Los movimientos tan bruscos y volátiles del PIB de este año han popularizado mucho este dato. P.I.B. es un acrónimo de Producto Interior Bruto, un indicador que pretende valorar el tamaño de una economía y cuyas subidas y bajadas son traducidas como épocas de expansión y contracción. Ha tenido tanto éxito porque es bastante fácil de calcular, teniendo todos los datos, con una sencilla fórmula que no implica algoritmos o raíces cuadradas, tan sólo sumar y restar: es igual al Consumo (de consumidores y empresas) + la Inversión + el Gasto del Gobierno + las Exportaciones netas (exportaciones menos importaciones, si se importa más de lo que se exporta entonces este resultado resta en lugar de sumar). El mayor problema a mi juicio es que el PIB mide sobre todo el gasto, algo que puede mantenerse artificialmente gracias a la deuda que no aparece reflejada por ninguna parte.

Si un país dispara el gasto del Gobierno gastando más de lo que ingresa (lo que conocemos como déficit presupuestario) para cubrir el desfase emite más deuda y gracias a ello su PIB crece o frena su decrecimiento aunque con ello retrase el crecimiento del futuro puesto que esa deuda más sus intereses restarán antes o después.

Durante las crisis, los bancos centrales suelen bajar los tipos de interés y provocar que sea más barato endeudarse más y en estos años eso ha beneficiado a prácticamente todos los países del mundo. Otro problema que surgía cuando crecía tanto la deuda pública es que se reducían las posibilidades de colocar con facilidad y a buenos precios la deuda privada… a no ser que haya una liquidez enorme en el sistema, algo que está pasando ya hace años gracias a las masivas inyecciones de los bancos centrales y sus programas que incluyen también adquisiciones de deuda corporativa.

Es un dato positivo, pero no va a cambiar el signo negativo que prácticamente todos los países (se salvará China y quizás alguno pequeño) tendrán en su PIB anual este año

En 2020, por la pandemia, los bancos centrales han inyectado más liquidez que nunca y los estados están endeudándose como nunca también. Eso no pudo evitar la fuerte caída generalizada del PIB en el segundo trimestre porque contra los confinamientos poco podía hacer la política monetaria. Sin embargo, en el tercero, un mayor consumo y, sobre todo, un mayor gasto público al calor de la facilidad para endeudarse, han provocado un rebote generalizado.

Es positivo pero no va a cambiar el signo negativo que prácticamente todos los países (se salvará China y quizás alguno pequeño) tendrán en su PIB anual este año. Ni siquiera está claro que el actual trimestre pueda acabar subiendo algo dado lo imprevisible del virus y las reacciones políticas asociadas, en estos dos meses que quedan podría haber o no confinamientos que varíen las cifras.

Se supone que el PIB español caerá, en el total de 2020, en torno al 12% lo que provocará que, incluso con las previsiones más optimistas, no se recuperarán los mismos niveles de finales de 2019 hasta, mínimo, bien avanzado 2022 y muy probablemente ya sea en 2023. Esto relativiza mucho el 17,7 % conocido este viernes, por muy positivo que parezca. ¿Cómo luchar contra este panorama?

La manipulación china

Una forma de impulsar alzas del PIB es aumentando las exportaciones. Esa ha sido la obsesión mayoritaria de las grandes áreas económicas mundiales los últimos años aunque lógicamente, es imposible que todos exporten más sin que alguien aumente también sus importaciones. Para ayudar en esta batalla, los bancos centrales han tomado medidas debilitadoras para las monedas ya que cuanto más barata sea una divisa, más baratas, al cambio, son sus exportaciones para terceros países.

A esto se le ha llamado “guerra de divisas” y es algo que nadie reconoce oficialmente hacer pero que ocurre. Pongo un ejemplo muy básico: si dos países con dos monedas diferentes fabrican móviles y su coste de fabricación es el mismo y quieren venderlos a un tercer país, el cambio de divisas es fundamental ya que si el receptor, al cambio, paga 0.90 por una y 1.10 por la otra, la diferencia para el consumidor final será, redondeando, del 20% y beneficiará –se precio final será más competitivo- al fabricante que exporta con la moneda más débil. Y lo mismo ocurre si se quiere atraer turistas, para ellos lo más económico es viajar allí donde la moneda es más débil respecto a la suya de origen.

Se acusó a China de manipular su divisa durante décadas ya que es el propio gobierno chino el que decide el cambio del yuan y no “los mercados” como en el resto de principales monedas mundiales pero lo cierto es que ya con la pasada crisis la mayoría de bancos centrales han aplicado políticas destinadas a debilitar la divisa propia. La contrapartida de tener una moneda débil viene porque se importa inflación pero eso no parece ser un problema actualmente.

El problema es que una vez pase lo más duro de la pandemia, se empezarán a vigilar los niveles de endeudamiento por lo que dudo que España pueda seguir recurriendo a ese “recurso” mucho tiempo más

España no puede hacer nada para debilitar su moneda, luego debe impulsar las exportaciones produciendo más barato y/o con más calidad. Para lo primero sería importante que bajara la factura energética pero por desgracia, tanto el gas como el petróleo –aún demasiado importantes en el mix energético- lo importamos, luego también estamos limitados por ahí.

Nos toca fabricar más y mejor ajustando costes pero por desgracia nuestra estructura empresarial se basa sobre todo en pymes y micropymes que dificultan la expansión internacional a lo que añadir el exceso de burocracia que limita tantas iniciativas en nuestro país. No obstante, los últimos años hemos aumentado bastante las exportaciones luego sí es posible seguir haciéndolo.

Las otras partidas que hacen subir al PIB son el consumo y la inversión. Lo primero podría seguir subiendo –ya pasó en el tercer trimestre- de momento porque estos meses ha aumentado el ahorro pero en 2021 alcanzaremos máximos plurianuales de la tasa de paro y eso supondrá que muchas familias se ajustarán el cinturón. La inversión depende mucho de la confianza y eso es algo que, por decirlo suavemente, de momento no se está generando por quien debería.

Otra forma de impulsar el consumo y la inversión es con endeudamiento barato, algo que se hace desde hace demasiados años en demasiados países. El problema es que una vez pase lo más duro de la pandemia, se empezarán a vigilar los niveles de endeudamiento por lo que dudo que España pueda seguir recurriendo a ese “recurso” mucho tiempo más.

No quiero ser pesimista pero las cifras son apabullantes: A finales del año pasado el PIB de España era de 1.244.757 millones de euros y nuestra deuda pública era de 1.188.859A finales de este año, y esta no es la previsión más catastrofista ni mucho menos, el PIB de España rondará el billón cien mil y nuestra deuda pública el billón trescientos cincuenta mil. En 2021 ésta seguirá subiendo porque no hay ninguna previsión de alcanzar superávit presupuestario (es decir, seguiremos gastando más de lo que ingresamos). Visualmente se aprecia mejor cómo ni con un endeudamiento masivo frenaremos un desplome histórico del PIB:

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En resumen, está más que justificado el aumento del gasto público debido a la pandemia y hasta la relajación de las normas de déficit de la UE y el extraordinario apoyo del BCE, pero deberá racionalizarse más el gasto desde ya porque desde luego la proyectada subida de impuestos no será suficiente. Y cara al futuro, si no queremos que las cifras sigan empeorando, habrá que aplicar ajustes.

Tampoco podemos olvidarnos que hemos sido rescatados –si no fuera por nuestros socios y el BCE, con nuestros números ya habríamos pedido ayuda al FMI para no quebrar- por los fondos de la UE con condicionantes, y en la situación actual hay “manga ancha” pero cuando la pandemia pase y lo que quede sean sus consecuencias económicas, nos exigirán fuertes recortes del gasto que dejarán en papel mojado el actual proyecto de Presupuestos para 2021. Personalmente, dudo de que la actual coalición gubernamental pueda sobrevivir a ello pero… ese ya es tema para otro día.