Ni rastro de autocrítica. Nada de admitir un solo error. Ni un solo ejemplo de algo que se haya hecho mal. La comparecencia del presidente de Gobierno, Pedro Sánchez, para rendir cuentas sobre la actividad gubernamental en este 2020 marcado por la pandemia del coronavirus se resume en una sola palabra: perfección. Gracias, señor presidente, por ser tan perfecto.

Lo digo porque escuchando y viendo a Sánchez, con ese eslogan que rezaba "cumpliendo" de fondo, podría parecer que el Gobierno ha actuado de forma exquisita durante todo el año. Que no se ha equivocado ni una sola vez. Que no ha incurrido en contradicción alguna. Que ha solventado con precisión quirúrgica la crisis sanitaria derivada de la pandemia. Que no ha habido miles de muertos por no haber actuado antes contra el virus. Que no ha incumplido ni uno solo de sus compromisos. Una gestión impoluta.

La realidad, como todos los ciudadanos sabemos, es otra.

Ocurre que a Sánchez y Redondo no les gusta llamar a las cosas por su nombre. Todo es susceptible de calificarse de cualquier manera novedosa para que parezca más importante y decisivo de lo que realmente es

La comparecencia ha sido un ejemplo más de propaganda sanchista. Otra de esas ideas surgidas de la mente privilegiada del gran Iván Redondo. "Informe de rendición de cuentas", esparcen desde Moncloa. "Primer informe metódico en la historia del Gobierno de España", añaden. "Más transparencia que nunca", apostillan. Pompa y adjetivación excesivas para describir simple y llanamente la tradicional rueda de prensa que el jefe del Ejecutivo ofrece al final del año para hacer balance de la gestión. Ocurre que a Sánchez y Redondo no les gusta llamar a las cosas por su nombre. Todo es susceptible de calificarse de cualquier manera novedosa para que parezca más importante y decisivo de lo que realmente es.

El "informe metódico" ha consistido en glosar durante cincuenta y cinco minutos los innumerables aciertos gubernamentales. Un discurso cansino, carente de emoción, jalonado por palabras grandilocuentes y repleto de decenas de cifras agavilladas para contarnos lo maravillosamente bien que se ha hecho todo. Tampoco cabía esperar más de este hombre que, justo es decirlo, ha conseguido aprobar los Presupuestos con apoyos tan dispares y, por ende, tiene el terreno allanado para seguir gobernando con cierta tranquilidad durante casi toda la legislatura. La realidad es que hay Sánchez para rato más allá del ejercicio de publicidad regalado a los españoles este martes.

Sánchez ha dado las gracias no se qué "grupo de análisis metodológico" que evalúa la gestión gubernamental y ha insistido en que dicho grupo hace un trabajo que es "objetivo y verificable y ajeno al Gobierno". Es tan objetivo y tan ajeno al Gobierno que lo presenta el propio presidente

Hay que reconocerle al presidente del Gobierno, eso sí, que ha mejorado sobremanera en su capacidad comunicativa. Todas esas interminables comparecencias suyas durante los fines de semana del confinamiento fueron un entrenamiento de esos que dejan huella. Quiero decir que Sánchez sigue siendo Sánchez, es decir un hombre que puede defender con igual vehemencia e igual ahínco unos principios o los contrarios, pero cada vez su imagen resulta más convincente y seria. O, dicho de otra manera, vende la burra mejor que antes

Cincuenta y cinco minutos que han parecido horas. Pero lo mejor, con todo, estaba casi al final. Porque Sánchez ha dedicado una parte de su alocución a hablar de la comparecencia en sí misma. Ha explicado que esto va a hacerse durante toda la legislatura -tierra, tráganos-, ha dicho que estas comparecencias sitúan a España "en primera línea internacional en materia de rendición de cuentas", ha dado las gracias no se qué "grupo de análisis metodológico" que evalúa la gestión gubernamental y ha insistido en que dicho grupo hace un trabajo que es "objetivo y verificable y ajeno al Gobierno". Es tan objetivo y tan ajeno al Gobierno que se hace en Moncloa y lo presenta el propio presidente del Gobierno. Esta vez Sánchez y Redondo se han superado. 

Luego, en el turno de preguntas de los periodistas, Sánchez ha vuelto a ejercer de Sánchez. Requiebros, despejes y palabrerías para eludirlo todo menos el mensaje de apoyo a Felipe VI que quería colar en los telediarios.