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Imma Lucas

Opinión

Cuando la vida está en juego

Estamos mal y no necesitamos que nos maquillen nada. Es preciso actuar con unidad y decisión para salvar vidas

Un paciente ingresa protegido con mascarilla en Urgencias del hospital de La Paz.
Un paciente ingresa protegido con mascarilla en Urgencias del hospital de La Paz. Leo Rama

La historia de hoy, personal, es una de las muchas que se están sucediendo desde el inicio de la pandemia y que tan sólo sirve de ejemplo para sentenciar que nuestro sistema sanitario vuelve a estar al límite, tanto en las UCI como la economía. Por desgracia, vamos a vernos confinados nuevamente

Ahora, la diferencia -nueve meses después de nuestro gran confinamiento y del primer decreto de estado de alarma- estriba en que cuantos forman la cadena sanitaria, además de fatigados y saturados, carecen de la misma fuerza mental que tenían entonces. Son muchos los que ven que ni en la calle, ni en la administración, léase nuestros políticos, se han logrado los avances suficientes.

De todo ello, de la saturación y del hartazgo, se deriva una situación de alto riesgo en la que se pone en juego la vida de la gente, y probablemente -creo que con total seguridad- hace un año no hubiese sucedido lo que les paso a contar. Vaya por delante que no culpo al pediatra encargado de hacer el cribaje telefónico, ni a la atención recibida en el 061 sino a un sistema que no está funcionado -digan lo que digan- y que, en los últimos años  y bajo diferentes colores políticos, no ha sido capaz de dotarse de las medidas necesarias para funcionar correctamente. Son muchas las listas de espera de pacientes no atendidos a tiempo, muchos los reportajes que se han hecho sobre ello. Al final, demasiados fallos humanos causados por la agonía del sistema.

Esa llamada no se produjo hasta pasadas las 18, habían pasado más de ocho horas cruciales en las que se hubiese podido desencadenar un trágico desenlace de habernos quedado esperando en casa

Actualmente, antes de acudir a un centro de atención primaria, efectúas una llamada y el doctor lleva a cabo un primer cribaje telefónico para valorar si es precisa una visita presencial o se resuelve por teléfono. En nuestro caso, la llamada se consiguió establecer tras una hora y media de intentarlo y unas setenta intentos fallidos. El teléfono del centro estaba saturado. El periplo empezó a las 6 cuando al telefonear al 061 para consultar cómo proceder ante el dolor de barriga de mi hijo, me indican que le dé Apiretal y que llame sobre las 8 al centro de atención primaria para que el pediatra valore si es preciso visitar al pequeño. Así lo hice. A las 8.15 empecé a llamar insistentemente y conseguí que me atendieran cerca de la 10, casi hora y media después. Me comunican que el pediatra se pondrá en contacto conmigo en cuanto pueda, que no me despegue del teléfono.

Esa llamada no se produjo hasta pasadas las 18, habían pasado más de ocho horas cruciales en las que se hubiese podido desencadenar un trágico desenlace de habernos quedado esperando en casa. Por suerte, a esa hora, el niño ya era atendido de urgencia en el Hospital Germans Trias i Pujol, Can Ruti en Badalona, al que acudimos a primera hora de la tarde al ver que el pediatra no respondía y que los dolores persistían. Diagnóstico grave, una apendicitis con perforación que precisaba de una intervención quirúrgica urgente. Álvaro se recupera, va a necesitar una semana de ingreso, pero se recupera, por suerte. Las circunstancias que rodean a la covid, desde el punto de vista sanitario, pusieron en riesgo su vida, como la de muchos. Cada uno que juzgue la historia como quiera. Estamos mal, fatal y no hace falta que nos maquillen nada. Es preciso actuar, con unidad, coordinación y liderazgo para que no se pierdan vidas. Cuídense.

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