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Miguel Ángel Aguilar

Opinión

Si quieres la paz, entiende la guerra

De nada le habrá valido a Pablo Casado votar a favor de las tres primeras prórrogas del estado de alarma y abstenerse en la cuarta. Sólo le pasan la cuenta por el voto en contra de la quinta

Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados
Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados EFE

A Pedro Sánchez y a los veintitrés ministros de su Gobierno, el más numeroso de los constituidos en los cuarenta y dos años de historia de nuestra monarquía parlamentaria, no se les cae de la boca que el PP es culpable, como lo era Rusia cuando el cuñadísimo Serrano Suñer se asomaba para gritarlo desde el balcón del palacio de Santa Cruz sede del ministerio de Asuntos Exteriores. Ahora Sánchez, la portavoz Montero y todos los demás repiten que también Casado y el PP son culpables del asombroso pacto con EH Bildu, a tenor del cual se procederá con inmediatez a la derogación íntegra de la reforma laboral; de los muertos que se suman o restan de las cuentas del doctor Fernando Simón o de la línea casi recta que une Nueva York, Madrid, Teherán y Pekín invocada por la vicepresidenta primera del Gobierno Carmen Calvo para dar cuenta de la especial incidencia del virus en España, al modo en que la precursora Leire Pajín señaló la conjunción astral de Obama y Zapatero.

De nada le habrá valido a Pablo Casado votar a favor de las tres primeras prórrogas del estado de alarma y abstenerse en la cuarta. Sólo le pasan la cuenta por el voto en contra de la quinta. El presidente sólo sube a replicarle para darle leña, sin consideración alguna. Las cortesías, los mimos, las comprensiones ilimitadas, las tiene reservadas para ofrendárselas en respuesta a los dislates que quieran lanzarle Esquerra Republicana de Cataluña, Junts per Cat, la CUP, EH Bildu, BNG y otros afines asimilables a quienes siempre responde con agradecimiento seráfico cualesquiera que sean las coces que le hayan propinado y los agravios que hubieren proferido contra la Constitución, el Rey, el Tribunal Supremo, las Fuerzas Armadas, la Guardia Civil y el sursum corda. Parece gozar haciéndose de mieles para toda esa troupe heterogénea porque les guarda gratitud imperecedera desde la investiduraque bordaron rojo ayer y porque sabe de modo indeleble que cualquier desprendimiento que enflaqueciera tan sorprendente suma pondría en riesgo la vida del artista y la continuidad de la legislatura.

El trato con interlocutores tan característicos ha enseñado al presidente Sánchez a distinguir entre las diversas clases de fanatismo y a apreciar cómo el tipo más puro de fanatismo es aquel que no está diluido por la codicia"

El presidente cuando ha querido buscar la paz ha empezado por abstenerse de preparar la guerra. Frente al adagio de si vis pacem para bellum ha preferido atenerse al si vis pacem para pacem. Por eso lleva años haciendo oídos de mercader a las inconveniencias que le han venido diciendo Carles Puigdemont, Joaquim Torra, Oriol Junqueras, Ada Colao, los Jordis o los consellers, ya sea con despacho en la plaza de Sant Jaume o prófugos de la Justicia. Empeñado en acordar con ellos ha sabido desvivirse en sus funciones de anfitrión, multiplicándose solícito en Moncloa y procurando que todas sus deferencias y cariños quedaran bien reflejados en las grabaciones de las cámaras de televisión española, adiestrada en esos menesteres como si formara parte adicional del servicio doméstico. Como aprendimos con la lectura de la estrategia de la aproximación indirecta de Liddell Hart sucede que el espíritu de la barbarie sólo se debilita durante el cese de las hostilidades, mientras que la guerra lo estimula. El trato con interlocutores tan característicos ha enseñado al presidente Sánchez a distinguir entre las diversas clases de fanatismo y a apreciar cómo el tipo más puro de fanatismo es aquel que no está diluido por la codicia. También ha podido verificar cómo el vértigo de la extinción imbuye el coraje inigualable de la desesperación.

Magistrados de máxima solvencia señalan que carece de sentido abrir una causa de homicidio por imprudencia ni siquiera de prevaricación respecto a los muertos registrados del coronavirus"

Cualquier observador conformaría que ha cambiado el aire de manera que lo que se computaban como méritos ahora se han trocado en fracasos. Y que los buscadores de proximidad al Gobierno como fuente de calor y prosperidad perciben debilidades y cambios y concluyen que viene a ser más saludable mantenerse a distancia. En cuanto a la señora titular del Juzgado de Instrucción número 51 de Madrid, Carmen Rodríguez-Medel, magistrados de máxima solvencia señalan que debió inadmitir la querella contra el delegado del Gobierno y otras autoridades porque carece de sentido abrir una causa de homicidio por imprudencia ni siquiera de prevaricación respecto a los muertos registrados del coronavirus. Coinciden los magistrados aludidos en que en este caso las invocaciones de su colega del juzgado número 51 al derecho penal son un dislate. Pero, en todo caso, cuando un juez encomienda un informe a la unidad de policía judicial que corresponda, la ley establece que sólo a él se le debe, sin que puedan ingerirse los mandos orgánicos de superior jerarquía. Tampoco por tanto en este caso el jefe de la Comandancia de la zona de Madrid, el coronel Diego Pérez de los Cobos. Ahora bien, en el caso de que el citado coronel hubiera faltado al cumplimiento de su deber el ministro en vez de cesarle “por pérdida de confianza” debiera haberle abierto un expediente disciplinario con suspensión de empleo como medida cautelar. 

Del descontento causado por la destitución de Pérez de los Cobos da idea la dimisión del teniente general Laurentino Ceña, Director Adjunto Operativo (DAO) de la Guardia Civil y, por lo tanto, número uno del Cuerpo sólo unos días antes de que venciera su compromiso el 2 de junio. La comparecencia del ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, junto a las ministras Portavoz y de Industria, Comercio y Turismo, para vender otra vez la equiparación salarial de la Guardia Civil y la Policía Nacional con las policías autonómicas que ya está acordada desde 2019 no ha disipado la impresión de que la cabeza del coronel Pérez de los Cobos era un objetivo acariciado por Esquerra Republicana de Catalunya. Volviendo a Liddel Hart subrayemos la vigencia de su máxima, según la cual “si quieres la paz, entiende la guerra”. Continuará.  

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