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Miquel Giménez

Opinión

¿Hacia un nuevo confinamiento general?

Dicen desde el gobierno que no, razón de más para creer que sí

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez durante la sesión de control en el Congreso.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez durante la sesión de control en el Congreso. EFE

La curva de crecimiento de nuevos contagios no engaña. Ni el toque de queda ni las medidas que se están parcheando desde las comunidades autónomas demuestran ser capaces de frenar el coronavirus. Ni aquí ni en otros países. Así que lo lógico es prever que en pocos días, hay quien dice que ya mismo, hay quien dice que en un par de semanas, volveremos al confinamiento domiciliario. Una solución drástica que será acogida de buen grado por la mayoría de gobiernos autonómicos, aliviados de tener que tomar unas decisiones que en cualquier otro país serían prerrogativa del gobierno de la nación. Porque, si dejamos aparte la necesidad sanitaria de limitar al máximo nuestros contactos sociales, esto va de pasarle la patata caliente al otro. Sánchez se inventó esa majadería de la cogobernanza para irse de vacaciones un mes y dejar que las autonomías se fueran cociendo en su propio jugo.

Ni el Gobierno central ni los autonómicos han sabido estar a la altura. En otros lugares, como Alemania, se actúa al margen de la epidemia vírica con medidas tendientes a la otra pandemia mortal, la económica. El tiempo que ha mediado entre el desconfinamiento y ahora podía haberse aprovechado para redactar una ley de emergencia sanitaria por el procedimiento de urgencia, para distribuir ayudas a fondo perdido entre pequeños propietarios de bares y restaurantes, para trazar un plan de apoyo al turismo, para instalar controles en aeropuertos y estaciones de tren, para suspender la cotización de aquellos autónomos que facturasen tan solo un veinte por ciento de lo habitual. Por no hablar de la contratación masiva de personal de enfermería. En cambio, Sánchez se subió el sueldo y, de paso, a políticos y a funcionarios. No se compró material sanitario –lo ocurrido con Illa, Ábalos y sus compras es de república bananera – y han empleado este medio año en seguir peleando para instalar una dictadura de facto, ejerciendo cada vez un mayor control gubernamental sobre medios y redes sociales.

El nuevo confinamiento no arreglará nada de todo esto, al contrario. Con un estado de alarma que deja ridículamente reducida la presencia del presidente en el congreso para dar explicaciones, el apoyo de lo peor de la cámara y la ayuda de los naranjas, que han vendido su alma al diablo, la economía española poco o nada tiene que esperar. Hay quien opina que la presión ejercida sobre Sánchez, tanto desde Bruselas como por parte del sector crítico de su propio Gobierno, le obligará, tarde o temprano, a prescindir de Podemos y buscar acuerdos con los populares de Casado. Pudiera ser, pero quienes creen esta hipótesis, que no niego, se olvidan de que el principal problema de la ecuación se llama Pedro Sánchez. Se llama PSOE. Se llama izquierda española.

El confinamiento general no será lo peor que puede pasarnos, visto lo visto. Lo peor es que estamos condenados a vivir confinados con Sánchez lo que resta de legislatura

Es Carmen Calvo la que convoca a la gente para que acuda a las manifestaciones del ocho de marzo; es Ábalos quien se reúne con la bolivariana Delcy en el aeropuerto en uno de los sucesos más inquietantes y sombríos de estos últimos tiempos; es Illa quién miente una y otra vez hablando de medicamentos que no llegan y de consejos asesores de científicos que no existen. Por abreviar, son todos los socialistas, con Sánchez al frente, los primeros en querer barrer, y dispensen la imagen, los muertos debajo de la alfombra. Claro que Iglesias y sus locuras son un peligro insólito dentro de la Unión Europea, claro que Podemos es lo más terrible que le ha ocurrido a la democracia española desde el 23-F, claro que suponen una amenaza para las instituciones democráticas y el orden constitucional. Pero cuando Sánchez lo tire a la papelera, porque para el presidente Iglesias no es más que un tonto útil, con quien tendrá que vérselas Casado será con el mismo que nos ha traído esta ruina: Pedro Sánchez.

De ahí que el confinamiento general no será lo peor que puede pasarnos, visto lo visto. Lo peor es que estamos condenados a vivir confinados con Sánchez lo que resta de legislatura. O más, que si consigue lavar su imagen ante Europa presentándose como un político sensato y de consenso, podríamos tener PSOE para rato. Confinados con Sánchez. Piénsenlo.

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