Hubo un día en que las televisiones exigieron dimisiones en el Gobierno por su gestión de la crisis del ébola, que implicó tres repatriaciones y el sacrificio del perro Excalibur, víctima inocente el pobre, que en en gloria esté. Los mismos periodistas que entonces demostraron una descomunal fiereza con el Ejecutivo se han comportado últimamente con una sospechosa complacencia con Pedro Sánchez, Fernando Simón y compañía.

El presidente del Gobierno comparecía este martes en Moncloa para anunciar un calendario de vacunación excesivamente ambicioso; y exponía sus previsiones, pero no la forma en la que iba a cumplir ese objetivo. Los 'amos' de las tertulias mañaneras, lejos de expresar incredulidad, se mostraron satisfechos. Y no por su optimismo sobrevenido, sino porque, como en el fútbol, hay algunos que en los partidos importantes se juegan el puesto.

Ser un propagandista es muy sencillo en estas condiciones. Como nadie pide cuentas, basta con prometer a los ciudadanos el cielo y la tierra; y, después, si todo falla, echar la culpa a otros. Véase, a las comunidades autónomas, a las compañías farmacéuticas o a la Comunidad de Madrid, que parece el origen de todas las calamidades que afectan a este país.

Pedro Sánchez ha avanzado que el 9 de mayo terminará el estado de alarma y que, antes de septiembre, habrá 33 millones de españoles vacunados. Lo ha hecho pocos meses después -el pasado junio- de afirmar en el Congreso que España había “vencido al covid-19”. O de asegurar que nadie se “quedaría atrás” en la crisis con un Gobierno de izquierdas. O, qué se yo, de proponer la creación de 'arcas de Noé' para confinar en naves a población infectada que no pudiera convivir con sus familiares.

Pedro Sánchez y los aplaudidores

Las palabras han perdido su peso y se han vaciado de significado, por lo que cualquier discurso gubernamental es válido. El anuncio es suficiente. No hace falta exponer más allá de un eslogan y un puñado de frases rimbombantes. ¿Cómo llegarán las vacunas? ¿De qué forma se distribuirán entre las comunidades autónomas? ¿Qué instalaciones concretas se habilitarán para suministrarlas a los ciudadanos?

Son grandes preguntas logísticas sin respuesta. Cuestiones menos importantes que vender ante la prensa el mensaje de que estamos “al final de la pesadilla”. Humo, puro humo.

Muy mal lo tiene que ver la izquierda en la Comunidad de Madrid para iniciar la semana con este anuncio, después de vender como positivo un dato del paro preocupante y de volver a utilizar el CIS como si lo costearan sus afiliados. Es decir, cocinando la encuesta hasta achicharrarla. Así gobierna este PSOE sin escrúpulos y así le compra la mercancía su cohorte de palmeros mediáticos, que saben quién gestionará el reparto de los fondos europeos para la industria audiovisual y para los medios de comunicación; y son conscientes de lo que se juegan.

Ser un propagandista es muy sencillo en estas condiciones. Como nadie pide cuentas, basta con prometer a los ciudadanos el cielo y la tierra; y, después, si todo falla, echar la culpa a otros. Véase, a las comunidades autónomas, a las compañías farmacéuticas o a la Comunidad de Madrid

Sería altamente deseable que Sánchez tuviera razón y que “cualquier compatriota que lo desee pueda ser vacunado” antes del verano, pues implicará el final de la pandemia, que no de la covid-19. También sería una gran idea que las empresas especializadas en la lucha contra las fake news dedicaran los mismos esfuerzos a controlar el grado del cumplimiento del plan de vacunación que a emprenderla contra los enemigos mediáticos del Gobierno.

Desde luego, los precedentes no invitan al optimismo, pues mientras algunos países comienzan a salir del pozo y a presentar datos sanitarios y económicos moderadamente positivos, España sigue hundida. Con estado de alarma, toque de queda, restricciones al ocio y el futuro, oculto tras una espesa nebulosa.

Le preguntaba una periodista de TVE a Sánchez sobre la negociación de la Comunidad de Madrid con Rusia para comprar vacunas Sputnik. Le podría haber emplazado a responder algo más importante: ¿dimitirá si no se cumple el plan de vacunación, al igual que ha ocurrido con una gran parte de sus previsiones? Pero claro, la televisión pública sirve para lo que sirve...