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Verónica Fumanal

Opinión

Los nuevos Pactos de la Moncloa

La implicación de todos los actores políticos resultará fundamental para tomar las medidas necesarias a fin de salir de esta lo antes posible

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), y el vicepresidente de Derechos Sociales, Pablo Iglesias.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), y el vicepresidente de Derechos Sociales, Pablo Iglesias. EP

El tiempo tiene la virtud de darnos perspectiva, la necesaria para poder analizar los hechos en toda su dimensión, no con la mirada corta de aquellos que, sin ver la cima de la montaña, desde su base, se atreven a valorar si será difícil o fácil subirla. Este puede ser el elemento diferencial con otras crisis que se han vivido y gestionado, que, en esta, la dimensión de la tragedia se va actualizando día a día, del mismo modo que las medidas necesarias para intentar paliar sus efectos. Este elemento absolutamente sustancial y diferencial respecto a otras crisis es el que debería hacer reflexionar a aquellos que fueron votados en las elecciones del año pasado. Todos los partidos políticos importantes tienen responsabilidades de gobierno en uno u otro nivel. Así que, aunque solo fuera por una estrategia corporativista, deberían unir sus fuerzas en “la mayor crisis de nuestra vida” como dijo el pasado sábado el presidente Sánchez.

En esa misma comparecencia, Sánchez mentó por primera vez los famosos Pactos de la Moncloa, un consenso no solo en términos económicos y de reforma de la economía, sino que también, incluyó un programa de actuación jurídica y política que abarcaba temas sustanciales como el nuevo estatuto jurídico de RTVE, reformas urgentes del código penal sobre los derechos de la mujer, los criterios sobre la revisión parcial de la ley de orden público… por citar solo algunos. En definitiva, una reforma en aspectos fundamentales para consolidar la economía de mercado, pero también la democracia. La parte económica fue a propuesta del vicepresidente económica, Enrique Fuentes Quintana, quien defendió contra otros miembros del gabinete, que debía ser aprobado mediante un gran pacto de estado “no bastaba una mayoría simple para adoptar tan importantes y profundas medidas (…) esa política de ajustes debía incorporar un cuadro de reformas del sistema económica que desbordaban las competencias de los actores sociales y económicos” relata Salvador Sánchez-Terán en su libro “La Transición síntesis y claves”.

La implicación de todos los actores resulta fundamental para tomar las medidas necesarias para salir de esta lo antes posible y con el debido respeto a la igualdad y justicia social

Como relata esta figura de la transición, Adolfo Suárez tras escuchar el argumento de su vicepresidente económico convocó a los grupos parlamentarios para debatir el documento, asegurándose de que todos asistieran, aunque le supusiera con algunos, gestiones añadidas. Cuando uno lee el argumento de Fuentes Quintana de 1977 y analiza el frenazo económico que ha sufrido ahora la economía global encuentra algunas similitudes, por que nos enfrentamos a una crisis económica absolutamente desconocida por el origen de su desaceleración. La implicación de todos los actores resulta fundamental para tomar las medidas necesarias para salir de esta lo antes posible y con el debido respeto a la igualdad y justicia social.

La respuesta al llamamiento de Sánchez ha sido desigual, también lo fue en los Pactos de la Moncloa, como relata Sánchez-Terán. Lo importante es si ante la llamada del presidente acudirán como hicieron en el 77 los líderes de todos los partidos, desde Felipe González a Jordi Pujol, pasando por Manuel Fraga o Santiago Carrillo; o si por el contrario veremos como los líderes escurren su responsabilidad en un momento que los definirá el resto de su vida política, como les pasó a los protagonistas de la transición.

Una sociedad sin derechos

España necesita esa unión, pero la clase política también. En estos momentos es el objeto de análisis y de ira de una sociedad sin derecho a la libre circulación, sin derecho al duelo, sin derecho a producir, sin derecho a convivir, sin derecho a tocar. Como se advertía en el inicio, todos los grandes tienen responsabilidades de gobierno, el PSOE y UP a nivel central, PP y Cs en Madrid o Andalucía, PNV en Euskadi, JxC y ERC en Cataluña. ¿Qué pasará el día que esto acabe y que empiece el revisionismo con los miles de muertos encima de la mesa? Si no ha habido unidad de acción real, todos intentarán arrojárselo a su adversario haciendo partidismo de esta pandemia, como ya empezamos a intuir desde algunas tribunas. Como si Sánchez, Ayuso o Torra no estuvieran haciendo todo lo que saben y pueden al objeto de parar esta pandemia, como si alguno de ellos pudiera dormir por la noche tranquilo sabiendo que la gente se muere y que una crisis galopante acecha tras la crisis sanitaria.

Se habrán cometido errores, por su puesto, no soy quien para juzgarlos sin toda la información y sin el conocimiento suficiente sobre crisis sanitarias. Sin embargo, el mayor error de todos sería no poner todo su talento político y técnico al servicio de la salida, evitar el partidismo que solo generalizará el desprestigio de la clase dirigente, y, sobre todo, alimentar entre todos un sentimiento de hermandad frente a la calamidad, de solidaridad de un país, de una región como la europea, y si me apuran, de especie. El tiempo dirá si estuvimos a la altura.

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