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Miguel Ángel Aguilar

Opinión

Sánchez, atado al palo mayor de la ciencia

El presidente del Ejecutivo logró que una holgada mayoría del Congreso prorrogara el estado de alarma 15 días más

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Congreso de los Diputados.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Congreso de los Diputados. EFE

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, quería tiempo y ya de madrugada, en una votación que tuvo lugar a las 2.00 horas, consiguió del Congreso, con holgura de 321 votos favorables, ninguno en contra y 23 abstenciones, la prórroga por otros 15 días del estado de alarma. Para los ciudadanos serán otros tantos de confinamiento, que algunos hubieran querido aún de más estricta observancia dejando sólo en actividad los servicios esenciales. Dicen que el virus lo demanda y que toda clausura es poca para acabar con el contagio

Estaba todo el pescado vendido porque el Partido Popular, Ciudadanos, Partido Nacionalista Vasco y esa pléyade de diputados elegidos cada uno como demostración de la existencia de su propia circunscripción habían comprometido en público y en privado el voto a favor, subrayando que daban su apoyo limpio, sin contraprestaciones, por puro sentido de lealtad institucional en una situación de calamidad pública, pasando por encima o dejando para mejor ocasión las diferencias que les separaban. 

Esa actitud derivaba del presentimiento compartido de que negar la colaboración, en momentos en que la unión se considera imprescindible para salir del estado de calamidad, les pasaría la cuenta en forma de costes de máxima gravedad cuando fuera llegada la hora de las urnas. Por eso, ninguno incurrió en mercadeos tan irritantes como manifiestos, como los que deparó el debate de investidura de Pedro Sánchez el día 5 de enero, cuando los portavoces en competición descarada anduvieron reclamando contrapartidas a cambio de sus votos ya fueran nuevas competencias, traspasos pendientes, ferrocarriles o cualquier otra ayuda, en esta ocasión.

La defensa de Sánchez

Pero el voto a favor, la invocación a la unidad y la ausencia de compensaciones iba cargado de desahogos para significar la ineficiencia del Gobierno en la gestión de la crisis y del recordatorio del retraso en verlas venir. La defensa de Sánchez era atribuir a sus contradictores un sesgo retrospectivo y presentarse como el más fiel cumplidor de lo que expertos y científicos en cada momento dictaminaban. Atado así a ese palo mayor se eximía de toda culpa. Los portavoces pugnaban por contraponer las fechas anticipadas por ellos a la ceguera penosa de Sánchez y entonces el presidente del Gobierno sacaba otro calendario para salir indemne.

Los del “Todo por el virus” cerraban filas para enfrentarse a los que caricaturizaban colgándoles el “Todo por la Patria”

El debate traía ecos de aquellos momentos en que Felipe González le decía a Fraga que no iba a caer en la tentación de recordarle determinados excesos mientras los iba enumerando. Por ahí Sánchez se arrancaba dando la impresión de que solicitaba solidaridad con la Comunidad de Madrid que era la más afectada pero enseguida atribuía a los recortes y privatizaciones de la sanidad pública efectuados por el PP las carencias que ahora se detectaban. De un lado a otro se arrojaban cifras y porcentajes del PIB dedicados al gasto social en los gobiernos de Aznar, Zapatero y Rajoy y acababan exhibiendo un pasado del que los autos y sentencias judiciales les habían hecho abominar corridos de vergüenza. 

Los del “Todo por el virus” cerraban filas para enfrentarse a los que caricaturizaban colgándoles el “Todo por la Patria”. Primero Gabriel Rufián -convencido de que ganaba autoridad con su prosodia sincopada, palabra a palabra, e incluso, sílaba a sílaba- y luego, las portavoces de EH Bildu y la CUP la emprendían contra las ruedas de prensa, donde ha comparecido algún general en uniforme con el pecho abrumado de condecoraciones. Querían invalidar el despliegue de la Unidad Militar de Emergencias e ironizaban sobre las tareas que han cumplido ejemplarmente, por cierto, sin  portar armas. Comme d’habitude presidente Sánchez se dejó decir, sin más que bosquejar de pasada débiles objeciones. 

Su fuerza polémica la reservaba para medirse con el líder del PP, Pablo Casado, aunque de modo muy calculado se abstuviera de replicarle y de dar el debido amparo a su vicepresidente segundo, Pablo Manuel Iglesias, quien, con rostro sombrío en el banco azul, se vio vapuleado una y otra vez porque se haya utilizado una disposición adicional del Real Decreto donde se declara el estado de Emergencia para legalizar que se incorpore a la Comisión Delegada del Centro Nacional de Inteligencia, a cuyas orillas venía intentando llegar al menos desde 2016 cuando pensaba que ya era vicepresidente primero y que el CNI formaba parte del botín.  

Más de once horas duró el pleno del Congreso de los Diputados que concluyó con la votación que aprobaba la prórroga del estado de Alarma por otros 15 días que concluirán cuando sean las 00.00 horas del próximo 12 de abril. El orden del día era una suma heterogénea de convalidaciones de Decretos Ley que subieron a defender a la tribuna los titulares de Trabajo, Yolanda Díaz; Agricultura, Luis Planas, y la vicepresidenta tercera y ministra de Economía, Nadia Calviño. Los portavoces de los aliados del Gobierno y de la oposición multiplicaron sus peticiones con el entusiasmo infantil de los niños cuando escriben a los Reyes Magos. El papel y el micrófono lo aguanta todo. Continuará. 

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