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José María Albert de Paco

Opinión

No te hacía catalán

El diputado de Podemos Alberto Rodríguez ha dicho, con general aplauso, que jamás habría creído que llegaría a considerar una ‘buena persona’ a alguien del PP

Alberto Rodríguez (Podemos)
Alberto Rodríguez (Podemos) EFE

“No parece que seas catalán”. Hubo un tiempo en que en España esta frase sancionaba cualquier atisbo de generosidad (o simpatía) que se detectara en un natural de Cataluña. Como si no fuera Jaume Canivell el más simpático (¡y generoso!) de los personajes de La escopeta nacional, ni hiciera falta un plus de afabilidad para vender paños de Tarrasa más allá del Ebro. Y pese a lo infundado del tópico (como lo ese otro de que quien tiene un amigo catalán, lo tiene para toda la vida: ¡díganselo al Dr. Sánchez!), a mí nunca me importó que me lo endosaran; es más, si en mis tratos con gallegos, madrileños o andaluces, no se me concedía la gracia del “pues para ser catalán…”, me llevaba un enorme disgusto.

Soy un profesional, qué quieren. Tanto que por mucho que pise Madrid nunca falto a la costumbre de fingirme sorprendido cuando, al pretender pagar las tapas, el camarero me dice “¡No, hombre, que aquí-en-Madrid son una cortesía!”. “¡Así da gusto, y no como en mi tierra, Cataluña!”. Además de profesional, soy algo truhán; ¡o un degenerado!, qué sé yo (A todo esto, hum, me da que en un bar de Santa Ana me tienen tomada la matrícula; ya imagino a los empleados, al irme yo, murmurando entre ellos: “Otra vez el chalao de la cañita que se hace pasar por viajante de Ripoll”).

Me parece magnífico que, en tiempos de histerismo identitario, el afectuoso sectarismo del canario haya pasado inadvertido

Viene esto a cuento de las palabras que el diputado de Podemos Alberto Rodríguez ha dedicado a Alfonso Candón, del PP, y que me permito poner en castellano férreo: “Jamás habría creído que llegaría a decir de una persona del PP que es una buena persona”. No hay comentarista que no haya aplaudido el “hermoso gesto” de Rodríguez. Debe de ser que el espíritu de la Moción ha dado paso al de la Navidad.

A mí me parece magnífico que, en tiempos de histerismo identitario, el afectuoso sectarismo del canario haya pasado inadvertido. Pero claro, yo soy un loco hecho a sí mismo, un damnificado de provincias. Al que ni siquiera importa ya lo inverosímil que pudiera resultar el reverso tenebroso de la frase: “Jamás habría creído que llegaría a decir de una persona de Podemos que es una buena persona”.



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