En el Congreso suena Pablo Hasel, con un historial delictivo que incluye agresión a un periodista, ataque al testigo de un juicio, su presunta participación – todavía no se ha celebrado el juicio – en el asalto a la subdelegación del Gobierno de Lérida y, naturalmente, el listado de injurias, calumnias, mentiras y difamaciones que vierte en sus temas. Hasel, es decir, Pablo Rivadulla Duró, se ha especializado en alabar a ETA, los GRAPO, Terra Lliure o Al Qaeda. Quien hace sonar un tema de Hasel es un diputado de las CUP, Albert Botrán, que “quería compartir con la cámara” una canción del rapero de Lérida hoy detenido. El diputado ha aprovechado para hablar de libertad de expresión, de dictadura, de delitos de opinión, de escudarse detrás de los jueces, de vergüenza. Con estos dice Aragonés que pretende gobernar Cataluña, tomen nota. Claro, que Aragonés admira a Otegi.

Hasel, condenado a dos años y un día de cárcel por injurias a la Corona y a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado lo ha sido, y citamos textualmente, “por el delito de enaltecimiento del terrorismo”, presentando a los terroristas, continúa la sentencia, como “héroes y ejemplos a imitar” así como a sus actos de “heroicos y justificados”. A ese tipo defienden las CUP y a esos sujetos se les considera aptos para estar en un Gobierno. Pienso que, acaso, entre los buenistas, los que no se dan cuenta de que viven en una dictadura comunista hasta que se encuentran en la cola de la Cheka, se pueda pensar que la creación es libre y no hay que interferir en ella. Por eso sostengo que lo de Rivadulla no es arte. Lo suyo es infamia grosera y comparar sus deprecaciones mentales con el más torpe de los cantantes sería una ofensa para este último. Juzguen ustedes mismos algunas de sus creaciones mediante frases que reproduzco con repugnancia solo para disipar las mentes de quienes opinan que debemos ser muy demócratas y cogérnosla con papel de fumar ante la barbarie. Lean.

“Siempre hay algún indigente despierto con quien comentar que se debe matar a Aznar”, “¡que alguien le clave un piolet en la cabeza a José Bono!”, “¡merece que explote el coche de Patxi López!”, “no me apena tu tiro en la nuca, pepero”, “es un error no escuchar lo que canto, como Terra Lliure dejando vivo a Losantos”, o las que vomita en su tema “Juan Carlos el Bobón”: “Me cago en la marca España explotadora y babosa”, “si Froilán se disparó en el pie siendo menor de edad va a disparar a toda la Familia Real” o “los GRAPO eran defensa propia ante el imperialismo y su crimen”.

Hay gente con la que nos cruzamos a diario que también piensa que a Hasel se le ha condenado por decir lo que piensa, cuando no es cierto. Siento que el alma se me cae a los pies.

Ese hombre dice ser artista y así lo defienden sus correligionarios en la bajeza moral. Dice que sus letras expresan la verdad y sus compañeros de odio también aseguran que es cierto. Y todos, él y los suyos, argumentan que vivimos en un Estado fascista, dictatorial, represor. Porque él es un artista. Madre de Dios, hasta qué punto se ha retorcido el hilo de lo cierto para que existan mentes tan perturbadas que crean tamaña enormidad. Porque hay gente con la que nos cruzamos a diario que también piensa que a Hasel se le ha condenado por decir lo que piensa, cuando no es cierto. Siento que el alma se me cae a los pies.

Escribo esto mientras escucho la Novena Sinfonía de Beethoven. Justo ahora suena la Ode an die Freude, lo que conocemos como Himno a la Alegría, un texto escrito por el gran poeta alemán Friedrich Schiller que eleva su verbo para cantar a la hermandad entre todos los que vivimos en este valle de lágrimas. Es un canto de esperanza, de fe, de humanismo, y Beethoven, otro convencido de que la fraternidad ha de ser la medida del mundo, le puso música, la más sublime de todas las músicas, música llena de esa luz que ambos artistas buscaron a lo largo de toda su obra.

O Freunde nicht diese Töne! Sonder last uns angenehmere anstimmen und freudenvollere. Freude! Freude! Freude, schöner Götterfunken tochter aus Elysium, Wir betreten feuertrunken, Himmlische, dein Heligtum. Amigos, no usemos esos tonos, al contrario, entonemos otros más agradables, ¡alegría, alegría, alegría! Bella espuma divina hija del Eliseo, entremos, ebrios de fuego celestial, en tu santuario.

El arte precisa talento, iluminación, alma limpia y mirada clara. Y, sobre todo, humanidad. Por eso no han condenado y encerrado a un artista. La Justicia ha actuado contra un odiador profesional que admira el crimen y al criminal.