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Jose Alejandro Vara

Opinión

Pedro Sánchez ya ha ganado

El PSOE ya ha ganado las elecciones. En número de escaños. Lo dicen todos los demóscopos, que ahora mismo están hechos un lío. Abstención y voto oculto: he aquí la clave del enigma

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez

Pedro Sánchez ya ha ganado. Coinciden todos los demóscopos, en especial el hiperbólico CIS. Sánchez ha ganado, no caben demasiadas sorpresas con permiso de los indecisos y de los tímidos. Aventaja entre 30 y 60 escaños al PP. Bien, Sánchez ya ha ganado, ¿y…? Tendrá más votos que nadie, tendrá más diputados que nadie, ¿y…? Pues nada. Pregunten a Susana.

En una Monarquía parlamentaria, los ciudadanos no eligen al presidente. Lo hace un colegio electoral, el Congreso de los Diputados. Por lo tanto, estamos como al principio. Sánchez no ganó nunca unas elecciones, pero gobierna. Bueno, más bien hace que gobierna, aunque en realidad está en campaña. Desde que cambió el colchón.  Un empeño obsesivo y muy caro. Ya nos ha endeudado en 20.000 millones dilapidando dineros públicos para comprar votos. Será de nuevo el primero en saludar el Rey en el besamanos de la Fiesta Nacional, dice a sus próximos. Esta vez lo hará bien. Es, posiblemente, la única promesa que cumplirá en los próximos años. 

Anhela la gente de bien un escenario bien sencillo: PP, 100; Ciudadanos, 50; Vox, 30. O, si lo prefieren, Vox, 50 y Cs, 30. El orden de los factores no altera el producto. Que no es otro que arrojar de nuevo a Sánchez a las fauces de Ferraz para que, esta vez quién sabe, den buena cuenta de él.

Sánchez ya ha ganado, ¿y…? Tendrá más votos que nadie, tendrá más diputados que nadie, ¿y…? Pues nada. Pregunten a Susana

De momento, el bloque del cambio, al estilo andaluz, no suma. El PP no hace el cesto, ni el ciento. Cs encalla y Vox ni calla ni otorga. El voto de Abascal es un misterio envuelto en un enigma. “Todo se decidirá en la última semana, como en Andalucía”, se excusan los augures, escocidos después de tanto patinazo. Tezanos se cura en salud y suelta su predicción con un 41 por ciento de ausentes. El papel mojado del CIS.

Por el momento, todos colocan el laurel en la cresta de 'Pedro I cum fraude’, como dice Federico. Su ambición tiene razones que la razón no entiende. Se rindió ante don Torra, pusilánime golpista. Suplicó a Otegi, de sanguinaria estirpe. Pactó con Iglesias, telepredicador iraní. Minucias. Su abrumadora maquinaria de propaganda monclovita, conducida hábilmente por el ingenioso Iván, ha hecho el milagro. Ha convertido al 'presidente más sectario y radical' de nuestra democracia, como dice Casado, con razón, en un estadista tolerante y moderado. Y aún más, ha transformado a los tres líderes de la plaza de Colón en los legítimos herederos de la plaza de Oriente. La ciénaga, los fascistas, la extrema derecha, los partidos del 36, el franquismo redivivo...Y así. Vulgar, ramplón y pedestre. Pero la cosa les funciona. 

Un circo de tres pistas

Faltan menos de 20 días para la cita electoral. Un suspiro. Un quilombo. Puros nervios. Casado enfila a Rivera. Está a punto de llamarle ‘el honorable comodín”, como le decían a Vicente López, autor del himno nacional argentino, "un político dispuesto a casarse con cualquiera". Rivera se la devuelve: “Vamos, vamos, espabile, coja el guante, forme un gobierno de coalición”. Y Abascal da la vuelta al ruedo entre gritos de la ‘derechita cobarde’ y la ‘veleta naranja’. Un circo con tres pistas. Y ninguna de despegue, precisamente.

Hay un dato que no cuadra. ¿Qué pasa con Podemos? Desde su regreso, Iglesias sale más en la tele que el hombre del tiempo, pero sólo cuenta películas de espías

Hay un dato que no cuadra. Una cifra que baila. ¿Qué pasa con Podemos? Desde su regreso, Iglesias sale más en la tele que el hombre del tiempo. Apenas tiene algo que decir, salvo contar películas de espías y abroncarse con Ferreras. Ha pasado de ‘Juego de tronos’ a ‘El tercer hombre’. Ni por esas. No remonta. El morado cotiza a la baja. Grescas intestinas enfangan su campaña. Sánchez lo necesita en cincuenta escaños para evitar al señorín del lacito. Por ahora, salvo el CIS, pintan bastos. Otro teorema sin resolver.

Ni a derechas ni a izquierdas. Un laberinto que solo tiene dos salidas. Rivera pactará con Sánchez y le pedirá a Casado su abstención. Cosa probable. O, directamente, el bloqueo, esa metáfora del infierno, donde sus moradores están condenados a convivir eternamente con sus enemigos. 

Los videntes lo tienen claro: la llave es la abstención. Si vota menos del 70 por ciento, gobierna Casado, o sea, el trío del cambio. Si vota más del 75, sigue Sánchez. Tan sencillo. Nada se soluciona tan fácilmente como aquello de lo que menos se sabe. De momento solo hay una cosa clara. Sánchez ya ha ganado. 

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