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Juan Manuel López Zafra

Opinión

Pangloss y la desesperación

Más de 200 días después, el Gobierno sigue sin definir un marco normativo claro que las comunidades puedan aplicar sin desbordar sus competencias e invadir las libertades ciudadanas

Pangloss y la desesperación
Pangloss y la desesperación Europa Press

«Tout est pour le mieux dans le meilleur des mondes possibles.» Pangloss a Cándido

Han pasado 224 días desde que Sánchez decretó el primer estado de alarma. En total, 230 días desde el 8 de marzo, la única razón de este Gobierno para retrasar la toma de decisiones. Durante casi la mitad, durante 100 de ellos, los españoles hemos estado confinados, con muchas de nuestras libertades restringidas. Salimos más fuertes, se nos dijo; hemos derrotado al virus, proclamó un Sánchez tan glorioso como imprudente e irresponsable; salgan a vivir y a gastar, vengan los turistas, accedan a España sin otro control que una declaración de buenas intenciones. Mientras tanto, nuestros vecinos y competidores exigían controles sanitarios en frontera para ofrecer garantías, y no promesas, a los viajeros. Como señalé en agosto, era imprescindible entonces mandar un mensaje de seriedad.

La necesidad de certezas en tiempos inciertos es tan grande como difícil de lograr; pero lo que no puede nunca ocurrir es que, en la era de la información, se diga aquí no pasa nada, que todo está bien en el mejor de los mundos posibles. Si el 21 de agosto la incidencia acumulada a 14 días era de menos de 150 casos por 100.000 diagnosticados, dos meses después estamos en 350. Hemos pasado de 765 ingresos en 24h a 1907, de 541 enfermos en UCI por la enfermedad a 1966, de menos de una de cada veinte camas de UCI ocupadas por enfermos de covid-19 a más de una de cada cinco. Y, como señalaba Daoiz Velarde en su estreno en estas páginas, el problema se agrava si consideramos la enorme cantidad de enfermos de otras patologías que retrasaron sus pruebas y tratamientos en los meses más duros, y vuelven a retrasar ahora, provocando agravamientos que pudieran, en muchos casos, tener desenlaces fatales.

No se puede hacer cualquier cosa bajo el pretexto de la salud, no se pueden pisotear las libertades escudándose en el miedo

Mientras las cifras de contagios se disparan, mientras los hospitales se van llenando de enfermos, escucho a los analistas pedir medidas serias. Y que 'nadie' recurra las medidas de los gobiernos autonómicos, no vaya a ser que se le ocurra a un juez decir que los ejecutivos se están extralimitando en sus funciones y borrando derechos fundamentales que son la garantía de la convivencia democrática. Ocurrió en Madrid, donde el infausto ministro Illa, ese Pangloss que susurra al pérfido de Moncloa que todo va bien en el mejor de los mundos posibles, quiso pisarlos con una resolución de la Secretaría de Estado de Sanidad que los tribunales tumbaron sin mayor problema. No se puede hacer cualquier cosa bajo el pretexto de la salud, no se pueden pisotear las libertades escudándose en el miedo. Como señalaba Guadalupe Sánchezen estas mismas páginas, las formas en Derecho son fundamentales, porque son nuestra garantía para combatir la arbitrariedad de los poderes públicos. Más de 200 días después, el Gobierno sigue sin definir un marco normativo claro que las comunidades autónomas puedan aplicar sin desbordar sus competencias e invadir las libertades ciudadanas.

Más de 200 días después, tampoco contamos con ninguna evolución en las métricas empleadas. ¿Cómo es posible que se nos comunique la ocupación de UCIs, cifra sin duda necesaria, pero no se acompañe del tiempo medio de permanencia en ellas? Es fácil de entender que, para una capacidad supuesta de mil camas de UCI, si todos los días ingresan 900 pacientes de covid que fuesen dados de alta en 24 horas, la saturación diaria será del 90%, pero todos los días podríamos atender a otros 900; esto, evidentemente, no es lo que está ocurriendo, pero el ejemplo sirve para entender que tan importante como el nivel de ocupación es la duración media de la estancia; esa sí es una métrica que nos podría ofrecer información acerca de la situación real del sistema.

Cerrar parques

Ninguna Consejería de Sanidad, ningún organismo oficial, y, menos aún, los responsables directos de la salud de los españoles, como son el ministro Illa y su mano derecha Simón, informan a ese respecto, lo que nos deja tuertos en el análisis. Se sigue obviando el hecho, contrastado, de que el virus se transmite por aire, mientras se cierran parques y se limita el aforo de terrazas y se mantienen abiertos centros universitarios y no se revisan protocolos de actuación en locales cerrados. El Ministerio de Sanidad de Israel, país en el que la segunda ola está siendo especialmente virulenta, ha estudiado la incidencia del SARS-CoV-2 entre los menores, esos que, para tantos, no transmiten la enfermedad, comprobando que la tasa de positividad era superior en un 30% a la de los adultos. De ahí, ha concluido que los establecimientos escolares pueden acelerar la transmisión de la enfermedad, y que, pese a que la mayoría de los menores son asintomáticos (entre la mitad y dos de cada de tres), muchos podrían ser súper difusores del virus. Mientras, el Centro de Control de Enfermedades cambiaría su definición de contacto estrecho (hasta ahora, más de 15 minutos a menos de 1.5 metros hablando sin mascarilla) tras comprobarse la infección de un empleado de prisiones de Vermont que nunca estuvo ese tiempo con los infectados, con los que interactuó varias veces en períodos breves. Todos entendemos que seguimos en fase de aprendizaje; lo que muchos no acabamos de entender es dónde está la investigación del Ministerio, del CCAES y de las consejerías sobre el virus, ni cómo es posible que se apliquen varas de longitud variable a medida de quién gobierne la comunidad autónoma.

Los planes del Gobierno se fían a una ayuda que no sabemos cuándo llegará, y que sólo permitirá poner un parche que ayudará a corto plazo

Mientras tanto, cien mil empresas han ido cerrando sus puertas, dejando en la calle a miles de españoles que ven su futuro tan oscuro como una noche sin luna. Los planes del Gobierno se fían a una ayuda que no sabemos cuándo llegará, y que sólo permitirá poner un parche que ayudará a corto plazo, pero no resolverá los problemas que el propio Ejecutivo se ocupa de crear, anunciando más represión fiscal, más economía subsidiada y más restricciones a la libre empresa. La paradoja de un Gobierno desnortado, que anuncia su apuesta por el futuro digital mientras afila los cuchillos de descabello con una tasa Google a las empresas del sector.

Cierto es que la situación empeora en todas partes, no sólo en España. Como cierto es que seguimos teniendo la tasa de mortalidad más alta del mundo desarrollado. Pero no sirve aquí el mal de muchos, que siempre fue consuelo de tontos. Los equipos técnicos han tenido más de doscientos días para elaborar planes de contingencia en distintos escenarios. Y, a pesar de ello, aún tenemos que escuchar a Simón, del que pedí la dimisión el 14 de marzo y que sigue en su puesto, que el plan de alerta temprana estará disponible cuando se publique. Plan de alerta temprana casi ocho meses después de la aparición de una enfermedad que negó, que despreció y que es incapaz de entender y controlar; parecería que nos están tomando el pelo, si no fuese porque es lo que llevan haciendo desde marzo.

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