"La 'Operación Illa' no ha fracasado, Salvador va a ser presidente de la Generalitat de Cataluña, la única incógnita es cuándo". En los despachos más selectos del palacio de la Moncloa lo tienen claro. A pesar de lo que muchos interpretan tras los resultados de las elecciones del pasado 14 de febrero, que dejaron una victoria amarga para los socialistas (triunfo en votos y en escaños, pero escasas opciones de sumar una mayoría parlamentaria), la jugada para colocar al exministro de Sanidad al frente del gobierno catalán no se da por terminada.

El análisis que hace el entorno de Pedro Sánchez es que el experimento de reunir bajo el liderazgo de Esquerra Republicana (ERC) a Junts y la CUP descarrilará pronto o ni siquiera llegará a concretarse, por lo que todavía queda mucho partido por delante. De hecho, no se descarta algún tipo de acuerdo entre los socialistas y ERC antes de que expiren los dos meses que quedan de plazo para evitar que haya una repetición electoral en el mes de julio.

Aunque puede parecer descabellado que ERC vaya a entregar a Illa la presidencia del Govern habiendo obtenido los mismos escaños que el PSC, lo cierto es que en Moncloa están muy tranquilos. Saben que el tiempo juega a su favor: están seguros de que una repetición electoral reforzaría las opciones de Illa gracias fundamentalmente al desplome de Ciudadanos, que el 14-F obtuvo todavía seis escaños y que los últimos sondeos dejan en dos, y al castigo que sufriría el independentismo tras haber sido incapaz de formar gobierno. Además, Illa seguirá intentando hasta el último momento que le dejen presentarse a una investidura, aunque no disponga de los apoyos, por lo que si al final se lo impiden usará en la campaña el argumento de que él quiso buscar una solución pero no le dejaron.

Illa haciendo de Valls

Y luego hay otras dos opciones de colaboración entre ERC y el PSC que, aunque un tanto excéntricas, se están barajando. La 'vía Valls', que consistiría en que los socialistas se abstuvieran por "responsabilidad" en una hipotética nueva investidura de Pere Aragonès, consiguiendo alejarle de la influencia de Carles Puigdemont y dejando fuera de juego a su partido (Junts). Es la teoría del mal menor, es decir, algo parecido a lo que hizo Manuel Valls tras las últimas elecciones municipales en Barcelona, cuando optó por facilitar la continuidad de Ada Colau para evitar que el independentismo radical llegase a la alcaldía. Esa opción está siendo ya planteada dentro del PSC, como ha contado en 'Vozpópuli' Laura Fàbregas. La otra posibilidad sería aprovechar el empate en escaños entre ERC y PSC para, sin llegar a gobernar juntos, sí al menos repartirse la presidencia en dos mitades: dos años Illa y dos años Aragonès. Solución salomónica de último minuto para evitar tener que convocar de nuevo las urnas.

Illa es ahora mismo la única personalidad política de altura en Cataluña", aseguran fuentes del Gobierno para argumentar que sería el gran beneficiado en unas nuevas elecciones

Obviamente, son todo cábalas y futuribles, pero lo cierto es que las líneas de comunicación siguen abiertas entre el PSOE y ERC y que las encuestas que se manejan en Moncloa son favorables para Illa. "Es ahora mismo la única personalidad política de altura que hay en Cataluña", insisten las mismas fuentes. Y lo bueno para los socialistas es que la investidura fallida de Aragonès deja ahora dos meses de plazo para buscar tranquilamente un acuerdo. Así pues, no hace falta que el PSC se moje antes del decisivo 4-M madrileño. Basta esperar a que pase esa cita y luego ya se verá.

Si finalmente los 'indepes' consiguen formar gobierno, en Moncloa auguran que durará poco tiempo y que en breve plazo habrá nuevas elecciones. Si ERC no logra el apoyo de Junts, cualquier vía alternativa pasará por el entendimiento con el PSC o, si no, comicios este mismo verano. Así que todos los escenarios conducen antes o después a una situación no del todo mala para Illa. Y, para el caso de que alguien no lo vea del todo claro, siempre quedará la baza de los indultos para terminar de convencerle.

Así que conviene no confundirse: el verdadero problema de España no está en Madrid, sino en Cataluña, y allí se van a mover muchas cosas durante los próximos días aprovechando que el foco está centrado en la capital. Atentos.

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