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Karina Sainz Borgo

Diario de la cuarentena (69)

¿Le ocurre a usted lo mismo?

Aunque hayamos cambiado de fase, hace tiempo que el confinamiento se ha convertido en otra cosa

Un metro de Madrid dirección Sol durante el confinamiento.
Un metro de Madrid dirección Sol durante el confinamiento. Clara Rodríguez

Viernes 22 de mayo. Aunque la fase 1 comienza el lunes, el confinamiento cambió de piel unos días atrás. De ciudad fantasma a Madrid embozado. De capital invernal a verano portagayola. No sé si a usted le ocurre lo mismo, pero yo ya ni me enfado. Siento un profundo abatimiento incluso para indignarme y observo con una preocupación cada vez más seria los brotes de violencia entre vecinos de un mismo barrio.

En el día número 69 del estado de alarma llevo mejor algunos asuntos. He dejado de temer al exterior, sigo odiando los supermercados y no me atrevo aún a subirme a un metro. Lo he hecho, pero como el Bartlebly de Melville: prefiriendo no hacerlo. Aunque lo intento, no puedo escuchar una comparecencia de Fernando Simón sin sospechar de la veracidad de lo que dice y hasta la marca de zumo con su nombre me cae antipática.

También he colocado punto final a una novela y me he metaconfinado en un diario, este que usted lee en este momento. Escribirlo se convirtió, de algún modo, en un confinamiento dentro del confinamiento. No puedes escapar del compromiso de entregarlo. Encontrar palabras adecuadas cuando lo vivido es casi indescriptible es un ejercicio saludable, porque cambia el punto de vista y confirma no haber inaugurado nada. Esto ha pasado antes y como la novela de Milena Busquets, también pasará. A pesar de eso, a veces cuesta. 

Después del cerrojazo, el confinamiento nos fue deparando pequeñas revelaciones personales

En todo este tiempo, he visto cerca de una decena de películas clásicas que desconocía, mi relación con la radio se ha hecho más profunda y descubrí que cocinar es una de las formas de memoria más sofisticadas. Me he vuelto adicta, todavía más, a Haydn. Además de confirmar que todo está en La Odisea, me enteré de muchas cosas que ignoraba de algunos amigos y constaté, como creo que la mayoría, que el teletrabajo es mucho peor que cumplir horarios.

Después del cerrojazo del catorce de marzo, una medida que se impuso como constatación de la tragedia, el confinamiento nos fue deparando pequeñas revelaciones personales. La más importante de todas apunta a un hecho: sólo disponemos de nosotros mismos, de nadie más. Y si alguien tenía alguna duda, podrá comprobar ahora que la armonía se sostiene en la responsabilidad individual. Dos meses de estado de alarma… y lo que queda por constatar. Toca reforzar el mundo interior, para poder salir a la calle. 

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