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Juan Carlos Bermejo

Opinión

Tras la pandemia, la 'econodemia'

La crisis que acaba de empezar no tiene forma de “V”, ni de “W”, ni siquiera de “L”. En estos momentos es una “I” latina, porque aún no sabemos cuándo se tocará fondo.

Angela Merkel y Emmanuel Macron
Angela Merkel y Emmanuel Macron EFE

Hace poco más de dos meses, la vicepresidenta económica, Nadia Calviño, afirmaba que "el impacto económico del coronavirus está siendo poco significativo y transitorio". Semanas más tarde, envió un informe a Bruselas (con un cuadro macro propio de las novelas de ciencia ficción) afirmando que la crisis sería coyuntural con una recuperación en forma de “V”.

Hoy, los baños de realidad son significativos. La Comisión Europea revela que el país que más fondos ha recibido por los daños de la covid-19 ha sido, ante la perplejidad del público, ¡Alemania!. El fondo de reconstrucción de 1,5 billones de euros ni está ni se le espera, por los recelos entre los estados miembros. Macron pacta con Merkel una propuesta para liberar cuanto antes fondos porque Francia, el gran tapado, está más débil que nunca.

Muchos personajes empiezan a ejercer su papel de coartada de el Sistema. El último de ellos el gobernador del Banco de España, que señala un hundimiento seguro del PIB cercano al 12%. Eso sí, como fiel vasallo, propone subir impuestos para que soporten el peso los de siempre, pasando de puntillas sobre la eficiencia en el gasto en lugar de detallar claramente (porque herramientas tiene) cómo y dónde reducir la inmensa industria política, que supone un despilfarro anual de cien mil millones anuales.

¿Recortes en sanidad, educación o servicios sociales? ¡No señor! Si algo está demostrando esta crisis es dónde no hay que recortar. Los recortes se deben hacer en los centenares de miles de enchufados, familiares, amigos y correligionarios de los partidos políticos que copan los miles de entes públicos de escasa o nula actividad, salvo la de dar de comer a 'la famiglia'.

Subir impuestos a personas que cada minuto que pasa son más pobres es un completo disparate, porque además de inmoral será ineficaz

Es cierto que el déficit superará este año los 150.000 millones de euros debido a la caída brutal de la recaudación y al aumento del gasto en prestaciones, pero subir impuestos a personas que cada minuto que pasa son más pobres es un completo disparate, porque además de inmoral será ineficaz.

Si el Gobierno quiere tapar esa sima, debe tomar dos medidas a corto plazo muy claras. La primera de ellas es una radical reducción del gasto superfluo y la segunda no subir los impuestos a los que ya pagan, sino hacer que los que no paguen lo hagan de una vez, por ejemplo, los dueños de las SICAVs, los defraudadores, las empresas del IBEX y aquellas multinacionales que venden en España y tributan en paraísos fiscales.

Servicios públicos y pensiones

Hecho esto, debe adoptar iniciativas a largo plazo, con la ayuda de esa comisión parlamentaria de Reconstrucción (si quieren servir sus señorías para algo y no sólo para cobrar una nueva dieta) centrándose en inversión en tejido productivo para generar bienes y servicios de alto valor añadido, que a su vez haga al país menos vulnerable y se generen altos márgenes comerciales para ofrecer salarios altos y por lo tanto altas recaudaciones para garantizar los servicios públicos y las pensiones.

¿Están los grupos parlamentarios del Congreso en unirse para llevar a cabo estas medidas? Todo lo contrario. La mediocridad campa a sus anchas por el Hemiciclo.

La semana pasada, un grupo de profesores y economistas independientes enviamos a Bruselas las cifras que demuestran la imagen fiel de la economía española y nuestras propuestas para distribuir las ayudas de forma correcta y eficiente. Entre los destinatarios se encuentran Ursula Von der Leyen, Valdis Dombrovskis, Paolo Gentiloni, Mario Centeno y Christine Lagarde.

Seguramente, responderán amablemente y no harán nada, pero acusarán recibo, y eso servirá para que los españoles podamos defendernos en los tribunales internacionales en el caso de que nuestro país entrara en bancarrota y tenga que ser rescatado por culpa de unos gobernantes y auditores irresponsables.

Tras la pandemia, viene la “econodemia”, y es una obligación poner en alerta a los españoles de la que se nos viene encima, para que estén avisados y cada uno de ustedes obre en consecuencia para sufrir lo menos posible una situación que no tiene precedentes con los que compararse. La crisis que acaba de empezar no tiene forma de “V”, ni de “W”, ni siquiera de “L”. En estos momentos es una “I” latina, porque aún no sabemos cuándo se tocará fondo.

Desaparecerán más de ciento cincuenta mil empresas y se reducirán drásticamente los salarios públicos y las pensiones

En la crisis de 2007, el Gobierno rescató al sistema bancario por hacer las cosas mal. Hoy, empresas y trabajadores han tenido que parar sin tener culpa alguna, y el Gobierno no los está rescatando. Las empresas y las familias necesitan dinero urgentemente para financiar el circulante, pero la realidad es que hay centenares de miles de personas sin cobrar las prestaciones y más de la mitad de las empresas no han recibido los préstamos ICO. Cada minuto que pasa es vital porque de lo contrario los daños serán irreversibles. Es doloroso decirles esto. No son juicios de valor, son matemáticas.

Dependencia y servicios

El PIB en España caerá un 20% este año, el déficit superará el 15%, la tasa de paro alcanzará el 30%, la deuda PDE superará el 140%, la deuda total el 175%, desaparecerán más de ciento cincuenta mil empresas y con toda seguridad se reducirán drásticamente los salarios públicos y las pensiones.

No todo son malas noticias. Tiempos de crisis, tiempos de desgracia, pero también tiempos de oportunidades. España tiene la oportunidad de deshacerse de un modelo económico basado en la dependencia, los servicios, la precariedad y la vulnerabilidad para convertirse en una potencia económica y logística mundial aprovechando su posición geoestratégica y la tenacidad que siempre nos ha caracterizado a lo largo de la Historia.

De nosotros depende. De lo contrario, estaremos condenando a la pobreza y a la servidumbre al menos a dos generaciones.

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