En las elecciones de la Comunidad de Madrid del martes 4 de mayo, todos salen a ganar. Tan sólo uno de los que compiten se alzará con la victoria, pero cualquiera que sea, se descarta que los sufragios obtenidos le confieran la mayoría absoluta y le permitan formar gobierno en solitario. Por eso, resulta orientador para los votantes conocer con quién se aliaría el ganador en caso de necesidad. Para despejar esa incógnita y garantizar a los electores que sus papeletas nunca serán tergiversadas, el candidato del PSOE, Ángel Gabilondo, ha indicado el lunes que, si hubiera de pactar “lo haría con Ciudadanos y con Más Madrid”, pero no con el candidato de Unidas Podemos. Su negativa tajante se produjo durante una entrevista en la Sexta donde dijo “con este Iglesias, no”, evocando aquel “con Rivera, no” que proferían los congregados bajo los balcones de Ferraz la noche del domingo 10 de noviembre de 2019 al conocerse los resultados insuficientes de las elecciones generales.

En funciones de tutor o de bombero, el secretario de organización del PSOE, José Luis Ábalos, salió rápido al quite tras la reunión de la Ejecutiva. Vino a decir que hiciéramos oídos de mercader a las promesas de Gabilondo que, como corresponde a las de todo candidato, se evaporan concluido el escrutinio de las urnas cuando llega la hora de la verdad y de abordar las alianzas, un juego reservado a las gentes responsables del partido, conscientes de que todo lo que ayuda a ganar las elecciones se convierte en un inconveniente desde al primer día de la victoria. Pero Ábalos no podía hacerle a Gabilondo de manera abierta una enmienda a la totalidad, ni rebajarle dando la impresión de que aceptaría cualquier alianza que quisieran imponerle.

¿Hasta dónde incomodará a los pablistas, aliados necesarios en Moncloa, que el candidato socialista por Madrid les trate como apestados que deber ser mantenidos a distancia?

En cuanto a Unidas Podemos, enseguida ha tratado, a través de las redes, de invalidar la preferencia manifestada por el candidato socialista hacia Ciudadanos como aliado deseado, recordando que dicho partido no tuvo reparos en pactar con Vox y con la presidenta del PP, Isabel Díaz Ayuso. De todas formas conviene analizar qué le ha sucedido a un candidato que se autodefinió como “soso, serio y formal” en el mismo momento de ser entronizado, para detectar que la mayoría del público habita en el centro político y lanzarse en su busca, deplorando la actitud de “confrontación, extremismo y anulación del contrario” en la que están enzarzados la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, y el vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Manuel Iglesias. La aspiración de este último de competir con la camiseta de Podemos superpuesta a la de Mas Madrid, se ha visto truncada por la candidata errejonista, Mónica García, quien con la autoridad del trabajo bien hecho y de una carrera profesional irreprochable le ha parado los pies a Iglesias diciendo que "Madrid no es una serie de Netflix" y que habiendo hecho "una oposición férrea a las chapuzas de Ayuso" ahora quiere presentarse para ser la próxima presidenta de la Comunidad. Además, ha criticado que las mujeres sean las que hagan el trabajo sucio para "ser apartadas en los momentos históricos". De modo que a la irresponsabilidad por parte de Isabel Díaz Ayuso de esta nueva convocatoria de elecciones "no podemos sumarle ni más frivolidad, ni más espectáculo, ni más testosterona".

 Por ahí aparece otra coincidencia con Gabilondo quien entiende que “la mayoría de la población lo que quiere es que no haya frivolidad” y que, en línea con el Pedro Sánchez anterior a las urnas, apunta cómo le intranquilizaría tener en su Gobierno algún morado con un planteamiento extremista y radical. ¿Será porque piensa que así sumará más votos? ¿hasta dónde incomodará a los pablistas, aliados necesarios en Moncloa, que el candidato socialista por Madrid les trate como apestados que deber ser mantenidos a distancia? La solución el próximo martes.