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Alberto Lardiés

UNA FAMILIA ENCLAUSTRADA (68)

No resistiremos lo del Congreso

Vamos recuperando algunas de las cosas que se nos hurtaron de forma tan abrupta. Aún tenemos miedo a lo que contiene esa "nueva normalidad" que también venceremos. Pero hay algo que no puede superarse

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una intervención en el pleno del Congreso.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una intervención en el pleno del Congreso. Europa Press

Resistiremos, por supuesto que sí. Aunque los sueños se nos rompan en pedazos y aunque los vientos de la vida soplen fuerte, resistiremos. De hecho, ya hemos pasado lo peor, aunque sigamos teniendo enormes dificultades. Estamos ganando la partida al coronavirus. La enorme mayoría de las comunidades van escalando fases en esta extraña 'desescalada' y, con ello, los confinados vamos recuperando algunas de las cosas que se nos hurtaron de forma tan abrupta. 

Siguen muriendo demasiadas personas al día y cada vez se detectan más contagios. Pero repito que hemos pasado lo peor. ¿Saben por qué lo creo? Porque este jueves, tras sesenta y ocho días de reclusión, hablé con un enfermero amigo mío. Y me dijo esto: "En los años que llevo trabajando jamás hubiera imaginado que íbamos a vivir algo así, Alberto, es que no te creerías lo que hemos pasado en los hospitales. Mira, ¿recuerdas lo que pasa en la película Pearl Harbor después del bombardeo? Eso es lo más parecido a lo que hemos vivido. Ahora las cosas están mucho mejor, ni punto de comparación".    

Les cuento la anécdota porque no se me ocurre mejor manera de expresar que los confinados, en familia o solitarios, hemos vivido un paraíso en comparación con lo que han padecido quienes han vivido de cerca la cara más amarga de esta crisis. Ellos sí que han visto todo eso que los telediarios no nos han enseñado porque preferían mostrar bellas imágenes al ritmo de la canción que aquí recuerdo hoy.  

Nos hemos vuelto de hierro para endurecer la piel y hemos soportado los golpes sin rendirnos. Hemos resistido. Y resistiremos, por supuesto que sí. Nuestro particular Pearl Harbor pronto será historia

El desafío ha sido ciclópeo y sigue siendo grande, pero nos hemos vuelto de hierro para endurecer la piel y hemos soportado los golpes sin rendirnos. Hemos resistido. Y resistiremos, por supuesto que sí. Nuestro particular Pearl Harbor será historia más pronto que tarde. Sin perder de vista, insisto, que por desgracia aún causa demasiado dolor y que las cifras finales, que esperemos lleguen cuanto antes, serán demoledoras. 

No podremos olvidar, ni mucho menos, estos días extraños de reclusión. Lo hemos pasado mal porque todo nuestro mundo cambió de un plumazo. La incertidumbre todavía continúa entre nosotros. Nos atosiga un miedo cerval a que haya un rebrote. Nos ha cambiado la forma de relacionarnos en sociedad. Nos atenaza pensar todo lo que contiene la "nueva normalidad". No nos agrada llevar mascarillas durante meses. Y sabemos que ha venido para quedarse una crisis económica durísima. Pero todo eso que se avecina también lo resistiremos. Para seguir viviendo. 

Con 30.000 ciudadanos muertos y con nuestras libertades seria y largamente restringidas para combatir a la pandemia, en la sede de la soberanía popular están a lo suyo. O, mejor dicho, están a por uvas. O a tontas y a locas

Sin embargo, el pegadizo himno del confinamiento que cantaba el Dúo Dinámico no puede socorrernos para afrontar y superar el bochornoso espectáculo que se vive en el Congreso de los Diputados. Eso no hay quien lo resista. Es demencial. El Gobierno anda más desunido cada día y la oposición hace más ruido que propuestas. Con 30.000 ciudadanos muertos y con nuestras libertades seria y largamente restringidas para combatir a la pandemia, en la sede de la soberanía popular están a lo suyo. O, mejor dicho, están a por uvas. O a tontas y a locas. Elijan ustedes el refrán.

En el período más grave y difícil en décadas, en el Parlamento se ve más politiqueo que política y se grita más de lo que se habla. Demasiado aspaviento y demasiado oportunismo. Demasiadas mentiras. Nosotros, los periodistas que vivimos pegados a Twitter y somos adictos a los noticias de última hora, muchas veces pecamos al no discernir qué es lo importante, mecidos al ritmo que marcan los políticos con sus dimes y diretes. No nos damos cuenta de que somos sólo una ínfima parte de la sociedad. La mayoría es otra cosa y está a otras cosas. Es esa mayoría la que ha resistido. Y la que, tenga la ideología que tenga, mira al Congreso con asco.  

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