comisión de un delito – sedición y terrorismo, recordemos – o los para Rajoy o no los para nadie. Y si no sirve, que se haga a un lado, deje sitio y ceda el paso a personas que tengan el coraje necesario. De no hacerlo, lo próximo que podríamos ver no es a alguien que guarda planos o da órdenes a través de internet, sino algo mucho peor. Que el recuerdo de la pesadilla etarra no está tan lejos como algunos pretenden hacernos creer. De hecho, que yo sepa, todavía no han entregado las armas, no se han rendido ni tan solo han pedido perdón.

Ojito con TV3. Albert Boadella ya lo ha dicho “Es una televisión golpista”. Seguro que Tamara la veía. Y te escuchaba, Roger de Gràcia, campeón.



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