Los mensajes y las quejas suenan a fin de ciclo. El de Eduardo Montes en Unesa, el lobby eléctrico. La mayoría de socios no le quieren al frente de su club. Son momentos tensos paras las eléctricas. Les preocupa la deriva de Álvaro Nadal. Un ministro con ganas de guerra y de revertir en el sector eléctrico muchos costes del sistema. Les aterra, sobremanera, el sentimiento en la calle. Los defensores de la pobreza energética les han convertido en los nuevos apestados del mundo económico. Tras la muerte de una anciana en Reus, las eléctricas caminan en ese destierro que transita, desde la pasada legislatura, la banca por sus múltiples pecados del pasado.

Las eléctricas están hartas de Montes. De su personalista gestión. De su falta de empatía. De algún que otro episodio de chulería. De su escasa llegada a las instituciones, ergo de su falta de influencia. El ‘A,B,C’ de todo lobby. Montes, que finaliza mandato a principios de 2017, parece sentenciado. El sector le envió el último recado la pasada semana en una tensa reunión entre los socios y su presidente. Encuentro de alto nivel en el que Montes recibió el ‘chorreo’ de los representantes de Iberdrola y Endesa, las dos compañías que se han mostrado desde siempre más beligerantes con las formas y los modos de Montes.

“Montes no es el perfil adecuado para lo que nos está cayendo”, explican desde el sector. El expresidente de Siemens ha perdido la confianza de los presidentes de las grandes eléctricas, señalan las fuentes consultadas, por su incapacidad para defender los intereses del sector y por no poner en valor los esfuerzos que vienen ejerciendo las compañías desde hace meses por adaptarse a los nuevos tiempos políticos y sociales en los que el sector trata de tender puentes tanto con la ciudadanía como con los partidos emergentes.

Las eléctricas están hartas de Montes. De su personalista gestión. De su falta de empatía. De algún que otro episodio de chulería.

No solo está en entredicho el papel de Montes como líder eléctrico sino también el de la propia patronal, dado que los presidentes de las empresas que lo integran tienen línea directa con el Gobierno y la actual oposición a la hora de tratar de influir en las decisiones gubernamentales sobre el sector. A diferencia de otras patronales, como sucede en banca con la AEB, en el que todos los bancos pagan pero Santander y BBVA, en menor medida, marcan la hoja de ruta, en Unesa no hay ningún liderazgo claro por parte de ninguna compañía. Precisamente, esa ausencia puede, paradójicamente, salvar a Montes, presidente del lobby desde diciembre de 2010, y renovado en 2014. Los vetos y cuitas particulares que impondrán los presidentes de las diferentes eléctricas a los candidatos puede impedir encontrar un nombre de consenso.

Ya en 2012, el estilo impuesto en Unesa por Montes empezó a incomodar a algunos de los asociados de la patronal eléctrica, formada por las mayores empresas del sector: Iberdrola, Endesa, Gas Natural-Fenosa, E.ON y HC Energía (perteneciente a la portuguesa EDP). Ese año, sin comunicación oficial de por medio, se solicitó a Montes que levantase el pie del acelerador y rebaje el tono de sus reivindicaciones. De fondo, subyacía la inquietud que generaba entre las eléctricas la reforma energética anunciada por el ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, para poner coto al déficit de tarifa (desfase entre ingresos y costes regulados del sistema eléctrico), el gran problema del sector.

Precisamente, en marzo de 2012, Montes protagonizó, probablemente a su pesar, un insólito encontronazo mediático con el secretario de Estado de Energía, Fernando Marti Scharfhausen. El presidente de Unesa reclamó una subida de la luz del 15% para enjugar el déficit y la respuesta de Industria llegó ese mismo día. En una nota, recordó a Montes que “la dirección de la política energética corresponde al Gobierno de la Nación” y advirtió a Unesa de que “se equivoca gravemente si piensa que va a dictar la política energética del Gobierno”. Además, Marti dejó claro, como había hecho antes Soria, que “la solución al problema del déficit de tarifa no va a recaer, exclusivamente, sobre las espaldas del consumidor”.

Dos semanas después, en vísperas de que Industria anunciara una subida de la luz del 7% y una serie de recortes a la retribución de las empresas, Montes calificó de “auténtico crimen” la rebaja a la actividad de distribución eléctrica que entonces flotaba en el ambiente. Y que llegó, por importe de 688 millones de euros anuales. En febrero de ese mismo ejercicio, Montes se erigió en portavoz de Soria al asegurar que “en ningún caso” Industria tenía en mente aplicar una quita al déficit de tarifa, como había sugerido el propio ministro un día antes. 

Esas fricciones se suman a los duros ataques que ha lanzado en los últimos meses el presidente de Unesa contra las primas que reciben las energías renovables y, en especial, la termosolar. “No se trata tanto de los mensajes como del estilo”, insisten desde el sector en su crítica hacia Montes.

Las compañías, atizadas por los partidos emergentes y por los nuevos líderes municipales y autonómicos, insisten en que Montes no ha sabido mostrar el compromiso del sector de evitar en lo posible los cortes de los servicios de luz y gas en invierno a los hogares con impagos en sus facturas. Solo exculpan su actuación en el programa ‘Salvados’, donde consideran que el formato (seis horas de entrevista) y el montaje emitido por Jordi Évole, convirtió en una trampa el mensaje de Montes.

@miguelalbacar