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Opinión

No es no

La Ley del solo Sí es Sí ha terminado siendo un escombro legislativo y una ruina política, una vía de agua en el Titanic de la coalición sanchista

La ministra de Igualdad, Irene Montero (centro), en la manifestación del 8M.
La ministra de Igualdad, Irene Montero (centro), en la manifestación del 8M.

Podemos, el partido, irrumpió con un lema pegadizo y sin duda inteligente: “¡Sí se puede!”. Inteligente porque en realidad no se comprometía a nada mientras se ofrecía como dilatado baúl de los deseos donde cada quisque podía meter el suyo, en la serena seguridad de que más temprano que tarde el nuevo partido haría el milagro para que, de una vez, se pudiera ejercer la autodeterminación nacional y de género, la muerte del capitalismo, el final del trabajo, la guerra y el maltrato animal más la felicidad garantizada por el Estado de Ocio, hasta lograr la extinción de la derecha y la belleza de las vacas volando en crepúsculos repletos de arcoíris filmados por Almodóvar.

De “solo Sí es Sí” a No es No

Si un proyecto de Ley ha resumido esta promesa de felicidad es la llamada Ley del Sí es Sí, o Ley Montero. Y si alguna ley ha puesto en evidencia el disparate de fondo que sustentaba todo esto ha sido también esa misma ley, convertida en Ley del No es No. Amenazado por la fronda electoral de mayo, Sánchez se ha visto obligado a rectificar una Ley que, según dijo él mismo con esa megalomanía narcisista y psicopática que le caracteriza, iba a ser pasmo del mundo, objeto de deseo y copiada por todos los aspirantes al título de “democracia progresista”, que solo el sanchismo dispensa.

Sánchez se ha visto obligado a rectificar una Ley que, según dijo él mismo con esa megalomanía narcisista y psicopática que le caracteriza, iba a ser pasmo del mundo, objeto de deseo y copiada por todos los aspirantes al título de “democracia progresista"

Terrible frustración: como corresponde a una ley donde todo es mentira, desde su presunta necesidad a su fin de proteger a las mujeres (convertidas en perpetuas menores de edad bajo tutela estatal), los únicos beneficiarios son los violadores y delincuentes sexuales que han visto inevitablemente rebajada su condena o han sido puestos en libertad sin más. Ni sabemos cuantos acabarán siendo, aunque algunas estimaciones calculan varios miles. La sociedad española, tan acomodaticia a las trolas de su clase política mientras no le toquen las vacaciones, ha pasado del estupor a la indignación. El falaz y mentiroso “solo Sí es Sí” ha pasado a ser “No es No”: no a premiar a los delincuentes sexuales; no a confundir el ligoteo juvenil con violación en puertas; no a calumniar a los jueces que se limitan a aplicar la ley; no a la máquina de mentir llamada Ministerio de Igualdad, refugio de inquisidoras de género que se ríen del delito que dicen prevenir mientras lo promueven para justificar su existencia parasitaria. Por primera vez, la supresión de un ministerio orwelliano se ha convertido en test de regeneración democrática.

Aunque el Gobierno Sánchez haya cometido todas las tropelías imaginables contra la democracia, salvo dar un golpe de Estado abierto y sincero, ha pisado el terreno minado de la solidaridad sentimental

Sánchez se ha dado de bruces con el rechazo de la opinión pública, e incluso con la dolorosa chacota de una prensa internacional que siempre ha tendido a justificarle. ¿Se podía saber también? Pues sí: aunque el Gobierno Sánchez haya cometido todas las tropelías imaginables contra la democracia, salvo dar un golpe de Estado abierto y sincero, ha pisado el terreno minado de la solidaridad sentimental en una sociedad tan dada a compartirla como es la española. Muchos ciudadanos no acaban de ver o de entender que se amnistíe por vía de fraude de ley a los malversadores y separatistas, se asalte el Poder Judicial y se nombre un Constitucional de exministros y asesores o aberraciones políticas parecidas, pero ¿liberar antes de tiempo a violadores y abusadores sexuales condenados y reincidentes? ¡Eso nunca!

Sánchez se ha beneficiado del extendido error en ver la Ley del solo Sí es Sí como la chapuza jurídica de unos indocumentados, un estropicio legislativo que unos cuantos catedráticos de Penal arreglan en un plisplás. Pero nunca ha sido así. Para Podemos, esta ley es -no me voy a aburrir de repetirlo- un avance de la ingeniería ideológica y el autoritarismo iliberal de su proyecto político. Sabían perfectamente que la entrada en vigor de la ley rebajaría pena a muchos violadores condenados, y lo defendieron -con un par- en nombre de la reinserción y la justicia no punitiva. Buscaban la ampliación del concepto de delito sexual, extendido más allá de la violación, estupro o abuso anteriores.

Mentir por sistema no funciona todo el tiempo

La alegación de que esta ley introducía la obligación de consentimiento para tener relaciones sexuales es solo una de las muchas mentiras escandalosas que han escoltado el proyecto legislativo. ¿Pero qué se consigue ampliando los tipos penales al precio de reducir las penas para los delitos más graves (rebaja que puede ser temporal)? Pues más poder para el Estado, más discrecionalidad punitiva y capacidad legal de fiscalizar, controlar y tutelar la vida privada, so pretexto de garantizar derechos que ya estaban garantizados.

Ciertamente, a Sánchez y el PSOE este cálculo podemita se la trae al pairo. Su inicial apoyo ciego y entusiasta a la aberración legal perseguía algo más prosaico: achicar el terreno a la derecha. En efecto, la estúpida equiparación de la ideología izquierdista con la protección de derechos sexuales y feminismo ha logrado que pocos se atrevan a discrepar de cualquier iniciativa de izquierda al respecto. Sánchez fue feliz cuando solo Vox y el PP votaron en contra. Fue un Pacto del Tinell en el terreno exclusivo de los derechos sexuales. Incluso Ciudadanos, el partido pollo descabezado por excelencia, votó a favor para ser acogido entre el verdadero progresismo, lejos de la derecha cavernaria.

Para Sánchez parecía una victoria baratísima. Lo que no previó en su ineptocrático autoritarismo es que la Ley era tan mala y perversa como habían advertido juristas profesionales y críticos: lejos de dar más libertad a las mujeres minorizadas, los liberados han sido los delincuentes sexuales, para pasmo de podemitas, ineptos y crédulos en la buena intención de la autoridad. Y es así como la Ley del solo Sí es Sí ha terminado siendo un escombro legislativo y una ruina política, una vía de agua en el Titanic de la coalición sanchista: ya es la Ley del No es No.

Los más inteligentes extraerán de este drama importantes conclusiones: el poder de los gobiernos es limitado; la ingeniería social está condenada al fracaso en las sociedades abiertas; es muy peligroso confundir manipulación de la opinión pública con complicidad y sumisión; no basta con ocupar ministerios para convertir en verdad la vieja patraña de “asaltar los cielos”, con la que irrumpió en los despachos la troupe podemita acompañada por los palmeros del eterno radicalismo pequeño-burgués.

No, no todo es posible solo por tener el poder político; de hecho, solo son posibles unas pocas, y solo funcionan si son razonables. Es, en última instancia, la gran ventaja de las democracias y la clave de su superioridad.

Ya no se pueden votar ni publicar comentarios en este artículo.

  • A
    Arcano1964

    La mejor modificación de la ley se llama derogación.

  • V
    Variopinto

    Señores de VP, desisto. 4 intentos después de publicar un comentario, me despido con el quinto. Gracias por su artículos, Sr. Gorriaran. No deje de regalarnos sus imágenes metafóricas ("partido pollo", que ni pintao)

  • P
    Perhaps

    Lo peor de la ley es que su ideología acaba de un plumazo con el principio de la presunción de inocencia. Según ellos la carga de la prueba deja de ser obligación de la acusación para recaer sobre el acusado. Ya no hay que demostrar la culpabilidad, ahora habría que demostrar la inocencia. Un concepto jurídico, cuando menos,ilícito, que da pie a todo tipo de abusos por parte de la autoridad y sus protegidos.

    • L
      Libe_Aldecoa

      Demoledor y mágnifico artículo.

      En el centro de la diana, cada sustanciosa frase nos describe qué son, cómo actúan y qué pretenden tanto Podemos con su ministerio como el Gobierno. Y no solo con esta ley.

      Mtnez. Gorriarán ve más lejos. Le quita el disfraz y descubre a ese Podemos y su "ingeniería social" que no tienen un pelo del inocente e inepto fanático iluminado defensor de grandes causas que se mete donde no sabe por ignorancia.

      No escapamos del tirón de orejas merecido: ni la poco exigente y acomodaticia sociedad, que con esta ley parece despertar aunque no sea el más grave de los atropellos cometidos -como antes otros hicieron en el PV por unas bolsas de basura- ni los "descabezados" Ciudadanos ni la decepcionante, hasta este momento, prensa intenacional.

      Por cierto, ¿dónde están las manifestantes contra 'la Manada'? ¿Reponsabilidades políticas?

      Muchas gracias.

  • C
    Chus

    Nadie contaba con el "Conatus". La esencia que clama por su ser, el Ser Humano.

    Qué es la vida?
    Tal fue la pregunta de Schrödinger que marcó el Siglo XX.

    La vida, en esencia, es metabolismo y reproducción. Justo lo que se encuentra bajo asedio.

    Y la esencia, el Conatus, consiste en el esfuerza¡o de cada cual en buscar su utilidad, esto es, en conservar su ser.

    "Nadie puede desear ser feliz, obrar bien y vivir bien, si no desea al mismo tiempo ser, obrar y vivir, esto es, existir en acto". Es esa esencia del Ser Humano, el esfuerzo que cada uno realiza por conservar su ser. El Conotus de Spinoza, que destinaba al fracaso y al olvido la estupidez Woke (·"Estupidez" en el sentido dadao por Dietrich Bonhoeffer).

    Mi "clara intuición" es que todo esto no era desconocido cuando el mundo se sumió en la Propaganda inhumana que hoy nos agrede.

    Porque todo, todo, todo, busca el equilibrio. Y en el caso que nos ocupa, la búsqueda del equilibrio pasa por el tamizz de la desmesura humana.

    Diría que lo próximo será un baño de religión, muy probablemente acompañado de la consiguiente lucha sangrienta. Ojalá me equivoque ...

    Gracias por su entrada, don Carlos.