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Juan Laborda

Opinión

Neoliberalismo, sinónimo de neofeudalismo

Bajo el neoliberalismo, si el crecimiento del PIB ha sido pobre, el de la productividad laboral y del capital ha sido todavía peor, pero lo más desastroso es sin duda la ausencia de expansión de los salarios reales

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde
La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde EFE

Economía, finanzas, gobernanza, y geopolítica están hoy más que nunca profundamente interrelacionadas. Venimos advirtiendo de varias dinámicas preocupantes, aparentemente independientes, pero que en realidad todas y cada una de ellas están ya no solo interrelacionadas sino dirigidas. El objetivo final de quienes lo han diseñado es la vuelta a un neo-feudalismo, a una nueva servidumbre, apoyados en un sistema claramente represivo. Por eso debemos estar atentos y desde una posición de defensa de los principios democráticos combatir abiertamente aquello que unos pocos, de nuevo, nos quieren imponer. En estas dinámicas, los nacionalismos sirven de señuelos de distracción para adormecer a la ciudadanía.   

El sistema de gobernanza dominante, el neoliberalismo, de la mano de las finanzas, ante la Gran Recesión, optó otra vez, y ya van varias, por una nueva huida adelante. Solo sabe hacer frente al estancamiento secular con tipos de interés reales negativos y/o utilizando el balance de los bancos centrales, pero no a favor de la ciudadanía, sino para la satisfacción de la superclase. La implementación de dichas políticas monetarias sirve para activar distintas burbujas financieras y/o inmobiliarias, y pone de manifiesto cómo las élites económicas y políticas diseñan, una y otra vez, en ausencia de subidas salariales, un sistema encaminado a sostener una expansión artificial de la demanda vía deuda, alrededor de distintos procesos especulativos, ninguno productivo.

Financiarización y política monetaria: asalto al ecosistema productivo

Una nueva crisis de deuda privada se avecina, lo que podría a su vez activar una crisis de deuda soberana en aquellos países que carecen de soberanía monetaria, como el nuestro. Las empresas no financieras de medio mundo se adentraron en un nuevo lodazal, un río de deudas de su propia creación. Han estado impulsando los precios de sus acciones con adquisiciones empresariales y/o recompras sin fin de sus propias acciones, ambas financiadas con préstamos con tipos de interés bajos y emisiones de bonos basura. Junto a bancos zombis, ahora tendremos además corporaciones zombis.

Pero hay otro efecto adicional todavía más perverso. La convergencia de dos de los rasgos más destacados del neoliberalismo, la financiarización de la economía y la expansión cuantitativa de los Bancos Centrales, constituyen una amenaza seria al ecosistema productivo global y español. En un entorno de activos financieros sobrevalorados, el capital financiero inició en su momento el asalto al ecosistema productivo global, incluido el español. Ante rentabilidades ex-ante a medio y largo plazo de distintos activos financieros muy bajas, o  incluso negativas, la financiarización ha empujado al capital global a fijarse en actividades productivas reales que generan retornos interesantes, desde el mercado de alquiler de la vivienda, hasta las empresas industriales exportadoras, pasando por negocios familiares, servicios públicos o los otrora monopolios naturales.

Una nueva crisis de deuda privada se avecina, lo que podría a su vez activar una crisis de deuda soberana en aquellos países que carecen de soberanía monetaria, como el nuestro

Si no se entienden sus causas, se analizan sus consecuencias, y se promueven las reformas necesarias que limiten las mismas, con las correspondientes medidas de política económica, el impacto negativo en términos de bienestar para la ciudadanía será muy elevado. La concentración empresarial y de riqueza que ello conlleva, y la búsqueda a cualquier precio de una rentabilidad determinada, tendrán un impacto demoledor en los clientes -precios más altos-, proveedores y trabajadores -menores salarios y pérdida de derechos- de los sectores afectados. Por eso, debemos poner en valor el papel de las empresas en el entorno geográfico que actúan y su importancia como elemento de cohesión social, y la necesidad de evitar que sean asaltadas por el capital especulativo.

Lejos del consenso optimista sobre el estado actual de la salud de la economía global, y española, en definitiva, venimos demostrando que bajo el neoliberalismo, el crecimiento del PIB ha sido pobre, que el crecimiento de la productividadlaboral y del capital ha sido todavía peor, pero lo más desastroso es sin duda la ausencia de expansión de los salarios reales. Y todo ello regado con un proceso de acumulación en pocas manos, es decir, con un incremento sin paragón de las desigualdades. Un neofeudalismo en toda regla.

Geopolítica y Neoliberalismo: azuzando el autoritarismo

El neoliberalismo, por lo tanto, como sistema de gobernanza, sabe que está finiquitado. Pero morirá matando. Hay además otro elemento que desde la geopolítica pone de manifiesto su decadencia. Nos referimos la incapacidad de competir con China. Acongojados por el poderío creciente de China que, desde una economía planificada, está siendo mucho más efectiva económicamente que las otrora democracias occidentales, el neoliberalismo se ha quitado definitivamente la careta, y no duda ya en alentar derivas antidemocráticas conservadoras para hacer frente al gigante asiático y/o frenar el posible estallido social.

Desde un punto de vista político, el neoliberalismo está evolucionado desde una visión cínica de la democracia, el Totalitarismo Invertido, hacia una deriva autoritaria, un nuevo fascismo. Es la reacción de las élites ante lo que ellos consideran desorden e inestabilidad social, y que solo consiste en el mantenimiento de su statu-quo. Creen que desde un sistema represivo autoritario mantendrán intacto sus riquezas y de paso competirán con China. Esperemos que sea exactamente lo contrario, su desaparición definitiva y la vuelta a un sistema económico y político inclusivo, auténticamente democrático. La alternativa, Los Juegos del Hambre.



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